Santos: Francisco de Asís, fundador; patrono del gremio textil y veterinarios; Pedro, obispo y mártir; Marco, Marciano, Acepsimas, León, Isidoro, Quintín, Tirso, Bonifacio, Adaucto, mártires; Joaquín, Petronio, obispos; Crispo, Cayo, Hieroteo, Francisco Titelman, confesores; Paulo el monje; beato Diego Luis de Sanvitores, mártir.
San Crispo, discípulo de San Pablo.
Era un judío que como tantos otros en aquel tiempo, llevaba un nobre romano, y era el jefe de la sinagoga de Corinto, cuando en los años 50 y 51, San Pablo empezó su apostolado en aquélla ciudad.
En las Actas de los Apóstoles, figura que Crispo, convencido por las argumentaciones de San Pablo, se convirtió y «creyó en Jesús él y toda su casa»; como era costumbre los niños, familiares y sirvientes seguían la religión del jefe de familia.
En la I Epístola a los Corintios se reporta que Crispo fue bautizado por San Pablo, igual que Cayo y la familia de Estéfanas, (I Cor. 1, 14 sg.). Dada su posición en el seno del judaismo, su conversión, ciertamente debe haber tenido gran publicidad y eficacia, provocando la conversión de otros judíos.
En la sinagoga fue reemplazado por Sostene (Act. 18, 17), que después sigue el ejemplo de Crispo su predecesor, convirtiéndose al cristianismo y llegando a ser uno de los compañeros de San Pablo, que en la Epístola a los Corintios lo llama «hermano».
No hay detalles sobre la vida de Crispo; una tradición posterior, lo hace Obispo de Egina en el golfo de Saronico.
El «Martirologio Romano» lo asocia en la celebración con Cayo, el 4 de octubre y lo considera muerto en Corinto.