Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio domingo 05/11/2017 31º de Tiempo Ordinario Ciclo A

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    Anónimo
    Inactivo

    «Ellos dicen, pero no hacen»

    Lectura del santo evangelio según San Mateo

    En aquel tiempo, habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:

    «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid todo lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos dicen, pero no hacen.

    Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar.

    Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y agrandan las orlas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias en las plazas y que la gente los llame “rabbi”.

    Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “rabbi”, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos.

    Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo.

    No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías.

    El primero entre vosotros será vuestro servidor.

    El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

    Palabra del Señor.

    #12902
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    ES RESPONSABILIDAD MÍA

    Ellos no hacen lo que dicen

    [align=justify]No son pocos los que se han alejado de la fe escandalizados o decepcionados por la actuación de una Iglesia que, según ellos, no es fiel al evangelio, ni actúa en coherencia con lo que predica.

    También Jesús criticó con fuerza a los dirigentes religiosos: «No hacen lo que dicen». Sólo que Jesús no se quedó ahí. Siguió buscando y llamando a todos a una vida más digna y responsable ante Dios.

    A lo largo de los años también yo he podido conocer, incluso de cerca, actuaciones de la Iglesia poco coherentes con el evangelio. A veces me han escandalizado, otras me han hecho daño, casi siempre me han llenado de pena. Hoy, sin embargo, comprendo mejor que nunca que la mediocridad de la Iglesia no justifica la mediocridad de mi fe.

    La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que cambie nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo.

    La Iglesia tendrá que superar sus inercias y miedos para encarnar el evangelio en la sociedad moderna, pero cada uno hemos de descubrir que hoy se puede seguir a Cristo con más verdad que nunca, sin falsos apoyos sociales y sin rutinas religiosas. Cada uno ha de aprender a vivir de manera evangélica el trabajo y el erotismo, la actividad y el silencio, sin dejarse modelar por la sociedad y sin perder su identidad cristiana en la frivolidad moderna.

    La Iglesia tendrá que revisar a fondo su fidelidad a Cristo, pero cada uno ha de verificar la calidad de su adhesión a él. Cada uno ha de apreciar y cuidar su fe en el Dios revelado en Jesús. El pecado y las miserias de la institución eclesial no me dispensan ni me desresponsabilizan de nada.

    La decisión de abrirme a Dios o de rechazarlo es sólo mía.

    La Iglesia tendrá que despertar su confianza y liberarse de cobardías y recelos que le impiden contagiar esperanza en el mundo actual, pero cada uno es responsable de su alegría interior. Cada uno ha de alimentar su esperanza acudiendo a la verdadera fuente.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    ¿QUE APRENDERAN?

    Uno sólo es vuestro maestro

    [align=justify]Desde hace unas semanas, miles de niños y jóvenes llenan de nuevo las aulas de nuestros colegios, escuelas, guarderías e ikastolas. Día tras día se sientan ante sus profesores y educadores para aprender. Pero, ¿aprender qué?

    Tal vez, todo menos lo más importante que es aprender a vivir. No nos damos cuenta de que, con frecuencia, a estos niños que acaban de recibir el regalo de la vida, les estamos proporcionando «un manual de instrucciones para su uso», totalmente disparatado.

    Si siguen muchas de nuestras instrucciones, están condenados a no conocer nunca la felicidad. Ya no podrán sospechar siquiera que es posible disfrutar de la vida sin dinero.

    Se sentirán frustrados si no pueden ir satisfaciendo todos y cada uno de sus pequeños caprichos.

    Se creerán fracasados si no pueden cumplirse sus ambiciones.

    Casi sin darnos cuenta, los iremos programando para la competitividad, la rivalidad, el éxito y el poder.

    Les animaremos a «sacar sobresaliente» y a entender la vida como una carrera en la que la mayor desgracia es quedarse «descolgado».

    Les enseñaremos a subir «al tren de la vida» y les instruiremos sobre cómo se han de comportar dentro de cada departamento, pero ¿quién les dirá hacia dónde se dirige ese tren alocado?

    «La comunicación ha de ser el cauce privilegiado para la acción educativa».

    La pregunta surge espontánea: ¿Qué pueden aprender las nuevas generaciones al comunicarse con nosotros?

    ¿Cómo contagiarles el gozo verdadero de la vida si nos ven ocupados estúpidamente en mil asuntos y negocios sin saborear apenas nunca el amor, la belleza y la amistad?

    ¿Cómo educarlos para la paz si sufren nuestra violencia, nuestra irritación y toda clase de agresividades?

    ¿Cómo sensibilizar su corazón a todo lo bueno, lo bello, lo digno, si ven que, para sentirnos vivos, necesitamos toda clase de drogas, excepto, naturalmente, las tres o cuatro que hemos de condenar de manera tajante?

    ¿Cuáles son las grandes convicciones que, con toda verdad y honradez, les podemos mostrar como horizonte y sentido de nuestra vida?

    ¿Qué Dios pueden descubrir en el fondo de nuestras creencias y de nuestra vida?

    La frase de Jesús nos sigue interpelando a todos:

    «No os dejéis llamar maestro porque uno sólo es vuestro Maestro».

    Para los cristianos, sólo Jesucristo es el verdadero Maestro. De él hemos de aprender a vivir todos más humanamente si queremos enseñar algo digno a las nuevas generaciones.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    NO HACEN LO QUE DICEN

    [align=justify]Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

    ¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

    «No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

    «Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente… pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar». Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.

    «Todo lo que hacen es para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

    «Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor… y que les hagan reverencias por la calle». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

    «No os dejéis llamar maestros… ni guías… porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes sólo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

    «No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo». Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    TU AMOR NOS LIBERA

    [align=justify]Tu AMOR no pesa, no aplasta, es pequeño, se escribe en mayúsculas, está en tus manos y es la llave para de nuestra liberación. Tener esta experiencia es fundamental, porque entre las cargas que nos echamos, las que nos echa la sociedad y las que la vida nos pone a veces de por medio, estamos un tanto exhaustos.

    Pero ahí estás siempre, Jesús, con la lleva de la libertad, la que abre, la que da posibilidades, la que tiende puentes. ¿Qué haríamos sin ti?

    Los fariseos deseando liar al personal. ¡Cuántos liantes de pesos innecesarios! ¡Y qué falta de compromiso!

    Tú, Señor, no nos lías, pero quieres que “armemos lío”, que hablemos y vivamos de tu Evangelio.

    ¡Adelante, es tiempo de llaves, es tiempo de amar![/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    #18955
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    ES RESPONSABILIDAD MÍA

    Ellos no hacen lo que dicen

    [align=justify]No son pocos los que se han alejado de la fe escandalizados o decepcionados por la actuación de una Iglesia que, según ellos, no es fiel al evangelio, ni actúa en coherencia con lo que predica.

    También Jesús criticó con fuerza a los dirigentes religiosos: «No hacen lo que dicen». Sólo que Jesús no se quedó ahí. Siguió buscando y llamando a todos a una vida más digna y responsable ante Dios.

    A lo largo de los años también yo he podido conocer, incluso de cerca, actuaciones de la Iglesia poco coherentes con el evangelio. A veces me han escandalizado, otras me han hecho daño, casi siempre me han llenado de pena. Hoy, sin embargo, comprendo mejor que nunca que la mediocridad de la Iglesia no justifica la mediocridad de mi fe.

    La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que cambie nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo.

    La Iglesia tendrá que superar sus inercias y miedos para encarnar el evangelio en la sociedad moderna, pero cada uno hemos de descubrir que hoy se puede seguir a Cristo con más verdad que nunca, sin falsos apoyos sociales y sin rutinas religiosas. Cada uno ha de aprender a vivir de manera evangélica el trabajo y el erotismo, la actividad y el silencio, sin dejarse modelar por la sociedad y sin perder su identidad cristiana en la frivolidad moderna.

    La Iglesia tendrá que revisar a fondo su fidelidad a Cristo, pero cada uno ha de verificar la calidad de su adhesión a él. Cada uno ha de apreciar y cuidar su fe en el Dios revelado en Jesús. El pecado y las miserias de la institución eclesial no me dispensan ni me desresponsabilizan de nada.

    La decisión de abrirme a Dios o de rechazarlo es sólo mía.

    La Iglesia tendrá que despertar su confianza y liberarse de cobardías y recelos que le impiden contagiar esperanza en el mundo actual, pero cada uno es responsable de su alegría interior. Cada uno ha de alimentar su esperanza acudiendo a la verdadera fuente.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    ¿QUE APRENDERAN?

    Uno sólo es vuestro maestro

    [align=justify]Desde hace unas semanas, miles de niños y jóvenes llenan de nuevo las aulas de nuestros colegios, escuelas, guarderías e ikastolas. Día tras día se sientan ante sus profesores y educadores para aprender. Pero, ¿aprender qué?

    Tal vez, todo menos lo más importante que es aprender a vivir. No nos damos cuenta de que, con frecuencia, a estos niños que acaban de recibir el regalo de la vida, les estamos proporcionando «un manual de instrucciones para su uso», totalmente disparatado.

    Si siguen muchas de nuestras instrucciones, están condenados a no conocer nunca la felicidad. Ya no podrán sospechar siquiera que es posible disfrutar de la vida sin dinero.

    Se sentirán frustrados si no pueden ir satisfaciendo todos y cada uno de sus pequeños caprichos.

    Se creerán fracasados si no pueden cumplirse sus ambiciones.

    Casi sin darnos cuenta, los iremos programando para la competitividad, la rivalidad, el éxito y el poder.

    Les animaremos a «sacar sobresaliente» y a entender la vida como una carrera en la que la mayor desgracia es quedarse «descolgado».

    Les enseñaremos a subir «al tren de la vida» y les instruiremos sobre cómo se han de comportar dentro de cada departamento, pero ¿quién les dirá hacia dónde se dirige ese tren alocado?

    «La comunicación ha de ser el cauce privilegiado para la acción educativa».

    La pregunta surge espontánea: ¿Qué pueden aprender las nuevas generaciones al comunicarse con nosotros?

    ¿Cómo contagiarles el gozo verdadero de la vida si nos ven ocupados estúpidamente en mil asuntos y negocios sin saborear apenas nunca el amor, la belleza y la amistad?

    ¿Cómo educarlos para la paz si sufren nuestra violencia, nuestra irritación y toda clase de agresividades?

    ¿Cómo sensibilizar su corazón a todo lo bueno, lo bello, lo digno, si ven que, para sentirnos vivos, necesitamos toda clase de drogas, excepto, naturalmente, las tres o cuatro que hemos de condenar de manera tajante?

    ¿Cuáles son las grandes convicciones que, con toda verdad y honradez, les podemos mostrar como horizonte y sentido de nuestra vida?

    ¿Qué Dios pueden descubrir en el fondo de nuestras creencias y de nuestra vida?

    La frase de Jesús nos sigue interpelando a todos:

    «No os dejéis llamar maestro porque uno sólo es vuestro Maestro».

    Para los cristianos, sólo Jesucristo es el verdadero Maestro. De él hemos de aprender a vivir todos más humanamente si queremos enseñar algo digno a las nuevas generaciones.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    NO HACEN LO QUE DICEN

    [align=justify]Jesús habla con indignación profética. Su discurso dirigido a la gente y a sus discípulos es una dura crítica a los dirigentes religiosos de Israel. Mateo lo recoge hacia los años ochenta para que los dirigentes de la Iglesia cristiana no caigan en conductas parecidas.

    ¿Podremos recordar hoy las recriminaciones de Jesús con paz, en actitud de conversión, sin ánimo alguno de polémicas estériles? Sus palabras son una invitación para que obispos, presbíteros y cuantos tenemos alguna responsabilidad eclesial hagamos una revisión de nuestra actuación.

    «No hacen lo que dicen». Nuestro mayor pecado es la incoherencia. No vivimos lo que predicamos. Tenemos poder pero nos falta autoridad. Nuestra conducta nos desacredita. Nuestro ejemplo de vida más evangélica cambiaría el clima en muchas comunidades cristianas.

    «Cargan fardos pesados sobre los hombros de la gente… pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar». Es cierto. Con frecuencia, somos exigentes y severos con los demás, comprensivos e indulgentes con nosotros. Agobiamos a la gente sencilla con nuestras exigencias pero no les facilitamos la acogida del evangelio. No somos como Jesús que se preocupaba de hacer ligera su carga pues era sencillo y humilde de corazón.

    «Todo lo que hacen es para que los vea la gente». No podemos negar que es muy fácil vivir pendientes de nuestra imagen, buscando casi siempre «quedar bien» ante los demás. No vivimos ante ese Dios que ve en lo secreto. Estamos más atentos a nuestro prestigio personal.

    «Les gustan los primeros puestos y los asientos de honor… y que les hagan reverencias por la calle». Nos da vergüenza confesarlo, pero nos gusta. Buscamos ser tratados de manera especial, no como un hermano más. ¿Hay algo más ridículo que un testigo de Jesús buscando ser distinguido y reverenciado por la comunidad cristiana?

    «No os dejéis llamar maestros… ni guías… porque uno solo es vuestro Maestro y vuestro Guía: Cristo». El mandato evangélico no puede ser más claro: renunciad a los títulos para no hacer sombra a Cristo; orientad la atención de los creyentes sólo hacia él. ¿Por qué la Iglesia no hace nada por suprimir tantos títulos, prerrogativas, honores y dignidades para mostrar mejor el rostro humilde y cercano de Jesús?

    «No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra porque uno solo es vuestro Padre del cielo». Para Jesús el título de Padre es tan único, profundo y entrañable que no ha de ser utilizado por nadie en la comunidad cristiana. ¿Por qué lo permitimos?[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    TU AMOR NOS LIBERA

    [align=justify]Tu AMOR no pesa, no aplasta, es pequeño, se escribe en mayúsculas, está en tus manos y es la llave para de nuestra liberación. Tener esta experiencia es fundamental, porque entre las cargas que nos echamos, las que nos echa la sociedad y las que la vida nos pone a veces de por medio, estamos un tanto exhaustos.

    Pero ahí estás siempre, Jesús, con la lleva de la libertad, la que abre, la que da posibilidades, la que tiende puentes. ¿Qué haríamos sin ti?

    Los fariseos deseando liar al personal. ¡Cuántos liantes de pesos innecesarios! ¡Y qué falta de compromiso!

    Tú, Señor, no nos lías, pero quieres que “armemos lío”, que hablemos y vivamos de tu Evangelio.

    ¡Adelante, es tiempo de llaves, es tiempo de amar![/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

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