Inicio Foros Formación cofrade Santoral 16/08/2013 Santa Serena, emperatriz.

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    Santos: Esteban, rey de Hungría; Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raúl, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, diácono y mártir; Arsacio, confesor; Queremón, eremita; Roque, protector contra la peste; Serena, matrona.

    Santa Serena, emperatriz.

    Es contemporánea del siglo III. Mártir y virgen cristiana, presuntamente mujer del emperador Diocleciano. El Martirologio de Adonis y más tarde la propia Iglesia católica, hasta el Martirologio Romano, incluye a Santa Serena, esposa de Diocleciano.

    San Marcelo y Santa Susana, dejan reflejado que la emperatriz Serena, intervino para defender a los cristianos de la persecución desatada por su marido. Por esta razón, la tradición dice que Serena se divorció y luego murió como mártir en la persecución realizada por su propio ex-marido Diocleciano.

    Según otras fuentes como el Mortibus Persecutorum de Lactancio, la esposa de Diocleciano fue llamada Priscilla. Serena fue así la primera esposa de Diocleciano antes de convertirse en emperador.

    También otras fuentes dejan que Santa Serena no murió como mártir, pero terminó sus días en el exilio en Hoja, hoy un barrio de Magliano Sabina. Es la santa patrona del país y se le dedica la iglesia parroquial. Se conservan en una urna de plata los supuestos restos de su cuerpo. La existencia de Santa Serena se considera cuestionable y se ha caído de los martirologios de hoy.

    Pero la versión más aceptada por todos pudiera ser la siguiente: Santa Serena, fue esposa nada menos que de Diocleciano y por lo tanto emperatriz romana de finales del siglo III.

    La cruelísima persecución que desencadenó este emperador contra los cristianos en los últimos años de su reinado, después de un largo período de paz, movió a piedad el corazón de Serena, que intercedió repetidamente ante su esposo para que pusiera fin a tantos y tan crueles martirios.

    Pero no amainó la tormenta, sino que fue in crescendo. Y llegó a ser tal la admiración que despertó en Serena el valor de los cristianos, que acabó sintiéndose atraída por aquella fe tan recia y se convirtió al cristianismo, siendo bautizada por San Ciríaco.

    A pesar de la severidad con que se perseguía por parte de su esposo a los cristianos, Serena pudo practicar su fe en la corte sin ser molestada por nadie. La corte imperial era inaccesible a los jueces, y el emperador amaba demasiado a su esposa como para incomodarse por su fe después de haberla tolerado tantos años. Pudo por tanto Serena acabar sus días en paz, reconfortando a los cristianos perseguidos.

    La Iglesia la elevó al honor de los altares y conmemora su fiesta el 16 de agosto, el día siguiente de la Asunción

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