Inicio Foros Formación cofrade Santoral 06/04/2015 San Prudencio de Troyes, obispo.

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    Santos: Celestino I, papa; Celso, Prudencio, Ireneo, obispos; Platónides, Ciriaca, confesores; Marcelino, Timoteo, Diógenes, Amando, Macario, Máximo, mártires; Urbano, Geramaro, Winebaldo, Guillermo, abades; Eutiquio, patriarca; Notkero el Tartamudo, monje (beato).

    San Prudencio de Troyes, obispo.

    Prudencio nació en el Alto Aragón.

    Su nombre de familia fue Gallindón (Galindo) pero adoptó el nombre de Prudencio en memoria del poeta cristiano, compatriota suyo.

    Dejó su patria, como tantos, por la invasión de los musulmanes y fue llevado a Francia por sus padres aún muy joven, buscando la fortuna al otro lado de los Pirineos, al amparo de la corte de los carolingios.

    Supo encontrarla, pasando varios años en la corte donde parece que desempeñó algún cargo importante.

    Además, su vida y ministerio sirvió como vehículo de la tradición isidoriana por tierras más allá de los montes, amén de historiador erudito y sabio teólogo.

    Mantuvo a lo largo de su vida con orgullo noble su condición de español. De hecho, en el evangeliario de su biblioteca, bellamente iluminado con las figuras simbólicas de los evangelistas, confiesa su origen hispano: «Yo, Prudencio, soy quien mandó hacer esta obra; yo, que nací en Hesperia y llevo la sangre de los celtíberos».

    Hacia el año 840 u 845 fue elegido obispo y gobernó la iglesia de Troyes, iluminándola con la doctrina y defendiéndola con su pluma. Gran conocedor de la Sagrada Escritura y consciente de que ella encierra el tesoro de la Palabra, enseñó a rezar a sus fieles con los salmos escribiendo para ellos el Breviarium Psalterii. También divulgó el Florilegium ex sacra Scriptura, un manual de ética con sentencias espigadas de los libros santos.

    Consiguió reunir una gran biblioteca, manía de todos los intelectuales, donde se refugiaba en los momentos libres de atenciones pastorales, para preparar otras labores pastorales futuras.

    Pasa ratos y a veces temporadas dedicados a la reflexión y el estudio. Allí pudo reunir ejemplares que encerraban gran parte del saber teológico del tiempo; sus favoritos son Gregorio Magno, Isidoro de Sevilla, San Agustín.

    Adquirió gran erudición eclesiástica y agudeza discursiva que le capacitaron para tomar parte en las controversias teológicas de altos vuelos que hubo en su tiempo. Por ejemplo, la disputa entre Godescalco, a quien es posible que conociera en la juventud, en las aulas de Fulda, donde Rabano Mauro era maestro, acusado de hereje por Hincmaro, el temible arzobispo de Reims, que no paró hasta meterlo en prisión. Fueron conflictos de pensamiento teológico en cuestiones de predestinación y libre albedrío, y en ellas se vió envuelto el irlandés Escoto Erígena.

    Tuvo que intervenir Prudencio para dar salida a la pureza de la fe, poniendo en juego toda la agudeza del raciocinio del teólogo al tiempo que supo conjugar la caridad con la más implacable fuerza dialéctica

    No extraña que conste en su curriculum de historiador y teólogo el hecho de llegar a ser capellán y consejero de Ludovico Pío y Carlos el Calvo.

    Troyes lo veneró como santo desde su muerte ocurrida en el año 861, por haber sido un pastor celoso de la fe y de las almas, que supo hermanar la fuerza y rigidez de pensamiento con la blandura de un padre en sus gestos.

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