Inicio Foros Formación cofrade Santoral 20/05/2014 Santa Lidia de Tiatira, comerciante

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    Santos: Bernardino de Siena, confesor; Basilisa, virgen y mártir; Teodoro, Anastasio, Hilario, Colmán, Peregrino, Austregisilo, Lucífero de Cagliari, obispos; Amalberto, confesor; Basila, Sofía, Plautila, Saturnina, vírgenes; Baudelio, Aquila, Alejandro, Asterio, Taleleo, Áurea, Timoteo, Polio, Eutiquio, mártires; Etelberto, rey.

    Santa Lidia de Tiatira, comerciante.

    Su familia fue la primera en Europa en convertirse al cristianismo y ser bautizada. Creyó en el Evangelio en Filipos, en Macedonia, cuando lo predicó el apóstol San Pablo en el siglo I.

    Lidia, cuyo nombre significa “habitante de Lydos” (Asia Menor), y viene de la lengua griega, era una comerciante de púrpuras. Eso podría no significar mucho para nosotros hoy en día, pero en el siglo primero eso significaba que era una mujer muy rica. Dado que el tinte de la púrpura se extraía con muchas dificultades de cierto molusco, sólo una elite podía permitirse tener telas teñidas de ese color. Una mercader que vendiera ese tinte tan extremadamente costoso, era rica se mirase como se mirase.

    La riqueza se cita a menudo como uno de los principales obstáculos al crecimiento espiritual.

    Se nos advierte que «es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico entrar en el Reino de los Cielos». Eso no significa, sin embargo, que ser pobre te haga mejor automáticamente. Una persona pobre que acumula unas pocas posesiones no es mejor que una persona rica que acumula muchas. No hay indicaciones de que Lidia abandonara su negocio tras convertirse al cristianismo. Pero hay muchas pruebas de que utilizó su fortuna sabiamente.

    Entendió que el valor real de la riqueza reside en el modo en que la usas, no en cuánto tienes.

    Sobre Lidia no poseemos más datos que los escasos que nos traen Hechos de los Apóstoles 16,13-15: «Nos embarcamos en Tróada y fuimos derechos a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis; de allí pasamos a Filipos, que es una de las principales ciudades de la demarcación de Macedonia, y colonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos días.

    El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido. Una de ellas, llamada Lidia, vendedora de púrpura, natural de la ciudad de Tiatira, y que adoraba a Dios, nos escuchaba. El Señor le abrió el corazón para que se adhiriese a las palabras de Pablo. Cuando ella y los de su casa recibieron el bautismo, suplicó: «Si juzgáis que soy fiel al Señor, venid y quedaos en mi casa.» Y nos obligó a ir.»

    En este breve pasaje hay, sin embargo, algunas cosas notables que al hilo de la conmemoración de la santa es bueno destacar: Vemos que la predicación era, para el momento, novedosa: de hecho Pablo se dirigió en esa ocasión específicamente a las mujeres. Es verdad que a las mujeres judías y prosélitas: Pablo se dirige, según su costumbre, primero a los judíos, y en este caso, como posiblemente hubiera muy pocos en la ciudad, que quizás no tenía sinagoga, la reunión sabática de oración era al aire libre. Se sugiere que Lidia era, al menos, prosélita: no sólo estaba en la reunión de oración sabática, sino que «adoraba a Dios», lo cual el texto no diría nunca de un pagano.

    La ciudad de Filipos, en Macedonia, es hoy ruina de valor arqueológico en el término de la ciudad griega de Krínides. Allí vivía y trabajaba esta mujer que, sin embargo, no era de allí sino de Tiatira, en el reino de Lidia, lo que permite suponer que el nombre no sea el suyo propio sino más bien el nombre con el que se la conocía por su procedencia. Pero lo más destacable de Lidia es que la conversión de ella y su casa forma la primera iglesia doméstica fundada por san Pablo en tierra europea, en el tiempo de los humildes comienzos, que posiblemente debamos estar dispuestos a repetir.

    Es patrona de los tintoreros, y en general de los que trabajan en el teñido de telas.

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