Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio domingo 22/10/2017 29º de Tiempo Ordinario Ciclo A

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    Anónimo
    Inactivo

    «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

    Lectura del santo Evangelio según San Mateo

    En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron:

    «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?».

    Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:

    «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto».

    Le presentaron un denario. Él les preguntó:

    «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?».

    Le respondieron:

    «Del César».

    Entonces les replicó:

    «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

    Palabra del Señor.

    #12900
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    ¿QUE ES CREER EN DIOS?

    Enseñas el camino de Dios

    [align=justify]Se habla a veces de manera tan superficial sobre las cuestiones más importantes de la vida, y se opina con tal ignorancia sobre la religión, que hoy se hace necesario aclarar, incluso, las cosas más elementales. Por ejemplo, ¿qué significa creer en Dios?

    En el lenguaje ordinario, «creer» puede encerrar significados bastante diferentes. Cuando digo «creo que lloverá», quiero decir que «no sé con certeza, pero sospecho, intuyo… que lloverá». Cuando digo «te creo», estoy diciendo mucho más: «me fío de ti, creo en lo que tú me dices». Si alguien dice «yo creo en ti», está diciendo todavía algo más: «yo pongo mi confianza en ti, me apoyo en ti». Esta expresión nos acerca ya a lo que vive el que cree en Dios.

    Cuando una persona habla «desde fuera», sin conocer por experiencia personal lo que es creer en Dios, piensa, por lo general, que la postura del creyente es, más o menos, ésta: «No sé si Dios existe, y no lo puedo comprobar con certeza, pero yo pienso que sí, que algo tiene que existir.» De la misma manera que uno puede creer que hay vida en otros planetas, aunque no lo pueda saber con seguridad.

    Sin embargo, para el que vive desde la fe, «creer en Dios» es otra cosa. Cuando el creyente dice a Dios «yo creo en Ti», está diciendo:

    «No estoy solo, Tú estás en mi origen y en mi destino último;

    Tú me conoces y me amas;

    Tú no me dejarás nunca abandonado, en Ti apoyo mi existencia;

    nada ni nadie podrá separarme de tu amor y comprensión.»

    Esta experiencia del creyente tiene poco que ver con la postura del que opina «algo tiene que haber». Es una relación vital con Dios: «Yo vengo de Dios, voy hacia Dios. Mi ser descansa y se apoya en ese Dios que es sólo amor.»

    Por eso, para creer, lo decisivo no son las «pruebas» a favor o en contra de la existencia de Dios, sino la postura interior que uno adopta ante el misterio último de la vida. Nuestro mayor problema hoy es no acertar a vivir desde «el fondo» de nuestro ser. Vivimos por lo general, con una «personalidad superficial», separados del «fondo». Y esta pérdida de contacto con lo más auténtico que hay en nosotros, nos impide abrirnos confiadamente a Dios y nos precipita en la soledad interior.

    Lo triste es que ese vacío que deja la falta de fe en Dios, no puede ser sustituido con nada. Podemos hacer que nuestra vida sea más agradable poniendo en marcha algunos resortes sicológicos. Pero nada puede aportar la estabilidad y salud interior que experimenta el creyente:

    «Mi pasado pertenece a la misericordia de Dios, mi futuro está confiado a su amor, sólo queda el presente para vivirlo de manera agradecida.»

    Según el relato evangélico, unas gentes se acercan a Jesús con estas palabras: «Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. » Esa debería ser hoy una de nuestras tareas: ser sinceros y ayudarnos unos a otros a descubrir el verdadero «camino de Dios».[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    LOS POBRES SON DE DIOS

    [align=justify]A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Les envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

    La trampa está bien pensada: “¿Es lícito pagar impuestos al César o no?”. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

    La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

    Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

    Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

    Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”.

    Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

    No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    TAMBIEN HAY OTROS PUEBLOS

    Día del DOMUND

    [align=justify]La vida del ser humano ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más universales. Todos vivimos mejor informados que nunca de los problemas que sacuden a los pueblos de la tierra.

    Y sin embargo, tenemos el peligro de vivir de manera excesivamente localista y con horizontes estrechos.

    Estamos viviendo con tal intensidad los problemas de nuestro pueblo, que podemos olvidar la trágica situación de tantos otros.

    Al sufrir en nuestro propio suelo la tragedia de la violencia, podemos permanecer insensibles a las guerras que destrozan a otros países. Amenazados gravemente por la crisis económica y sintiendo en nuestro propio hogar la plaga del paro, es fácil olvidar el hambre que asola al Tercer Mundo.

    Son tantas las necesidades que percibimos en nuestra propia iglesia que podemos olvidar nuestra solidaridad con otras iglesias más necesitadas y nuestra responsabilidad en impulsar la acción evangelizadora en el mundo entero.

    Hemos de descubrir con más claridad, que desde una fraternidad vivida desde la fe, no hay contradicción entre el amor al propio pueblo y la solidaridad con los demás pueblos de la tierra.

    Precisamente, cuando se ama de verdad al propio pueblo y se van sufriendo día a día sus luchas, decepciones, errores e incomprensiones, es entonces cuando se puede amar a otros pueblos maltratados, sintonizar mejor con sus problemas y solidarizarse con sus tragedias. Cuando uno sufre en su corazón de creyente la pobreza y las limitaciones de la propia iglesia, entonces puede entender y solidarizarse mejor con el esfuerzo de tantas iglesias desbordadas por la tarea evangelizadora.

    La celebración del DOMUND nos obliga a preguntarnos cuál es nuestra preocupación evangelizadora y como estamos viviendo la solidaridad con otros pueblos y otras iglesias.

    Pero no tendría sentido pretender colaborar a la evangelización universal con una aportación económica sin sentir la urgencia de participar responsablemente aquí en extender la fuerza liberadora del evangelio en nuestro propio entorno.

    Un verdadero creyente es una persona que sabe irradiar aunque sea de manera modesta y humilde la fe y la esperanza que animan su vida.

    ¡SÉ VALIENTE, LA MISIÓN TE ESPERA![/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    ¿EN LA CUERDA FLOJA ?

    [align=justify]¿A quién te vendes? ¿A quién nos vendemos? ¿A Dios? ¿Al “César, dinero, comodidad- placer-egoísmo”…? ¿De quién es nuestro corazón? ¿Del Padre que rodea al mundo con el amor del Hijo? ¿O del peso de lo que ata y no nos deja ser nosotros mismos? El Padre posee la capacidad de mirada más amplia y acogedora que podamos imaginar.

    El que vive colmado por el “dios” dinero u otros “dioses”, no puede mirar, porque su codicia se lo impide. El dinero impide una mirada generosa, que es a la que nos lanza continuamente el banquete de la eucaristía.

    Hay que mantener un equilibrio, pero el amor y Jesús siempre han de estar por encima. A Jesús lo ponen en la cuerda floja, él debe mantener un equilibrio pero sitúa por encima el amor. Esa ha de ser también nuestra ubicación, nuestro lugar en el mundo.

    En este día del DOMUND ampliemos nuestra mirada a la realidad que nos ofrece el testimonio de tantos misioneros y misioneras en todo el mundo. San Damián el misionero de la isla de enfermos de lepra en Molokai, nos invita a olvidar al César y reconducirnos: “Pongámonos en las manos de Dios, como instrumentos en las manos del obrero. En la vida o en la muerte, seamos siempre de Jesús”.

    Alentados por el testimonio y la intercesión de los santos misioneros, dediquémonos con pasión a ofrecer con generosidad los dones que hemos recibido.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

    #18953
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    ¿QUE ES CREER EN DIOS?

    Enseñas el camino de Dios

    [align=justify]Se habla a veces de manera tan superficial sobre las cuestiones más importantes de la vida, y se opina con tal ignorancia sobre la religión, que hoy se hace necesario aclarar, incluso, las cosas más elementales. Por ejemplo, ¿qué significa creer en Dios?

    En el lenguaje ordinario, «creer» puede encerrar significados bastante diferentes. Cuando digo «creo que lloverá», quiero decir que «no sé con certeza, pero sospecho, intuyo… que lloverá». Cuando digo «te creo», estoy diciendo mucho más: «me fío de ti, creo en lo que tú me dices». Si alguien dice «yo creo en ti», está diciendo todavía algo más: «yo pongo mi confianza en ti, me apoyo en ti». Esta expresión nos acerca ya a lo que vive el que cree en Dios.

    Cuando una persona habla «desde fuera», sin conocer por experiencia personal lo que es creer en Dios, piensa, por lo general, que la postura del creyente es, más o menos, ésta: «No sé si Dios existe, y no lo puedo comprobar con certeza, pero yo pienso que sí, que algo tiene que existir.» De la misma manera que uno puede creer que hay vida en otros planetas, aunque no lo pueda saber con seguridad.

    Sin embargo, para el que vive desde la fe, «creer en Dios» es otra cosa. Cuando el creyente dice a Dios «yo creo en Ti», está diciendo:

    «No estoy solo, Tú estás en mi origen y en mi destino último;

    Tú me conoces y me amas;

    Tú no me dejarás nunca abandonado, en Ti apoyo mi existencia;

    nada ni nadie podrá separarme de tu amor y comprensión.»

    Esta experiencia del creyente tiene poco que ver con la postura del que opina «algo tiene que haber». Es una relación vital con Dios: «Yo vengo de Dios, voy hacia Dios. Mi ser descansa y se apoya en ese Dios que es sólo amor.»

    Por eso, para creer, lo decisivo no son las «pruebas» a favor o en contra de la existencia de Dios, sino la postura interior que uno adopta ante el misterio último de la vida. Nuestro mayor problema hoy es no acertar a vivir desde «el fondo» de nuestro ser. Vivimos por lo general, con una «personalidad superficial», separados del «fondo». Y esta pérdida de contacto con lo más auténtico que hay en nosotros, nos impide abrirnos confiadamente a Dios y nos precipita en la soledad interior.

    Lo triste es que ese vacío que deja la falta de fe en Dios, no puede ser sustituido con nada. Podemos hacer que nuestra vida sea más agradable poniendo en marcha algunos resortes sicológicos. Pero nada puede aportar la estabilidad y salud interior que experimenta el creyente:

    «Mi pasado pertenece a la misericordia de Dios, mi futuro está confiado a su amor, sólo queda el presente para vivirlo de manera agradecida.»

    Según el relato evangélico, unas gentes se acercan a Jesús con estas palabras: «Sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad. » Esa debería ser hoy una de nuestras tareas: ser sinceros y ayudarnos unos a otros a descubrir el verdadero «camino de Dios».[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    LOS POBRES SON DE DIOS

    [align=justify]A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Les envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

    La trampa está bien pensada: “¿Es lícito pagar impuestos al César o no?”. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

    La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

    Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

    Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

    Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: “Dad a Dios lo que es de Dios”.

    Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

    No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    TAMBIEN HAY OTROS PUEBLOS

    Día del DOMUND

    [align=justify]La vida del ser humano ha ido adquiriendo dimensiones cada vez más universales. Todos vivimos mejor informados que nunca de los problemas que sacuden a los pueblos de la tierra.

    Y sin embargo, tenemos el peligro de vivir de manera excesivamente localista y con horizontes estrechos.

    Estamos viviendo con tal intensidad los problemas de nuestro pueblo, que podemos olvidar la trágica situación de tantos otros.

    Al sufrir en nuestro propio suelo la tragedia de la violencia, podemos permanecer insensibles a las guerras que destrozan a otros países. Amenazados gravemente por la crisis económica y sintiendo en nuestro propio hogar la plaga del paro, es fácil olvidar el hambre que asola al Tercer Mundo.

    Son tantas las necesidades que percibimos en nuestra propia iglesia que podemos olvidar nuestra solidaridad con otras iglesias más necesitadas y nuestra responsabilidad en impulsar la acción evangelizadora en el mundo entero.

    Hemos de descubrir con más claridad, que desde una fraternidad vivida desde la fe, no hay contradicción entre el amor al propio pueblo y la solidaridad con los demás pueblos de la tierra.

    Precisamente, cuando se ama de verdad al propio pueblo y se van sufriendo día a día sus luchas, decepciones, errores e incomprensiones, es entonces cuando se puede amar a otros pueblos maltratados, sintonizar mejor con sus problemas y solidarizarse con sus tragedias. Cuando uno sufre en su corazón de creyente la pobreza y las limitaciones de la propia iglesia, entonces puede entender y solidarizarse mejor con el esfuerzo de tantas iglesias desbordadas por la tarea evangelizadora.

    La celebración del DOMUND nos obliga a preguntarnos cuál es nuestra preocupación evangelizadora y como estamos viviendo la solidaridad con otros pueblos y otras iglesias.

    Pero no tendría sentido pretender colaborar a la evangelización universal con una aportación económica sin sentir la urgencia de participar responsablemente aquí en extender la fuerza liberadora del evangelio en nuestro propio entorno.

    Un verdadero creyente es una persona que sabe irradiar aunque sea de manera modesta y humilde la fe y la esperanza que animan su vida.

    ¡SÉ VALIENTE, LA MISIÓN TE ESPERA![/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    ¿EN LA CUERDA FLOJA ?

    [align=justify]¿A quién te vendes? ¿A quién nos vendemos? ¿A Dios? ¿Al “César, dinero, comodidad- placer-egoísmo”…? ¿De quién es nuestro corazón? ¿Del Padre que rodea al mundo con el amor del Hijo? ¿O del peso de lo que ata y no nos deja ser nosotros mismos? El Padre posee la capacidad de mirada más amplia y acogedora que podamos imaginar.

    El que vive colmado por el “dios” dinero u otros “dioses”, no puede mirar, porque su codicia se lo impide. El dinero impide una mirada generosa, que es a la que nos lanza continuamente el banquete de la eucaristía.

    Hay que mantener un equilibrio, pero el amor y Jesús siempre han de estar por encima. A Jesús lo ponen en la cuerda floja, él debe mantener un equilibrio pero sitúa por encima el amor. Esa ha de ser también nuestra ubicación, nuestro lugar en el mundo.

    En este día del DOMUND ampliemos nuestra mirada a la realidad que nos ofrece el testimonio de tantos misioneros y misioneras en todo el mundo. San Damián el misionero de la isla de enfermos de lepra en Molokai, nos invita a olvidar al César y reconducirnos: “Pongámonos en las manos de Dios, como instrumentos en las manos del obrero. En la vida o en la muerte, seamos siempre de Jesús”.

    Alentados por el testimonio y la intercesión de los santos misioneros, dediquémonos con pasión a ofrecer con generosidad los dones que hemos recibido.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

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