Santos: Silvestre I, papa; Sabiniano, Potenciano (Prudenciano), obispos; Columba, virgen y mártir: Donata, Paulina, Rogata, Rústica, Dominanda, Serotina, Hilaria, Zótico, Donato, Saturnino, Celestino, mártires; Mario, Eustasio, obispos; Erico, Pedro, abades; Hermetes o Hermes, exorcista; Esteban, Ponciano, Atalo, Fabián, Cornelio, Sixto, Floro, Quinciano, Minerviano y Simpliciano, mártires de Sicilia; Barciniano, confesor.
San Mario, obispo.
En recientes investigaciones que se han llevado a cabo, se han encontrado noticias seguras acerca de la vida y de las obras apostólicas de San Mario.
Por lo que dice, parece ser que nació en el año 530, y que llegó a ser obispo de Aventicum en el 574.
En el 587 tomó parte activa en el concilio de Macon.
En ese mismo año consagró una iglesia dedicada a la Virgen de Payerne.
Para mayor seguridad de su persona, lo trasladaron a Aventicum como obispo. Había luchas políticas e inseguridad social.
Murió aquí en el año 594. Lo enterraron en la iglesia de San Tirso, pero más tarde se llamó de san Mario.
Su culto empezó a ponerse en práctica al principios del primer milenio.
Su representación como obispo no aparece hasta el siglo XVI. Una veces aparece con una palma y ornamentos episcopales y el título de mártir.
La diócesis de Lausana y de Basilea, Suiza, lo festejan el 31 de diciembre.
San Mario es el autor de una crónica de San Próspero. Es un documento muy exacto, breve y precioso para los históricos.
Basten estas notas para hacerse una idea de cómo estaba Italia y el Oriente, los reinos francos y el de Borgoña.