Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades 07/01/2018 Evangelio Festividad del Bautismo del Señor.

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    Anónimo
    Inactivo

    «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»

    Lectura del santo Evangelio según San Marcos

    En aquel tiempo, proclamaba Juan:

    «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo».

    Y sucedió que por aquellos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

    Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:

    «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

    Palabra del Señor.

    #12919
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio

    PASAR DE DIOS

    Os bautizará con Espíritu Santo

    [align=justify]A nuestra vida, para ser humana, le falta una dimensión esencial: La interioridad. Se nos obliga a vivir con rapidez, sin detenernos en nada ni en nadie, y la felicidad no tiene tiempo para penetrar hasta nuestra alma.

    Pasamos rápidamente por todo y nos quedamos casi siempre en la superficie. Se nos está olvidando escuchar y mirar la vida con un poco de hondura y profundidad.

    El silencio nos podría curar, pero ya no somos capaces de encontrarlo en medio de nuestras mil ocupaciones. Cada vez hay menos espacio para el espíritu en nuestra vida diaria. Por otra parte, ¿quién se atreve a ocuparse de cosas tan sospechosas como la vida interior, la meditación o la búsqueda de Dios?.

    Privados de vida interior, sobrevivimos cerrando los ojos, olvidando nuestra alma, revistiéndonos de capas y más capas de proyectos, ocupaciones, ilusiones y planes. Nos hemos adaptado ya y hasta hemos aprendido a vivir “como cosas en medio de cosas”

    Pero lo triste es observar que, con demasiada frecuencia, tampoco la religión es capaz de dar calor y vida interior a las personas. En un mundo que ha apostado por lo “exterior”, Dios queda como un objetivo demasiado lejano y, a decir verdad, de poco interés para la vida diaria.

    Por ello, no es extraño ver que muchos hombres y mujeres “pasan de Dios”, lo ignoran, no saben de qué se trata, han conseguido vivir sin tener necesidad de El. Quizás existe, pero lo cierto es que no les “sirve” para nada útil.

    Los evangelistas presentan a Jesús como el que viene a “bautizar con Espíritu Santo», es decir, como alguien que puede limpiar nuestra existencia y sanarla con la fuerza del Espíritu. Y, quizás, la primera tarea de la Iglesia actual sea, precisamente, la de ofrecer ese “Bautismo de Espíritu Santo” a las personas de hoy.

    Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo del ser humano, en el mundo y en la vida. Un Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia.

    No basta que el Evangelio sea predicado con palabras. Nuestros oídos están demasiado acostumbrados y no escuchen ya el mensaje de las palabras. Sólo nos puede convencer la experiencia real, viva, concreta de una alegría interior nueva y diferente.

    Hombres y mujeres, convertidos en paquetes de nervios excitados, seres movidos por una agitación exterior vacía, cansados ya de casi todo y sin apenas alegría interior alguna, ¿podemos hacer algo mejor que detener un poco nuestra vida, invocar humildemente a un Dios en el que todavía creemos y abrirnos confiadamente al Espíritu que puede transformar nuestra existencia?[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    BAUTIZAR A LOS HIJOS

    … a que Juan lo bautizara en el Jordán.

    [align=justify]¿Bautizamos al hijo/a o lo dejamos sin bautizar? Esta es la pregunta que se hacen algunos padres al nacer su hijo/a. ¿Cómo actuar cuando los padres han abandonado la práctica religiosa y viven su fe de manera débil y vacilante? ¿Qué decisión tomar cuando son divorciados, están casados civilmente o viven en «libre unión»? Conozco las dudas de no pocos. De ahí mi deseo de ofrecer algunos criterios básicos en esta fiesta del «Bautismo del Señor».

    Lo primero que se ha de buscar siempre es el bien del niño/a. No se organiza el bautizo para cumplir una tradición social, para no dar un disgusto a los abuelos o con el fin de tener una ocasión para celebrar el nacimiento. Si los padres bautizan al hijo/a es para celebrar el amor salvador de Dios hacia esa pequeña criatura.

    No es razón para privar al niño del bautismo el temor a condicionar su libertad para el futuro. El niño/a viene al mundo dependiendo de los demás en todo. No se le ha pedido permiso ni siquiera para nacer. No ha podido escoger a sus padres ni elegir su lengua materna o su entorno social o cultural. Al bautizarle, los padres le orientan hacia la religión cristiana y hacia Jesucristo. Pero será él/ella mismo quien, como en todo lo demás, decidirá más tarde la trayectoria de su vida.

    Todos los padres tienen derecho a pedir para sus hijos el bautismo cualquiera que sea su situación matrimonial o el grado de su fe actual. La condición de los padres no tiene por qué perjudicar al hijo. Pero si piden el bautismo, están pidiendo una celebración religiosa. Por eso han de hacerlo por motivos religiosos, por muy débiles que éstos puedan ser, y aunque no entiendan muy bien todo lo que piden para su hijo/a.

    Por otra parte, al pedir el bautismo cristiano, están pidiendo para el niño/a la fe cristiana y esto exige que los padres se comprometan a educarlo cristianamente o, al menos, que no se opongan a la catequesis que el niño/a ha de recibir más adelante en la comunidad cristiana. De no ser así, el bautizo quedaría privado de sentido.

    Dada la situación actual de no pocos padres, una postura responsable podría ser más o menos ésta: «Dios ama a nuestro hijo/a. Lo ama incluso más que nosotros mismos. Nuestra fe es hoy débil, no somos coherentes con todas las exigencias del cristianismo, pero deseamos para nuestro hijo/a lo mejor. Le bautizamos porque queremos poner su vida en las mejores manos, las de Dios Padre. Dios entiende nuestro gesto. Más tarde apoyaremos a nuestro hijo/a para que conozca a Jesús y su evangelio mejor que nosotros».[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    EL ESPÍRITU DE JESÚS

    [align=justify]Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

    Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

    Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

    Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

    Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

    Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

    Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

    No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    ANTES DE PERFUMAR, UN BUEN LAVADO

    [align=justify]En la fiesta del Bautismo del Señor se nos invita a entrar en la dinámica de la limpieza, del “lavado” para así obtener la fragancia única del Espíritu de Dios.

    Nos viene bien sumergirnos en el agua que es la que regenera y nos da la vida. Vida para compartir en este inicio de año. Vida para esparcir y regar. Vida que se hace canto y que necesita de gente buena, como Juan el Bautista.

    Así que amigos, un buen baño y luego a “perfumarse”.

    ¡Muchas felicidades![/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

    #18972
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio

    PASAR DE DIOS

    Os bautizará con Espíritu Santo

    [align=justify]A nuestra vida, para ser humana, le falta una dimensión esencial: La interioridad. Se nos obliga a vivir con rapidez, sin detenernos en nada ni en nadie, y la felicidad no tiene tiempo para penetrar hasta nuestra alma.

    Pasamos rápidamente por todo y nos quedamos casi siempre en la superficie. Se nos está olvidando escuchar y mirar la vida con un poco de hondura y profundidad.

    El silencio nos podría curar, pero ya no somos capaces de encontrarlo en medio de nuestras mil ocupaciones. Cada vez hay menos espacio para el espíritu en nuestra vida diaria. Por otra parte, ¿quién se atreve a ocuparse de cosas tan sospechosas como la vida interior, la meditación o la búsqueda de Dios?.

    Privados de vida interior, sobrevivimos cerrando los ojos, olvidando nuestra alma, revistiéndonos de capas y más capas de proyectos, ocupaciones, ilusiones y planes. Nos hemos adaptado ya y hasta hemos aprendido a vivir “como cosas en medio de cosas”

    Pero lo triste es observar que, con demasiada frecuencia, tampoco la religión es capaz de dar calor y vida interior a las personas. En un mundo que ha apostado por lo “exterior”, Dios queda como un objetivo demasiado lejano y, a decir verdad, de poco interés para la vida diaria.

    Por ello, no es extraño ver que muchos hombres y mujeres “pasan de Dios”, lo ignoran, no saben de qué se trata, han conseguido vivir sin tener necesidad de El. Quizás existe, pero lo cierto es que no les “sirve” para nada útil.

    Los evangelistas presentan a Jesús como el que viene a “bautizar con Espíritu Santo», es decir, como alguien que puede limpiar nuestra existencia y sanarla con la fuerza del Espíritu. Y, quizás, la primera tarea de la Iglesia actual sea, precisamente, la de ofrecer ese “Bautismo de Espíritu Santo” a las personas de hoy.

    Necesitamos ese Espíritu que nos enseñe a pasar de lo puramente exterior a lo que hay de más íntimo del ser humano, en el mundo y en la vida. Un Espíritu que nos enseñe a acoger a ese Dios que habita en el interior de nuestras vidas y en el centro de nuestra existencia.

    No basta que el Evangelio sea predicado con palabras. Nuestros oídos están demasiado acostumbrados y no escuchen ya el mensaje de las palabras. Sólo nos puede convencer la experiencia real, viva, concreta de una alegría interior nueva y diferente.

    Hombres y mujeres, convertidos en paquetes de nervios excitados, seres movidos por una agitación exterior vacía, cansados ya de casi todo y sin apenas alegría interior alguna, ¿podemos hacer algo mejor que detener un poco nuestra vida, invocar humildemente a un Dios en el que todavía creemos y abrirnos confiadamente al Espíritu que puede transformar nuestra existencia?[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    BAUTIZAR A LOS HIJOS

    … a que Juan lo bautizara en el Jordán.

    [align=justify]¿Bautizamos al hijo/a o lo dejamos sin bautizar? Esta es la pregunta que se hacen algunos padres al nacer su hijo/a. ¿Cómo actuar cuando los padres han abandonado la práctica religiosa y viven su fe de manera débil y vacilante? ¿Qué decisión tomar cuando son divorciados, están casados civilmente o viven en «libre unión»? Conozco las dudas de no pocos. De ahí mi deseo de ofrecer algunos criterios básicos en esta fiesta del «Bautismo del Señor».

    Lo primero que se ha de buscar siempre es el bien del niño/a. No se organiza el bautizo para cumplir una tradición social, para no dar un disgusto a los abuelos o con el fin de tener una ocasión para celebrar el nacimiento. Si los padres bautizan al hijo/a es para celebrar el amor salvador de Dios hacia esa pequeña criatura.

    No es razón para privar al niño del bautismo el temor a condicionar su libertad para el futuro. El niño/a viene al mundo dependiendo de los demás en todo. No se le ha pedido permiso ni siquiera para nacer. No ha podido escoger a sus padres ni elegir su lengua materna o su entorno social o cultural. Al bautizarle, los padres le orientan hacia la religión cristiana y hacia Jesucristo. Pero será él/ella mismo quien, como en todo lo demás, decidirá más tarde la trayectoria de su vida.

    Todos los padres tienen derecho a pedir para sus hijos el bautismo cualquiera que sea su situación matrimonial o el grado de su fe actual. La condición de los padres no tiene por qué perjudicar al hijo. Pero si piden el bautismo, están pidiendo una celebración religiosa. Por eso han de hacerlo por motivos religiosos, por muy débiles que éstos puedan ser, y aunque no entiendan muy bien todo lo que piden para su hijo/a.

    Por otra parte, al pedir el bautismo cristiano, están pidiendo para el niño/a la fe cristiana y esto exige que los padres se comprometan a educarlo cristianamente o, al menos, que no se opongan a la catequesis que el niño/a ha de recibir más adelante en la comunidad cristiana. De no ser así, el bautizo quedaría privado de sentido.

    Dada la situación actual de no pocos padres, una postura responsable podría ser más o menos ésta: «Dios ama a nuestro hijo/a. Lo ama incluso más que nosotros mismos. Nuestra fe es hoy débil, no somos coherentes con todas las exigencias del cristianismo, pero deseamos para nuestro hijo/a lo mejor. Le bautizamos porque queremos poner su vida en las mejores manos, las de Dios Padre. Dios entiende nuestro gesto. Más tarde apoyaremos a nuestro hijo/a para que conozca a Jesús y su evangelio mejor que nosotros».[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    EL ESPÍRITU DE JESÚS

    [align=justify]Jesús apareció en Galilea cuando el pueblo judío vivía una profunda crisis religiosa. Llevaban mucho tiempo sintiendo la lejanía de Dios. Los cielos estaban «cerrados». Una especie de muro invisible parecía impedir la comunicación de Dios con su pueblo. Nadie era capaz de escuchar su voz. Ya no había profetas. Nadie hablaba impulsado por su Espíritu.

    Lo más duro era esa sensación de que Dios los había olvidado. Ya no le preocupaban los problemas de Israel. ¿Por qué permanecía oculto? ¿Por qué estaba tan lejos? Seguramente muchos recordaban la ardiente oración de un antiguo profeta que rezaba así a Dios: «Ojalá rasgaras el cielo y bajases».

    Los primeros que escucharon el evangelio de Marcos tuvieron que quedar sorprendidos. Según su relato, al salir de las aguas del Jordán, después de ser bautizado, Jesús «vio rasgarse el cielo» y experimentó que «el Espíritu de Dios bajaba sobre él». Por fin era posible el encuentro con Dios. Sobre la tierra caminaba un hombre lleno del Espíritu de Dios. Se llamaba Jesús y venía de Nazaret.

    Ese Espíritu que desciende sobre él es el aliento de Dios, que crea la vida, la fuerza que renueva y cura a los vivientes, el amor que lo transforma todo. Por eso Jesús se dedica a liberar la vida, a curarla y hacerla más humana. Los primeros cristianos no quisieron ser confundidos con los discípulos del Bautista. Ellos se sentían bautizados por Jesús, no con agua, sino con su Espíritu.

    Sin ese Espíritu, todo se apaga en el cristianismo. La confianza en Dios desaparece, la fe se debilita. Jesús queda reducido a un personaje del pasado, el Evangelio se convierte en letra muerta, el amor se enfría y la Iglesia no pasa de ser una institución religiosa más.

    Sin el Espíritu de Jesús, la libertad se ahoga, la alegría se apaga, la celebración se convierte en costumbre, la comunión se resquebraja. Sin el Espíritu, la misión se olvida, la esperanza muere, los miedos crecen, el seguimiento a Jesús termina en mediocridad religiosa.

    Nuestro mayor problema es el olvido de Jesús y el descuido de su Espíritu. Es un error pretender lograr con organización, trabajo, devociones o estrategias pastorales lo que solo puede nacer del Espíritu. Hemos de volver a la raíz, recuperar el Evangelio en toda su frescura y verdad, bautizarnos con el Espíritu de Jesús.

    No hemos de engañarnos. Si no nos dejamos reavivar y recrear por ese Espíritu, los cristianos no tenemos nada importante que aportar a la sociedad actual, tan vacía de interioridad, tan incapacitada para el amor solidario y tan necesitada de esperanza.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    ANTES DE PERFUMAR, UN BUEN LAVADO

    [align=justify]En la fiesta del Bautismo del Señor se nos invita a entrar en la dinámica de la limpieza, del “lavado” para así obtener la fragancia única del Espíritu de Dios.

    Nos viene bien sumergirnos en el agua que es la que regenera y nos da la vida. Vida para compartir en este inicio de año. Vida para esparcir y regar. Vida que se hace canto y que necesita de gente buena, como Juan el Bautista.

    Así que amigos, un buen baño y luego a “perfumarse”.

    ¡Muchas felicidades![/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco Fano

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

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