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23 octubre, 2017 a las 15:52 #10289
Anónimo
Inactivo«Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo»Lectura del santo Evangelio según San MateoEn aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?».
Él le dijo:
«»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente».
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»
En estos dos mandamientos sostienen toda la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor.27 octubre, 2017 a las 14:57 #12901Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. ¿PUEDE AMAR A DIOS EL AGNÓSTICO?[align=justify]«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser» (Mt 22, 37). Éste es, según Jesús, el primer mandato que ha de escuchar el ser humano. Sorprende, por ello, la poca atención que se le presta, pues, muchas veces, sólo sirve de introducción para pasar a comentar el mandato del amor prójimo. El mandato del amor a Dios resulta insólito y extraño. Es cierto que el amor es un valor que ocupa un lugar preeminente en la civilización occidental, pero un amor orientado al Misterio de un Dios trascendente, y exigido de forma tan radical y absoluta significa un desafío ante el que hay que tomar postura.Bien miradas las cosas, el problema decisivo de la fe no consiste en «afirmar que Dios existe», sino en «amar a Dios» y amarlo de todo corazón y sobre todas las cosas. Dicho de otra manera, Dios no es una hipótesis teórica que hay que demostrar con argumentos hasta concluir que existe o no. Dios es un Misterio que se puede atisbar o sospechar y, una vez sospechado, amar o rechazar.
Por eso, aunque hoy se habla de forma generalizada de ateísmo o agnosticismo, las posturas concretas pueden ser bastante diferentes. Hay un tipo de agnósticos que tienen mil razones para mantener su postura, pero, en el fondo, lo que decide su actitud es el «no querer creer en Dios». Hay, por el contrario, otro tipo de agnósticos que quieren creer en Dios porque aman su posible existencia, pero no pueden hacerlo por diversos motivos.
La actitud básica es, por tanto, diferente. Los primeros no preguntan por Dios. No quieren ni necesitan hacerlo; la existencia de Dios no sería para ellos una «buena noticia». Los segundos, por el contrario, buscan a Dios de todo corazón precisamente porque no lo han encontrado. No se atreven a afirmar su existencia, pero no pueden dejar de buscarlo porque lo aman (aunque sea como un Dios hipotético) y siguen acariciando el posible encuentro con Él.
Según el teólogo catalán, González Faus, el agnosticismo actual es, en buena parte, «reflejo de una cultura que ha perdido el amor a Dios antes de perder la fe en él». Puede ser cierto. Por ello, puede ser oportuno recordar que el amor, la añoranza y la búsqueda sincera de un Dios hipotético por parte de un agnóstico puede responder al mandato de Jesús mejor que la actitud descuidada e indiferente de quien afirma que Dios existe, pero ni lo busca ni lo ama de corazón.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] ¿LIBERACION SEXUAL? [align=justify]Amarás…Se ha ido extendiendo cada vez más entre nosotros la convicción de que una persona es verdaderamente sana y adulta cuando sabe liberarse de las represiones que impiden la expansión de sus impulsos.
Predicadores radicales del pensamiento de S. Freud han invitado a las nuevas generaciones a alcanzar la libertad, rompiendo con cualquier normativa ética que pudiera «bloquear» el libre dinamismo de sus instintos.
Es la satisfacción del placer la que conducirá a las personas a la libertad. Es la «revolución sexual» la que nos traerá la verdadera liberación (W. Reich).
¿Cuál ha sido el resultado? Lejos de ver nacer una persona más sana y madura, somos testigos de nuevas neurosis, represiones y frustraciones. Hombres y mujeres obsesionados por el placer, encerrados en una soledad cada vez mayor, incapaces de amar y abrirse al otro.
Un científico de categoría tan reconocida como E. Fromm ha podido decir que «la completa satisfacción de todas las necesidades sexuales no solamente no es la base de la felicidad sino ni siquiera garantiza la salud».
Ciertamente, son muchos los interrogantes que provoca la «revolución sexual» cuando vemos crecer el número de jóvenes alienados arrastrando una vida enfermiza y distorsionada, incapaces de enfrentarse a la realidad.
¿Qué libertad es ésta que consiste en liberarnos de las «represiones» para quedar sometidos a la esclavitud de los instintos? ¿No es ésta una liberación sin libertad? ¿Una liberación engañosa de la que no surge un hombre realmente dueño de su destino?
En el corazón del mensaje de Jesús hay una llamada a abrirnos radicalmente al amor. Una llamada que nos recuerda a todos que una liberación en la que se prescinde del amor es siempre caída en la esclavitud. Cualquier persona incapacitada para amar no es libre, por mucho que proclame su libertad.
Los creyentes estamos llamados hoy a mostrar que el amor, la entrega generosa y la solidaridad, lejos de hacernos vivir de manera reprimida y enfermiza, son camino acertado para saborear con gozo la existencia y para crecer como personas sanas, libres y felices.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] CREER EN EL AMOR[align=justify]La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicados para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; no lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”.
Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
AMAR A DIOS SOBRE ….[align=justify]Con este evangelio llegamos a la fórmula de la felicidad: amar a Dios y al prójimo. No se pueden separar porque van íntimamente enlazados y unidos. Para lograrlo hemos de superar la “montaña” de cosas a las que nos vemos cada día abocados. Observemos el dibujo y traduzcámoslo a nuestra realidad concreta.Piensa cómo anda tu fórmula de la felicidad. Jesús nos regala la fórmula para ser felices, sostener nuestra vida y tener VIDA. Es una fórmula para aprender, interiorizar y, sobre todo, para vivir. No resulta complicada como algunas fórmulas matemáticas, pero llevarla a la práctica no nos resulta a veces tan fácil.
Con toda sinceridad y libertad, planteémonos esta semana cómo va la única fórmula que nos dejó Jesús. Quizá haya que subir alto para que el Padre nos abrace.
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[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FanoTexto: Fernando Cordero ss.cc
[/align] Fraternalmente.
27 octubre, 2017 a las 14:57 #18954Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. ¿PUEDE AMAR A DIOS EL AGNÓSTICO?[align=justify]«Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser» (Mt 22, 37). Éste es, según Jesús, el primer mandato que ha de escuchar el ser humano. Sorprende, por ello, la poca atención que se le presta, pues, muchas veces, sólo sirve de introducción para pasar a comentar el mandato del amor prójimo. El mandato del amor a Dios resulta insólito y extraño. Es cierto que el amor es un valor que ocupa un lugar preeminente en la civilización occidental, pero un amor orientado al Misterio de un Dios trascendente, y exigido de forma tan radical y absoluta significa un desafío ante el que hay que tomar postura.Bien miradas las cosas, el problema decisivo de la fe no consiste en «afirmar que Dios existe», sino en «amar a Dios» y amarlo de todo corazón y sobre todas las cosas. Dicho de otra manera, Dios no es una hipótesis teórica que hay que demostrar con argumentos hasta concluir que existe o no. Dios es un Misterio que se puede atisbar o sospechar y, una vez sospechado, amar o rechazar.
Por eso, aunque hoy se habla de forma generalizada de ateísmo o agnosticismo, las posturas concretas pueden ser bastante diferentes. Hay un tipo de agnósticos que tienen mil razones para mantener su postura, pero, en el fondo, lo que decide su actitud es el «no querer creer en Dios». Hay, por el contrario, otro tipo de agnósticos que quieren creer en Dios porque aman su posible existencia, pero no pueden hacerlo por diversos motivos.
La actitud básica es, por tanto, diferente. Los primeros no preguntan por Dios. No quieren ni necesitan hacerlo; la existencia de Dios no sería para ellos una «buena noticia». Los segundos, por el contrario, buscan a Dios de todo corazón precisamente porque no lo han encontrado. No se atreven a afirmar su existencia, pero no pueden dejar de buscarlo porque lo aman (aunque sea como un Dios hipotético) y siguen acariciando el posible encuentro con Él.
Según el teólogo catalán, González Faus, el agnosticismo actual es, en buena parte, «reflejo de una cultura que ha perdido el amor a Dios antes de perder la fe en él». Puede ser cierto. Por ello, puede ser oportuno recordar que el amor, la añoranza y la búsqueda sincera de un Dios hipotético por parte de un agnóstico puede responder al mandato de Jesús mejor que la actitud descuidada e indiferente de quien afirma que Dios existe, pero ni lo busca ni lo ama de corazón.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] ¿LIBERACION SEXUAL? [align=justify]Amarás…Se ha ido extendiendo cada vez más entre nosotros la convicción de que una persona es verdaderamente sana y adulta cuando sabe liberarse de las represiones que impiden la expansión de sus impulsos.
Predicadores radicales del pensamiento de S. Freud han invitado a las nuevas generaciones a alcanzar la libertad, rompiendo con cualquier normativa ética que pudiera «bloquear» el libre dinamismo de sus instintos.
Es la satisfacción del placer la que conducirá a las personas a la libertad. Es la «revolución sexual» la que nos traerá la verdadera liberación (W. Reich).
¿Cuál ha sido el resultado? Lejos de ver nacer una persona más sana y madura, somos testigos de nuevas neurosis, represiones y frustraciones. Hombres y mujeres obsesionados por el placer, encerrados en una soledad cada vez mayor, incapaces de amar y abrirse al otro.
Un científico de categoría tan reconocida como E. Fromm ha podido decir que «la completa satisfacción de todas las necesidades sexuales no solamente no es la base de la felicidad sino ni siquiera garantiza la salud».
Ciertamente, son muchos los interrogantes que provoca la «revolución sexual» cuando vemos crecer el número de jóvenes alienados arrastrando una vida enfermiza y distorsionada, incapaces de enfrentarse a la realidad.
¿Qué libertad es ésta que consiste en liberarnos de las «represiones» para quedar sometidos a la esclavitud de los instintos? ¿No es ésta una liberación sin libertad? ¿Una liberación engañosa de la que no surge un hombre realmente dueño de su destino?
En el corazón del mensaje de Jesús hay una llamada a abrirnos radicalmente al amor. Una llamada que nos recuerda a todos que una liberación en la que se prescinde del amor es siempre caída en la esclavitud. Cualquier persona incapacitada para amar no es libre, por mucho que proclame su libertad.
Los creyentes estamos llamados hoy a mostrar que el amor, la entrega generosa y la solidaridad, lejos de hacernos vivir de manera reprimida y enfermiza, son camino acertado para saborear con gozo la existencia y para crecer como personas sanas, libres y felices.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] CREER EN EL AMOR[align=justify]La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicados para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser”; lo segundo es “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; no lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”.
Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
AMAR A DIOS SOBRE ….[align=justify]Con este evangelio llegamos a la fórmula de la felicidad: amar a Dios y al prójimo. No se pueden separar porque van íntimamente enlazados y unidos. Para lograrlo hemos de superar la “montaña” de cosas a las que nos vemos cada día abocados. Observemos el dibujo y traduzcámoslo a nuestra realidad concreta.Piensa cómo anda tu fórmula de la felicidad. Jesús nos regala la fórmula para ser felices, sostener nuestra vida y tener VIDA. Es una fórmula para aprender, interiorizar y, sobre todo, para vivir. No resulta complicada como algunas fórmulas matemáticas, pero llevarla a la práctica no nos resulta a veces tan fácil.
Con toda sinceridad y libertad, planteémonos esta semana cómo va la única fórmula que nos dejó Jesús. Quizá haya que subir alto para que el Padre nos abrace.
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[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FanoTexto: Fernando Cordero ss.cc
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