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27 febrero, 2017 a las 9:10 #10010
Anónimo
InactivoSantos: Gabriel de la Dolorosa, Baldomero, Onésima, Geroncio, Basilio, confesores; Alejandro, Acundio, Antígono, Fortunato, Julián, Euno, Besas, Gelasio, mártires; Procopio, monje; Gregorio, monje y doctor de la Iglesia; Taleo, eremita; Honorina, virgen y mártir; Juan, abad.San Gregorio de Narek, monje y doctor de la Iglesia.Nació hacia el año 950 en una familia de eclesiásticos ilustrados.
Ingresó al monasterio de Narek, en el sudeste del lago Van, en la actualidad perteneciente a Turquía, siendo muy joven edad.
Cercano ya al primer milenio del cristianismo, el monasterio de Narek se alzaba como un floreciente centro de estudios. Eran estos tiempos de relativa calma, tiempos de creatividad, antes de que las invasiones mongolas y turcas cambiaran Armenia para siempre. Armenia experimentó en esa época un renacimiento de su literatura, pintura, arquitectura y teología, de los que san Gregorio fue una figura central. Su obra de madurez fue el «Libro de Oraciones». Él mismo pensó en esta obra como su testamento: «Sus letras son como mi cuerpo, y su significado como mi alma», y llamó a su obra una «enciclopedia de oración para todas las naciones»; tenía la esperanza de que su obra sirviera de guía para todos los hombres en cualquier situación.
Buscó responder a la pregunta, de que podemos ofrecerle a Dios, que ya tiene todo, y encuentra que lo mejor que podemos es ofrecerle los «suspiros del corazón», frase con la que encabeza cada oración, que él plasma en estas oraciones, a veces llamadas también Lamentaciones.
Según parece, escribió su libro tras una penosa y debilitante enfermedad:
Los tormentos de mis enfermedades […]como un cáncer que se disemina,
han tocado todas las partes de mi cuerpo,
no hay bálsamo -como no lo hubo para Israel-
para mis innumerables llagas.
cada parte de mi cuerpo, de la cabeza a los pies,
está enferma y alejada del auxilio de los médicos.
Pero tú, misericordioso, benéfico, bendito,
de largos sufrimientos, rey inmortal,
escucha por misericordia las oraciones de mi asediado corazón
cuando a ti grito, Señor,
en el tiempo de mi necesidad.
En 95 oraciones llenas de gracia, San Gregorio lleva a plenitud la expresividad de la lengua clásica armenia para traducir los suspiros del corazón contrito y humillado en una ofrenda de palabras agradables a Dios; el resultado es un edificio de la fe para todas las edades, de rica imaginería, teología sutil, erudición bíblica, unidos a la inmediatez sincera de su comunicación con Dios.
San Gregorio dejó este mundo hacia el año 1005, pero a través de su obra su voz continúa hablando.
Lamentablemente las referencias al santo en Occidente son escasísimas, prácticamente no hay datos sobre él en los santorales, incluso en los muy completos, ya que su incorporación al Martirologio Romano es reciente.
Era considerado Doctor de la Iglesia armenia, y así lo consignaba el Martirologio Romano en su última edición, pero el 12 de abril del año 2015, fue elevado oficialmente por Papa Francisco a la categoría de Doctor de la Iglesia.
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