Inicio Foros Formación cofrade Evangelio Dominical y Festividades Evangelio domingo 28/01/2018 4º de Tiempo Ordinario Ciclo B

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  • #10399
    Anónimo
    Inactivo

    «Les enseñaba con autoridad»

    Lectura del santo Evangelio según San Marcos

    En la ciudad de Cafarnaún, y el sábado entró Jesús en la sinagoga a enseñar; estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas.

    Había precisamente en su sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar:

    «¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios».

    Jesús lo increpó:

    «¡Cállate y sal de él!».

    El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él. Todos se preguntaron estupefactos:

    «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad es nuevo. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen».

    Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

    Palabra del Señor.

    #12922
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    LOS MÁS DESVALIDOS ANTE EL MAL

    [align=justify]Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros, pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

    No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

    Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muro invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos «sanos». El enfermo psíquico crea inseguridad, y su presencia parece siempre peligrosa. Lo más prudente es defender nuestra «normalidad», recluyéndolos o distanciándolos de nuestro entorno.

    Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia. Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo para hacer frente a los problemas que se les vienen encima con la enfermedad de uno de sus miembros.

    Hay familias que saben cuidar a su ser querido con amor y paciencia, colaborando positivamente con los médicos. Pero también hay hogares en los que el enfermo resulta una carga difícil de sobrellevar. Poco a poco, la convivencia se deteriora y toda la familia va quedando afectada negativamente, favoreciendo a su vez el empeoramiento del enfermo.

    Es una ironía entonces seguir defendiendo teóricamente la mejor calidad de vida para el enfermo psíquico, su integración social o el derecho a una atención adecuada a sus necesidades afectivas, familiares y sociales. Todo esto ha de ser así, pero para ello es necesaria una ayuda más real a las familias y una colaboración más estrecha entre los médicos que atienden al enfermo y personas que sepan estar junto a él desde una relación humana y amistosa.

    ¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados? El evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a «los poseídos por espíritus malignos». Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    NECESITAMOS MAESTROS DE VIDA

    [align=justify]Jesús no fue un profesional especializado en comentar la Biblia o interpretar correctamente su contenido. Su palabra clara, directa, auténtica, tiene una fuerza diferente que el pueblo sabe captar enseguida.

    No es un discurso lo que sale de labios de Jesús. Tampoco una instrucción. Su palabra es una llamada, un mensaje vivo que provoca impacto y se abre camino en lo más hondo de los corazones.

    El pueblo queda asombrado «porque no enseña como los letrados, sino con autoridad». Esta autoridad no está ligada a ningún título o poder social. No proviene de la doctrina que enseña. La fuerza de su palabra es él mismo, su persona, su espíritu, su libertad.

    Jesús no es «un vendedor de ideologías» ni un repetidor de lecciones aprendidas de antemano. Es un maestro de vida que coloca al ser humano ante las cuestiones más decisivas y vitales. Un profeta que enseña a vivir.

    Es duro reconocer que, con frecuencia, las nuevas generaciones no encuentran «maestros de vida» a quienes poder escuchar. ¿Qué autoridad pueden tener las palabras de los dirigentes civiles o religiosos si no están acompañadas de un testimonio claro de honestidad y responsabilidad personal?

    Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres que enseñen el arte de abrir los ojos, maravillarse ante la vida e interrogarse con sencillez por el sentido último de la existencia. Maestros que, con su testimonio personal, siembren inquietud, contagien vida y ayuden a plantearse honradamente los interrogantes más hondos del ser humano.

    Hacen pensar las palabras del escritor anarquista A. Robin, por lo que pueden presagiar para nuestra sociedad:

    «Se suprimirá la fe en nombre de la luz; después se suprimirá la luz.

    Se suprimirá el alma en nombre de la razón; después se suprimirá la razón.

    Se suprimirá la caridad en nombre de la justicia; después se suprimirá la justicia.

    Se suprimirá el espíritu de verdad en nombre del espíritu crítico; después se suprimirá el espíritu crítico».

    El evangelio de Jesús no es algo superfluo e inútil para una sociedad que corre el riesgo de seguir tales derroteros.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    CURADOR

    [align=justify]Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

    Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

    La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno.

    De pronto un hombre «se pone a gritar: ¿Has venido a acabar con nosotros?». Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañosas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios Bueno que él anuncia?

    Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita: «Cállate y sal de él». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

    El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

    No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor.

    Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque enseña a vivir sólo de la bondad, el perdón y el amor que no excluye a nadie. Sana porque libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    TU PALABRA NOS LIBERA

    [align=justify]Jesús está íntimamente en comunión con el Padre. Su ser está abierto a la acción del Espíritu. Su vida está cimentada en la Roca del diálogo trinitario. Jesús es de Dios, radicalmente, sin fisuras. Eso lo tenían que notar sus contemporáneos. Él no era nada light, ni ambiguo, ni con otros intereses distintos que no fueran hacer la voluntad del Padre.

    El mal provoca un ruido interno que lleva a la desesperación. Al actuar Jesús, el hombre habitado por un espíritu inmundo se retuerce y emite un grito muy fuerte. Se abren sus jaulas.

    Palabras y acciones, teoría y práctica renovadora acompañan la manera de ser y actuar de Jesús. Una pedagogía revolucionaria para la época, sostenida por una autoridad jamás vista hasta entonces. La fama y la admiración crecen por todas partes. El Reino se va abriendo paso en la victoria frente al mal. ¿Ayudamos también nosotros a que otros se vean liberados por sus pesos, sus cargas, sus agobios? ¿Somos cauce de liberación? ¿Escuchamos el grito de nuestros semejantes?

    En nuestra sociedad tan saturada de ruidos, que ensordecen y anulan a las personas, invitemos a la escucha de la Palabra que armoniza y equilibra nuestro ser. Creemos espacios para compartir la vida, contrastar los “malos espíritus” que bloquean lo mejor de nosotros mismos y accedamos al encuentro con el Padre.

    Libéranos, Señor, con tu Palabra y tu presencia. Escucha nuestra voz, estén tus oídos atentos al grito de nuestra súplica.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

    #18975
    Anónimo
    Inactivo

    Os dejo los comentarios al Evangelio.

    LOS MÁS DESVALIDOS ANTE EL MAL

    [align=justify]Unos están recluidos definitivamente en un centro. Otros deambulan por nuestras calles. La inmensa mayoría vive con su familia. Están entre nosotros, pero apenas suscitan el interés de nadie. Son los enfermos mentales.

    No resulta fácil penetrar en su mundo de dolor y soledad. Privados, en algún grado, de vida consciente y afectiva sana, no les resulta fácil convivir. Muchos de ellos son seres débiles y vulnerables, o viven atormentados por el miedo en una sociedad que los teme o se desentiende de ellos.

    Desde tiempo inmemorial, un conjunto de prejuicios, miedos y recelos ha ido levantando una especie de muro invisible entre ese mundo de oscuridad y dolor, y la vida de quienes nos consideramos «sanos». El enfermo psíquico crea inseguridad, y su presencia parece siempre peligrosa. Lo más prudente es defender nuestra «normalidad», recluyéndolos o distanciándolos de nuestro entorno.

    Hoy se habla de la inserción social de estos enfermos y del apoyo terapéutico que puede significar su integración en la convivencia. Pero todo ello no deja de ser una bella teoría si no se produce un cambio de actitud ante el enfermo psíquico y no se ayuda de forma más eficaz a tantas familias que se sienten solas o con poco apoyo para hacer frente a los problemas que se les vienen encima con la enfermedad de uno de sus miembros.

    Hay familias que saben cuidar a su ser querido con amor y paciencia, colaborando positivamente con los médicos. Pero también hay hogares en los que el enfermo resulta una carga difícil de sobrellevar. Poco a poco, la convivencia se deteriora y toda la familia va quedando afectada negativamente, favoreciendo a su vez el empeoramiento del enfermo.

    Es una ironía entonces seguir defendiendo teóricamente la mejor calidad de vida para el enfermo psíquico, su integración social o el derecho a una atención adecuada a sus necesidades afectivas, familiares y sociales. Todo esto ha de ser así, pero para ello es necesaria una ayuda más real a las familias y una colaboración más estrecha entre los médicos que atienden al enfermo y personas que sepan estar junto a él desde una relación humana y amistosa.

    ¿Qué lugar ocupan estos enfermos en nuestras comunidades cristianas? ¿No son los grandes olvidados? El evangelio de Marcos subraya de manera especial la atención de Jesús a «los poseídos por espíritus malignos». Su cercanía a las personas más indefensas y desvalidas ante el mal siempre será para nosotros una llamada interpeladora.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    NECESITAMOS MAESTROS DE VIDA

    [align=justify]Jesús no fue un profesional especializado en comentar la Biblia o interpretar correctamente su contenido. Su palabra clara, directa, auténtica, tiene una fuerza diferente que el pueblo sabe captar enseguida.

    No es un discurso lo que sale de labios de Jesús. Tampoco una instrucción. Su palabra es una llamada, un mensaje vivo que provoca impacto y se abre camino en lo más hondo de los corazones.

    El pueblo queda asombrado «porque no enseña como los letrados, sino con autoridad». Esta autoridad no está ligada a ningún título o poder social. No proviene de la doctrina que enseña. La fuerza de su palabra es él mismo, su persona, su espíritu, su libertad.

    Jesús no es «un vendedor de ideologías» ni un repetidor de lecciones aprendidas de antemano. Es un maestro de vida que coloca al ser humano ante las cuestiones más decisivas y vitales. Un profeta que enseña a vivir.

    Es duro reconocer que, con frecuencia, las nuevas generaciones no encuentran «maestros de vida» a quienes poder escuchar. ¿Qué autoridad pueden tener las palabras de los dirigentes civiles o religiosos si no están acompañadas de un testimonio claro de honestidad y responsabilidad personal?

    Nuestra sociedad necesita hombres y mujeres que enseñen el arte de abrir los ojos, maravillarse ante la vida e interrogarse con sencillez por el sentido último de la existencia. Maestros que, con su testimonio personal, siembren inquietud, contagien vida y ayuden a plantearse honradamente los interrogantes más hondos del ser humano.

    Hacen pensar las palabras del escritor anarquista A. Robin, por lo que pueden presagiar para nuestra sociedad:

    «Se suprimirá la fe en nombre de la luz; después se suprimirá la luz.

    Se suprimirá el alma en nombre de la razón; después se suprimirá la razón.

    Se suprimirá la caridad en nombre de la justicia; después se suprimirá la justicia.

    Se suprimirá el espíritu de verdad en nombre del espíritu crítico; después se suprimirá el espíritu crítico».

    El evangelio de Jesús no es algo superfluo e inútil para una sociedad que corre el riesgo de seguir tales derroteros.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    CURADOR

    [align=justify]Según Marcos, la primera actuación pública de Jesús fue la curación de un hombre poseído por un espíritu maligno en la sinagoga de Cafarnaún. Es una escena sobrecogedora, narrada para que, desde el comienzo, los lectores descubran la fuerza curadora y liberadora de Jesús.

    Es sábado y el pueblo se encuentra reunido en la sinagoga para escuchar el comentario de la Ley explicado por los escribas. Por primera vez Jesús va a proclamar la Buena Noticia de Dios precisamente en el lugar donde se enseña oficialmente al pueblo las tradiciones religiosas de Israel.

    La gente queda sorprendida al escucharle. Tienen la impresión de que hasta ahora han estado escuchando noticias viejas, dichas sin autoridad. Jesús es diferente. No repite lo que ha oído a otros. Habla con autoridad. Anuncia con libertad y sin miedos a un Dios Bueno.

    De pronto un hombre «se pone a gritar: ¿Has venido a acabar con nosotros?». Al escuchar el mensaje de Jesús, se ha sentido amenazado. Su mundo religioso se le derrumba. Se nos dice que está poseído por un «espíritu inmundo», hostil a Dios. ¿Qué fuerzas extrañas le impiden seguir escuchando a Jesús? ¿Qué experiencias dañosas y perversas le bloquean el camino hacia el Dios Bueno que él anuncia?

    Jesús no se acobarda. Ve al pobre hombre oprimido por el mal, y grita: «Cállate y sal de él». Ordena que se callen esas voces malignas que no le dejan encontrarse con Dios ni consigo mismo. Que recupere el silencio que sana lo más profundo del ser humano.

    El narrador describe la curación de manera dramática. En un último esfuerzo por destruirlo, el espíritu «lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió». Jesús ha logrado liberar al hombre de su violencia interior. Ha puesto fin a las tinieblas y al miedo a Dios. En adelante podrá escuchar la Buena Noticia de Jesús.

    No pocas personas viven en su interior de imágenes falsas de Dios que les hacen vivir sin dignidad y sin verdad. Lo sienten, no como una presencia amistosa que invita a vivir de manera creativa, sino como una sombra amenazadora que controla su existencia. Jesús siempre empieza a curar liberando de un Dios opresor.

    Sus palabras despiertan la confianza y hacen desaparecer los miedos. Sus parábolas atraen hacia el amor a Dios, no hacia el sometimiento ciego a la ley. Su presencia hace crecer la libertad, no las servidumbres; suscita el amor a la vida, no el resentimiento. Jesús cura porque enseña a vivir sólo de la bondad, el perdón y el amor que no excluye a nadie. Sana porque libera del poder de las cosas, del autoengaño y de la egolatría.[/align]
    [align=right]José Antonio Pagola[/align]

    También el de Kamiano.

    TU PALABRA NOS LIBERA

    [align=justify]Jesús está íntimamente en comunión con el Padre. Su ser está abierto a la acción del Espíritu. Su vida está cimentada en la Roca del diálogo trinitario. Jesús es de Dios, radicalmente, sin fisuras. Eso lo tenían que notar sus contemporáneos. Él no era nada light, ni ambiguo, ni con otros intereses distintos que no fueran hacer la voluntad del Padre.

    El mal provoca un ruido interno que lleva a la desesperación. Al actuar Jesús, el hombre habitado por un espíritu inmundo se retuerce y emite un grito muy fuerte. Se abren sus jaulas.

    Palabras y acciones, teoría y práctica renovadora acompañan la manera de ser y actuar de Jesús. Una pedagogía revolucionaria para la época, sostenida por una autoridad jamás vista hasta entonces. La fama y la admiración crecen por todas partes. El Reino se va abriendo paso en la victoria frente al mal. ¿Ayudamos también nosotros a que otros se vean liberados por sus pesos, sus cargas, sus agobios? ¿Somos cauce de liberación? ¿Escuchamos el grito de nuestros semejantes?

    En nuestra sociedad tan saturada de ruidos, que ensordecen y anulan a las personas, invitemos a la escucha de la Palabra que armoniza y equilibra nuestro ser. Creemos espacios para compartir la vida, contrastar los “malos espíritus” que bloquean lo mejor de nosotros mismos y accedamos al encuentro con el Padre.

    Libéranos, Señor, con tu Palabra y tu presencia. Escucha nuestra voz, estén tus oídos atentos al grito de nuestra súplica.[/align]
    [align=right]Dibujo: Patxi Velasco FANO

    Texto: Fernando Cordero ss.cc.[/align]

    Fraternalmente.-

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