Inicio Foros Formación cofrade Santoral 26/06/2014 San Rodolfo de Gubbio, obispo.

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    Santos: Pelayo, niño, Superio, mártires; Salvio, obispo y mártir; José María Robles Hurtado, sacerdote y mártir; Juan y Pablo, hermanos mártires; Antelmo, Hermogio, Virgilio, Rodolfo, Constantino, Marciano, obispos; Majencio, presbítero; Perseveranda, virgen; David, eremita; Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador, beato.

    San Rodolfo de Gubbio, obispo.

    Nació en Gubbio en el año 1034 y murió en 1064. Una vida corta, muy corta de tan solo 30 años, vividos con profundidad de alma y de entrega a las cosas de Dios.

    Su nombre, proveniente de la lengua germánica, significa «lobo glorioso».

    Algo sumamente importante para el creyente es tomar conciencia de que la vida que uno lleva, la lleva en vasos de barro en los que va mezclada la gracia divina. Con esta realidad, más que hundirse y deprimirse, el creyente sale a flote en la aventura a la que Dios le llama.

    Estuvo al menos cinco años de obispo. A los 25 años de edad, asistió al Concilio Romano, celebrado el año 1059.

    Se dedicó sin descanso a la predicación y distribuyó con gran prodigalidad entre los pobres todo cuanto pudo sustraer de sus expensas domésticas.

    Fue el primero de los tres obispos santos que tuvo esta localidad; después de él, San Juan de Lodi y el tercero, el popular San Ubaldo

    Tenemos la suerte de saber su biografía gracias a su maestro San Pedro Damián, una de las cinco personalidades más influyentes en el siglo XI, quien fue el guía de los ermitaños de Fonte Avellana, gran vivero de ascetas, entre los que estaba Rodolfo con su hermano mayor Pedro. De estos ermitaños vino el “rinnovamento”.

    Rodolfo llegó a ser obispo de Gubbio. Hizo grandes obras y tenía en mente otras, pero murió muy joven. Todo lo que él no pudo hacer, lo llevaría a cabo Juan de Lodi.

    Pedro Damián, comunicó la noticia de la muerte de Rodolfo al Papa Alejandro II. Era una carta en la que contaba al Pontífice la vida de este joven; alababa su penitencia, su oración y celo pastoral y le manifiesta que realmente era un santo. La carta revela que San Pedro Damián le tenía gran estima por su cultura teológica.

    El culto a San Rodolfo fue grande una vez que todo el mundo se enteró de cómo era y había muerto. Su cuerpo fue enterrado en la catedral de Gubbio, pero, por desgracia, no ha quedado ni rastro después de los trabajos del 1670.

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