Nuestra Señora de Araceli. Santos: Felipe y Santiago el Menor (Jacobo, Yago), apóstoles; Alejandro I, papa; Etelvino, Juvenal, Ansfrido, obispos; Evencio, Teódulo, Elpidio, Hermógenes, Timoteo, Maura, Diodoro, Rodopiano, Higinio, mártires; Violeta (o Viola), virgen y mártir; Sosteneo, Ugución, confesores; Emilia (Amelia), Antonina, Gala, Juana de la Cruz, vírgenes; Severina, matrona; Ventura, Zacarías y Emilia Bichieri, beatos. (La Santa Cruz).
San Ansfrido de Utrecht, obispo.
En su juventud, San Ansfrido se distinguió en la lucha contra los bandoleros y los piratas, lo que le valió el favor de los emperadores Otón III y Enrique II.
San Ansfrido era duque de Brabante.
Cuando la sede de Utrecht quedó vacante, a la muerte del obispo Balduino, el emperador propuso que Ansfrido le sucediese; a pesar de que se opuso con todas sus fuerzas, el santo fue consagrado obispo el año 994.
Fundó un convento de religiosas en Thorn, cerca de Roermond, y la abadía de Hohorst o Heiligenberg, a la que se retiró al quedarse ciego. Allí mismo murió.
Cierto número de habitantes de Utrecht asistieron a los funerales; aprovechando un momento en que todo el pueblo se hallaba apagando un incendio, tal vez provocado por ellos, los visitantes se apoderaron de los restos de San Ansfrido y los llevaron a Utrecht. Cuando los monjes de Heiligen cayeron en la cuenta, se dispusieron a perseguir violentamente a los autores del robo; pero la abadesa de Thorn consiguió, con sus oraciones, evitar el derramamiento de sangre.
San Ansfrido fue sepultado en la catedral de Utrecht.