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14 septiembre, 2013 a las 8:08 #14498
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InactivoLa Exaltación de la Santa Cruz. Santos: Austrulfo, abad; Cereal, Salustia, Crescenciano, Víctor, Rósula, General, Crescencio, Viator, Casiodoro, Dominada, mártires; Eustoquio, patriarca; Juan Gabriel Taurin Dufresse, obispo mártir de China; Materno, Alberto, obispos; Plácida, emperatriz; Notburga, virgen.San Alberto de Jerusalén, obispo.Nació en Castel Gualtien, diócesis de Reggio Emilia (Italia), a mediados del siglo XII de la familia Avogadro o de los condes Sabbioneta. Sus padres le impusieron el nombre de Alberto que viene de la lengua alemana y significa “Aquel de nobleza brillante”.
En 1180 fue elegido Prior de los Canónigos Regulares de Santa Cruz de Mortara (Pavía). En 1184 es elegido obispo de Bobbio y al año siguiente de Vercelli, diócesis que gobernó por espacio de veinte años.
Durante este tiempo desempeñó, con gran acierto, delicadas misiones nacionales e internacionales, encargado por papas y emperadores. Todos acudían a él, sabedores de su prudencia, firmeza e independencia.
Fue lo que suele llamarse «experto árbitro» de los más intrincados litigios que tenían relación con la Iglesia.
Dadas sus cualidades y mirando el bien de la Iglesia universal, el papa Inocencio III lo nombró Patriarca de Jerusalén, aunque le dolió perderlo de su lado al ser muy necesario en la región de Lombardía, con plena confianza en él para que lo representara incluso en los más difíciles asuntos.
El 16 de junio de 1205, anunciaba este mismo papa a los prelados de Tierra Santa que les enviaba a Alberto, «varón probado, discreto y prudente como legado suyo para la provincia eclesiástica de Jerusalén».
Llegó a Palestina a principios de 1206 y fijó su residencia en Accón (San Juan de Acre) porque Jerusalén estaba ocupada por los sarracenos.
Sus extraordinarias cualidades de experto mediador también las ejercitó con fruto durante los nueve años que duró su patriarcado.
No fue carmelita en sentido estricto, pero la orden del Carmen lo celebra con toda propiedad como a hijo querido por haber sido su legislador. Su obra más benemérita fue la entrega de la regla o norma de vida que lleva su nombre y que aún hoy observa el Carmelo en todas sus múltiples ramas.
Entre los años 1206-1209, a petición de los eremitas que moraban en el Monte Carmelo, entregó al «hermano e (rocardo) y compañeros» una norma de vida o regla, que se llama «Regla de San Alberto».
San Alberto codificó en breves trazos, ricos en citas bíblicas, la tradición monástica del Carmelo. Son normas concretas y prescripciones disciplinares. Insiste, sobre todo, en la meditación de la Palabra de Dios para mejor servir a Jesucristo, en la oración, silencio, mortificación y trabajo. La entregó en un solo cuerpo, pero hoy está dividida en un prólogo, dieciocho capitulillos y un epílogo.
Cantidad enorme de autores de dentro y fuera de la Orden han comentado durante estos más de siete siglos que cuenta de vida, este maravilloso documento legislativo-espiritual.
Muchos hombres y mujeres se santificaron observando esta Regla, que fue aprobada y transformada por varios Pontífices.
El 14 de septiembre de 1214, en Accón, mientras participaba San Alberto en la procesión de la Exaltación de la Santa Cruz, fue asesinado a puñaladas por el Maestro del Hospital del Espíritu Santo, al cual había reprendido y depuesto de su cargo a causa de su mala vida.
Su recuerdo, que comenzó a celebrar la Orden Carmelita en 1504, se celebra ahora el 17 de septiembre.
El himno del Oficio de Lecturas de su fiesta sintetiza su espiritualidad:
Alberto, sol refulgente, / pastor y legislador, / tus hijos hoy te celebran, / escucha su invocación./ De la paz y la concordia, Imensajero sembrador,/ eres faro que nos das / en fe y costumbres fulgor. / Patrias fronteras rebosa / de tu virtud el olor; / y llena Jerusalén / tu dignidad y tu honor./ Resplandeciendo en la Iglesia/santo y prudente rector, len santa Regla al Carmelo / guias por sendas de amor. / Haz que en nosotros aumenten / caridad, gracia, oración; / y contigo a Dios rindamos / sempiterna adoración. Amén.
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