Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › 06/01/2018 Evangelio Festividad de la Epifanía de Señor.
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2 enero, 2018 a las 16:45 #10375
Anónimo
Inactivo«Venimos a adorar al Rey»Lectura del santo evangelio según San MateoHabiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
– «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y, venimos a adorarlo. »
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
– «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi pueblo Israel.»»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
– «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.5 enero, 2018 a las 22:25 #12918Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. INCAPACES DE ADORARCayendo de rodillas, le adoraron[align=justify]El hombre actual ha quedado, en gran medida, atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho “incapaz de Dios”.Cuando un hombre o una mujer sólo busca o conoce el amor bajo formar degeneradas y su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.
Cuántas personas viven hoy un estilo de vida que las abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.
El gran teólogo A. Delp, ejecutado por los nazis, veía en este “endurecimiento interior”, el mayor peligro para el hombre moderno. “Entonces deja el hombre de alzar hacia las estrellas todas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar, venerar, tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de la existencia”.
Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes que sólo buscan un “Dios útil”. Sólo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos privados o sus programas socio-políticos.
Dios queda así convertido en un “artículo de consumo” del que podemos disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y ante ese Dios, lo primero es adoración, júbilo, acción de gracias.
Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización y la Iglesia en una empresa siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la conciencia de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.
Pero la fe cristiana, antes que nada, es descubrimiento de la Bondad de Dios, experiencia agradecida de que sólo Dios salva. El gesto de los Magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios.
Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por El. No sabemos a dónde nos quiere conducir a través de la muerte. Pero podemos vivir con confianza ante el misterio.
Ante un Dios del que sólo sabemos que es Amor, no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, “cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría”.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] VIVIR SIN ACOGER[align=justify]Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos de todo tipo. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos comportamos de manera poco reflexiva. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son ésos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea.Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni a mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya desde su origen recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera activa y responsable lo que se me da.
Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe, que nos pertenece de manera exclusiva. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de mi mismo. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?
Esto tiene consecuencias diversas. Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse.
Sin apenas darse cuenta, se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.
La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.
Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo el que lo llena todo.
Por eso es tan grave la advertencia del evangelio en estos últimos días de la Navidad:
«La palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo… y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron».
Nuestro gran pecado es vivir sin acoger.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] ORIENTARSE HACIA DIOS[align=justify]No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que pueden disponer a las personas a la «visita de Dios» y preparar su encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si la persona no se abre personalmente a él. ¿Cómo?Lo más importante para orientarse hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero, ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Ch. Foucauld y otros increyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro.» Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacerse sensible al misterio de Dios.
También se orienta la persona hacia Dios cuando se pone a escuchar a quienes creen en él. Cada uno ha de vivir su propia experiencia religiosa, pero es enriquecedor escuchar a los grandes creyentes: Abraham, Moisés, los profetas y, antes que todos ellos, Jesús, el Enviado de Dios. Se puede también escuchar a amigos y seres queridos que viven hoy su fe de forma convencida y gozosa. Si uno se queda encerrado en su pequeño mundo, sin abrirse a las experiencias de los demás, corre el riesgo de ignorar caminos de acercamiento al misterio.
Para orientarse hacia Dios es también importante eliminar de la propia vida aquello que, seguramente, no es compatible con él. Si uno, por-ejemplo, tiene la pretensión de saberlo ya todo y de haber comprendido el misterio del mundo y del hombre, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por el miedo o hundido en la desesperanza, ¿cómo confiará en un Dios que le ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor y distanciamiento hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo amor?
Para orientarse hacia Dios es fundamental la constancia. Mantener el deseo. Perseverar en la búsqueda. Seguir invocando. Saber esperar. No hay otra forma de ahondar en el misterio de quien es la fuente de la vida.
El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el misterio. Saben preguntar humildemente, superar momentos de oscuridad, perseverar en la búsqueda y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] Fraternalmente
5 enero, 2018 a las 22:25 #18971Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. INCAPACES DE ADORARCayendo de rodillas, le adoraron[align=justify]El hombre actual ha quedado, en gran medida, atrofiado para descubrir a Dios. No es que sea ateo. Es que se ha hecho “incapaz de Dios”.Cuando un hombre o una mujer sólo busca o conoce el amor bajo formar degeneradas y su vida está movida exclusivamente por intereses egoístas de beneficio o ganancia, algo se seca en su corazón.
Cuántas personas viven hoy un estilo de vida que las abruma y empobrece. Envejecidos prematuramente, endurecidos por dentro, sin capacidad de abrirse a Dios por ningún resquicio de su existencia, caminan por la vida sin la compañía interior de nadie.
El gran teólogo A. Delp, ejecutado por los nazis, veía en este “endurecimiento interior”, el mayor peligro para el hombre moderno. “Entonces deja el hombre de alzar hacia las estrellas todas las manos de su ser. La incapacidad del hombre actual para adorar, amar, venerar, tiene su causa en su desmedida ambición y en el endurecimiento de la existencia”.
Esta incapacidad para adorar a Dios se ha apoderado también de muchos creyentes que sólo buscan un “Dios útil”. Sólo les interesa un Dios que sirva para sus proyectos privados o sus programas socio-políticos.
Dios queda así convertido en un “artículo de consumo” del que podemos disponer según nuestras conveniencias e intereses. Pero Dios es otra cosa. Dios es Amor infinito, encarnado en nuestra propia existencia. Y ante ese Dios, lo primero es adoración, júbilo, acción de gracias.
Cuando se olvida esto, el cristianismo corre el riesgo de convertirse en un esfuerzo gigantesco de humanización y la Iglesia en una empresa siempre tensa, siempre agobiada, siempre con la conciencia de no lograr el éxito moral por el que lucha y se esfuerza.
Pero la fe cristiana, antes que nada, es descubrimiento de la Bondad de Dios, experiencia agradecida de que sólo Dios salva. El gesto de los Magos ante el Niño de Belén expresa la actitud primera de todo creyente ante Dios.
Dios existe. Está ahí, en el fondo de nuestra vida. Somos acogidos por El. No sabemos a dónde nos quiere conducir a través de la muerte. Pero podemos vivir con confianza ante el misterio.
Ante un Dios del que sólo sabemos que es Amor, no cabe sino el gozo, la adoración y la acción de gracias. Por eso, “cuando un cristiano piensa que ya ni siquiera es capaz de orar, debería tener al menos alegría”.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] VIVIR SIN ACOGER[align=justify]Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos de todo tipo. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos comportamos de manera poco reflexiva. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son ésos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea.Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni a mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya desde su origen recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera activa y responsable lo que se me da.
Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe, que nos pertenece de manera exclusiva. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de mi mismo. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?
Esto tiene consecuencias diversas. Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse.
Sin apenas darse cuenta, se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.
La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.
Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo el que lo llena todo.
Por eso es tan grave la advertencia del evangelio en estos últimos días de la Navidad:
«La palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo… y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron».
Nuestro gran pecado es vivir sin acoger.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] ORIENTARSE HACIA DIOS[align=justify]No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que pueden disponer a las personas a la «visita de Dios» y preparar su encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si la persona no se abre personalmente a él. ¿Cómo?Lo más importante para orientarse hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero, ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Ch. Foucauld y otros increyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro.» Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacerse sensible al misterio de Dios.
También se orienta la persona hacia Dios cuando se pone a escuchar a quienes creen en él. Cada uno ha de vivir su propia experiencia religiosa, pero es enriquecedor escuchar a los grandes creyentes: Abraham, Moisés, los profetas y, antes que todos ellos, Jesús, el Enviado de Dios. Se puede también escuchar a amigos y seres queridos que viven hoy su fe de forma convencida y gozosa. Si uno se queda encerrado en su pequeño mundo, sin abrirse a las experiencias de los demás, corre el riesgo de ignorar caminos de acercamiento al misterio.
Para orientarse hacia Dios es también importante eliminar de la propia vida aquello que, seguramente, no es compatible con él. Si uno, por-ejemplo, tiene la pretensión de saberlo ya todo y de haber comprendido el misterio del mundo y del hombre, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por el miedo o hundido en la desesperanza, ¿cómo confiará en un Dios que le ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor y distanciamiento hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo amor?
Para orientarse hacia Dios es fundamental la constancia. Mantener el deseo. Perseverar en la búsqueda. Seguir invocando. Saber esperar. No hay otra forma de ahondar en el misterio de quien es la fuente de la vida.
El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el misterio. Saben preguntar humildemente, superar momentos de oscuridad, perseverar en la búsqueda y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] Fraternalmente
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