Inicio Foros Formación cofrade Santoral 13/09/2014 San Maurilio de Angers, obispo.

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    Santos: Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia; Felipe, Macrobio, Julián, Ligorio, mártires; Maurilio, Eulogio, obispos; Amado, abad; Israel y Teobaldo Santos, canónigos; Beato Amadeo, monje y abad; Venerio, eremita.

    San Maurilio de Angers, obispo.

    Ya en el año 620 se escribía su vida por uno de sus sucesores, San Maimbeuf, sirviéndose de las notas que le había dejado el presbítero Justo.

    La época en que vivió San Maurilio es una auténtica edad de oro: «Durante todo su episcopado, los graneros rebosaban de trigo y las bodegas de vino; las guerras habían cesado; todo el pueblo estaba lleno de caridad y de otras virtudes…» Es cierto que las invasiones bárbaras no se habían hecho aún sentir en el oeste de Francia, donde San Maurilio había vivido.

    Llegó a las Galias a la edad aproximada de veinte años, y pasó cuarenta como sacerdote en Chalons, después treinta en la silla episcopal de Angers, antes de morir nonagenario.

    Parece ser que nació de una rica familia de Milán, pero que, al llegar a la edad en que podía disponer de sí mismo, abandonó todo su patrimonio para venir a ponerse bajo la dirección del ilustre obispo de Tours, San Martín, de quien recibió las órdenes sagradas.

    Deseoso de unir la vida monástica y la pastoral, muy de acuerdo con las tendencias de aquel tiempo, Maurilio abandona la escuela de San Martín para instalarse en Chalons-sur-Loire, donde transcurrirán cuarenta años de su vida. Su biógrafo señala cl comienzo de su apostolado con un magnífico milagro: existía allí un templo pagano, y Maurilio, puesto en oración, consiguió que fuera destruido por el fuego del ciclo. En el lugar, así purificado, estableció Maurilio una capilla y un oratorio. Pero las investigaciones hechas en el lugar que tradicionalmente se atribuía a estos acontecimientos no han dado resultado alguno. Es, pues, verosímil que tal milagro sea una adición posterior, y una transformación poética del fuego del ardor apostólico de Maurilio, que consiguió arruinar con su predicación la religión pagana floreciente hasta entonces en aquel rincón de las Galias.

    Lo cierto es que después de una larga vida de apostolado fue llamado a la silla episcopal de Angers, pues apenas sonó su nombre, cesaron todas las discusiones. Durante los treinta años que dura su episcopado el paganismo va perdiendo posiciones en todas las regiones del Loira.

    Poco a poco el cristianismo avanza, hasta el punto de que hay ocasiones en que tal avance da lugar a episodios clamorosos. Así, por ejemplo, cuando el santo obispo tiene el consuelo de pegar fuego, cerca de Rochefort a un bosque sagrado, lugar de fiestas paganas que solían degenerar en orgía y riñas. En su lugar elevó una iglesia dedicada a la Santísima Virgen.

    Maurilio llegó a sobrepasar los noventa años de edad, «sano de cuerpo y más aún de alma».

    Murió el 13 de septiembre del 453 y fue enterrado en Angers, en la tumba que se había hecho preparar en la cripta de una iglesia dedicada a la Santísima Virgen edificada por él, pero que después de su muerte tomó su mismo nombre. La iglesia, que era colegiata, fue destruida al mismo tiempo que la de San Pedro, el año 1791, para dar lugar a la plaza del Ralliement, que aún hoy subsiste en Angers delante del Gran Teatro.

    Una parte de sus reliquias fue llevada a la catedral.

    El culto de San Maurilio es sumamente antiguo, pues su nombre se encuentra en el llamado martirologio jeronimiano, al que han seguido casi todos los martirologios posteriores, incluso el mismo martirologio romano actualmente vigente.

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