Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio domingo 14/01/2018 2º de Tiempo Ordinario Ciclo B
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10 enero, 2018 a las 16:34 #10385
Anónimo
Inactivo«Vieron dónde vivía y se quedaron con él»Lectura del santo Evangelio según San JuanEn aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Este es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?».
Ellos le contestaron:
«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?».
Él les dijo:
«Venid y veréis»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro)».
Palabra del Señor.13 enero, 2018 a las 12:41 #12920Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. TESTIGOSJuan dio testimonio[align=justify]Hay un proverbio judío que expresa bien la importancia que tiene el testimonio de los creyentes: «Si no dais testimonio de mí, dice el Señor, yo no existo».Lo mismo se puede decir hoy del testimonio de los cristianos. Si ellos no saben ser testigos, el Dios de Jesucristo permanece oculto e inaccesible a la sociedad.
La única razón de ser de una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo. Actualizar hoy en la sociedad el misterio del amor salvador de Dios manifestado en Cristo. La Iglesia no tiene otra justificación.
En su último libro «Un Dios para hoy», M. Neusch nos ha recordado que este testimonio de los creyentes se ha de dar hoy en un contexto sociológico en el que Dios sufre un proceso condenatorio.
En la sociedad actual se está llevando a cabo, de muchas maneras, un juicio sobre Dios y, con frecuencia, los testigos que hablan contra El reciben más audiencia que los que se pronuncian a su favor.
Hemos de recordar que, en este contencioso sobre Dios, no todo lo que viven los creyentes testimonia a su favor ni todo de la misma manera. La Iglesia puede atraer hacia Dios, pero puede también alejar de El.
Lo verdaderamente importante no es el número de testigos, pues la verdad no se decide por el criterio de las cifras. Lo decisivo no es tampoco el mensaje verbal que se pronuncia, aunque hemos de seguir hablando de Dios.
Lo que ha de crecer no es tanto el número de bautizados, sino su fe y su amor. Lo que ha de cambiar no es tanto el mensaje verbal de la Iglesia cuanto la vida de las comunidades cristianas.
Difícilmente ayudará hoy la Iglesia a creer en Dios desarrollando información religiosa y doctrinal, si no es, al mismo tiempo, en sí misma, manifestación del amor salvador de Dios.
Dios no se impone en una sociedad por la autoridad de los argumentos, sino por la verdad que emana de la vida de aquellos creyentes que saben amar de manera efectiva e incondicional.
No hemos de olvidar que «el único testimonio creíble es el de un amor efectivo a todas las personas, pues sólo el amor puede testimoniar del Dios Amor».
Tal vez una de las tragedias del mundo actual tan radicalizado en muchos aspectos, es el no contar hoy con experiencias de «fe radical» y de «testigos vivos» de Dios.
La figura del Bautista, verdadero testigo de Jesucristo, nos obliga a hacernos una pregunta: Mi vida, ¿ayuda a alguien a creer en Dios o más bien aleja de El?
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] Acercar a las personas hacia Jesús[align=justify]El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Éste es el Cordero de Dios».Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.
Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.
Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.
Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras Iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos «dónde vivís» «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?
Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] ¿QUÉ BUSCAMOS?[align=justify]Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan nos dejan desconcertados, porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. A dos discípulos del Bautista que comienzan a seguirlo Jesús les dice: «¿Qué buscáis?».No es fácil responder a esta pregunta sencilla, directa, fundamental, desde el interior de una cultura «cerrada» como la nuestra, que parece preocuparse solo de los medios, olvidando siempre el fin último de todo. ¿Qué es lo que buscamos exactamente?
Para algunos, la vida es «un gran supermercado», y lo único que les interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia. Otros lo que buscan es escapar de la enfermedad, la soledad, la tristeza, los conflictos o el miedo. Pero escapar, ¿hacia dónde?, ¿hacia quién?
Otros ya no pueden más. Lo que quieren es que se les deje solos. Olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse por nadie y que nadie se preocupe de ellos.
La mayoría buscamos sencillamente cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando por ver cumplidos nuestros pequeños deseos. Pero, aunque todos ellos se cumplieran, ¿quedaría nuestro corazón satisfecho? ¿Se habría apaciguado nuestra sed de consuelo, liberación y felicidad plena?
En el fondo, ¿no andamos los seres humanos buscando algo más que una simple mejora de nuestra situación? ¿No anhelamos algo que, ciertamente, no podemos esperar de ningún proyecto político o social?
Se dice que los hombres y mujeres de hoy han olvidado a Dios. Pero la verdad es que, cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón «la nostalgia de infinito».
¿Quién soy yo? ¿Un ser minúsculo, surgido por azar en una parcela ínfima de espacio y de tiempo, arrojado a la vida para desaparecer enseguida en la nada, de donde se me ha sacado sin razón alguna y solo para sufrir? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más?
Lo más honrado que puede hacer el ser humano es «buscar». No cerrar ninguna puerta. No desechar ninguna llamada. Buscar a Dios, tal vez con el último resto de sus fuerzas y de su fe. Tal vez desde la mediocridad, la angustia o el desaliento.
Dios no juega al escondite ni se esconde de quien lo busca con sinceridad. Dios está ya en el interior mismo de esa búsqueda. Más aún. Dios se deja encontrar incluso por quienes apenas le buscamos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: “Aquí estoy, aquí estoy”» (Isaías 65,1-2).
El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Este es el Cordero de Dios».
Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.
Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.
Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.
Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos: «dónde vivís», «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?
Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.
Recuerda aquellas palabras de Jesús: «Los que buscan ya están encontrando».
[/align]
[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
GOOGLE Y JESÚS[align=justify]Serían las cuatro de la tarde. Ellos iban buscando y la hora no se les olvidó, porque el encuentro con aquel hombre les cambió la vida para siempre.Hoy andamos locos buscando en diferentes navegadores. Mira que es bueno Google, pero la Palabra nos sintoniza directamente con Jesús. Son las cosas del Espíritu. Ninguna compañía ni multinacional pueden apropiarse su poder de conexión.
Ya que estamos con tantas necesidad de búsquedas y encuentros, ¿por qué no somos como aquellos discípulos y descubrimos la alegría del encuentro con Jesús?
Y, preguntémonos: ¿Qué buscamos? ¿A quién buscamos? ¿Dónde buscamos?
[/align]
[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FanoTexto: Fernando Cordero ss.cc.
[/align] Fraternalmente.-
13 enero, 2018 a las 12:41 #18973Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio. TESTIGOSJuan dio testimonio[align=justify]Hay un proverbio judío que expresa bien la importancia que tiene el testimonio de los creyentes: «Si no dais testimonio de mí, dice el Señor, yo no existo».Lo mismo se puede decir hoy del testimonio de los cristianos. Si ellos no saben ser testigos, el Dios de Jesucristo permanece oculto e inaccesible a la sociedad.
La única razón de ser de una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo. Actualizar hoy en la sociedad el misterio del amor salvador de Dios manifestado en Cristo. La Iglesia no tiene otra justificación.
En su último libro «Un Dios para hoy», M. Neusch nos ha recordado que este testimonio de los creyentes se ha de dar hoy en un contexto sociológico en el que Dios sufre un proceso condenatorio.
En la sociedad actual se está llevando a cabo, de muchas maneras, un juicio sobre Dios y, con frecuencia, los testigos que hablan contra El reciben más audiencia que los que se pronuncian a su favor.
Hemos de recordar que, en este contencioso sobre Dios, no todo lo que viven los creyentes testimonia a su favor ni todo de la misma manera. La Iglesia puede atraer hacia Dios, pero puede también alejar de El.
Lo verdaderamente importante no es el número de testigos, pues la verdad no se decide por el criterio de las cifras. Lo decisivo no es tampoco el mensaje verbal que se pronuncia, aunque hemos de seguir hablando de Dios.
Lo que ha de crecer no es tanto el número de bautizados, sino su fe y su amor. Lo que ha de cambiar no es tanto el mensaje verbal de la Iglesia cuanto la vida de las comunidades cristianas.
Difícilmente ayudará hoy la Iglesia a creer en Dios desarrollando información religiosa y doctrinal, si no es, al mismo tiempo, en sí misma, manifestación del amor salvador de Dios.
Dios no se impone en una sociedad por la autoridad de los argumentos, sino por la verdad que emana de la vida de aquellos creyentes que saben amar de manera efectiva e incondicional.
No hemos de olvidar que «el único testimonio creíble es el de un amor efectivo a todas las personas, pues sólo el amor puede testimoniar del Dios Amor».
Tal vez una de las tragedias del mundo actual tan radicalizado en muchos aspectos, es el no contar hoy con experiencias de «fe radical» y de «testigos vivos» de Dios.
La figura del Bautista, verdadero testigo de Jesucristo, nos obliga a hacernos una pregunta: Mi vida, ¿ayuda a alguien a creer en Dios o más bien aleja de El?
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] Acercar a las personas hacia Jesús[align=justify]El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Éste es el Cordero de Dios».Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.
Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.
Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.
Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras Iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos «dónde vivís» «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?
Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] ¿QUÉ BUSCAMOS?[align=justify]Las primeras palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan nos dejan desconcertados, porque van al fondo y tocan las raíces mismas de nuestra vida. A dos discípulos del Bautista que comienzan a seguirlo Jesús les dice: «¿Qué buscáis?».No es fácil responder a esta pregunta sencilla, directa, fundamental, desde el interior de una cultura «cerrada» como la nuestra, que parece preocuparse solo de los medios, olvidando siempre el fin último de todo. ¿Qué es lo que buscamos exactamente?
Para algunos, la vida es «un gran supermercado», y lo único que les interesa es adquirir objetos con los que poder consolar un poco su existencia. Otros lo que buscan es escapar de la enfermedad, la soledad, la tristeza, los conflictos o el miedo. Pero escapar, ¿hacia dónde?, ¿hacia quién?
Otros ya no pueden más. Lo que quieren es que se les deje solos. Olvidar a los demás y ser olvidados por todos. No preocuparse por nadie y que nadie se preocupe de ellos.
La mayoría buscamos sencillamente cubrir nuestras necesidades diarias y seguir luchando por ver cumplidos nuestros pequeños deseos. Pero, aunque todos ellos se cumplieran, ¿quedaría nuestro corazón satisfecho? ¿Se habría apaciguado nuestra sed de consuelo, liberación y felicidad plena?
En el fondo, ¿no andamos los seres humanos buscando algo más que una simple mejora de nuestra situación? ¿No anhelamos algo que, ciertamente, no podemos esperar de ningún proyecto político o social?
Se dice que los hombres y mujeres de hoy han olvidado a Dios. Pero la verdad es que, cuando un ser humano se interroga con un poco de honradez, no le es fácil borrar de su corazón «la nostalgia de infinito».
¿Quién soy yo? ¿Un ser minúsculo, surgido por azar en una parcela ínfima de espacio y de tiempo, arrojado a la vida para desaparecer enseguida en la nada, de donde se me ha sacado sin razón alguna y solo para sufrir? ¿Eso es todo? ¿No hay nada más?
Lo más honrado que puede hacer el ser humano es «buscar». No cerrar ninguna puerta. No desechar ninguna llamada. Buscar a Dios, tal vez con el último resto de sus fuerzas y de su fe. Tal vez desde la mediocridad, la angustia o el desaliento.
Dios no juega al escondite ni se esconde de quien lo busca con sinceridad. Dios está ya en el interior mismo de esa búsqueda. Más aún. Dios se deja encontrar incluso por quienes apenas le buscamos. Así dice el Señor en el libro de Isaías: «Yo me he dejado encontrar por quienes no preguntaban por mí. Me he dejado hallar por quienes no me buscaban. Dije: “Aquí estoy, aquí estoy”» (Isaías 65,1-2).
El evangelista Juan ha puesto un interés especial en indicar a sus lectores cómo se inició el pequeño grupo de seguidores de Jesús. Todo parece casual. El Bautista se fija en Jesús que pasaba por allí y les dice a los discípulos que lo acompañan: «Este es el Cordero de Dios».
Probablemente, los discípulos no le han entendido gran cosa, pero comienzan a «seguir a Jesús». Durante un tiempo, caminan en silencio. No ha habido todavía un verdadero contacto con él. Están siguiendo a un desconocido y no saben exactamente por qué ni para qué.
Jesús rompe el silencio con una pregunta: «¿Qué buscáis?» ¿Qué esperáis de mí? ¿Queréis orientar vuestra vida en la dirección que llevo yo? Son cosas que es necesario aclarar bien. Los discípulos le dicen: «Maestro, ¿dónde vives?» ¿Cuál es el secreto de tu vida? ¿Qué es vivir para ti? Al parecer, no buscan conocer nuevas doctrinas. Quieren aprender de Jesús un modo diferente de vivir. Quieren vivir como él.
Jesús les responde directamente: «Venid y lo veréis». Haced vosotros mismos la experiencia. No busquéis información de fuera. Venid a vivir conmigo y descubriréis cómo vivo yo, desde dónde oriento mi vida, a quiénes me dedico, por qué vivo así.
Este es el paso decisivo que necesitamos dar hoy para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Millones de personas se dicen cristianas, pero no han experimentado un verdadero contacto con Jesús. No saben cómo vivió, ignoran su proyecto. No aprenden nada especial de él.
Mientras tanto, en nuestras iglesias no tenemos capacidad para engendrar nuevos creyentes. Nuestra palabra ya no resulta atractiva ni creíble. Al parecer, el cristianismo, tal como nosotros lo entendemos y vivimos, interesa cada vez menos. Si alguien se nos acercara a preguntarnos: «dónde vivís», «qué hay de interesante en vuestras vidas», ¿cómo responderíamos?
Es urgente que los cristianos se reúnan en pequeños grupos para aprender a vivir al estilo de Jesús escuchando juntos el evangelio. Él es más atractivo y creíble que todos nosotros. Puede engendrar nuevos seguidores, pues enseña a vivir de manera diferente e interesante.
Recuerda aquellas palabras de Jesús: «Los que buscan ya están encontrando».
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
GOOGLE Y JESÚS[align=justify]Serían las cuatro de la tarde. Ellos iban buscando y la hora no se les olvidó, porque el encuentro con aquel hombre les cambió la vida para siempre.Hoy andamos locos buscando en diferentes navegadores. Mira que es bueno Google, pero la Palabra nos sintoniza directamente con Jesús. Son las cosas del Espíritu. Ninguna compañía ni multinacional pueden apropiarse su poder de conexión.
Ya que estamos con tantas necesidad de búsquedas y encuentros, ¿por qué no somos como aquellos discípulos y descubrimos la alegría del encuentro con Jesús?
Y, preguntémonos: ¿Qué buscamos? ¿A quién buscamos? ¿Dónde buscamos?
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[align=right]Dibujo: Patxi Velasco FanoTexto: Fernando Cordero ss.cc.
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