PATRONA Y ALCALDESA DE LOGROÑO
Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza, a petición del clero, autoridades y pueblo logroñés en general, fue declarada y confirmada por Su Santidad Pío XII ‘CELESTIAL PATRONA ANTE DIOS DE LA CIUDAD DE LOGROÑO’ con todos los derechos y privilegios litúrgicos correspondientes, sin que nada obste en contrario, el día 14 de mayo de 1948.
La proclamación fue leída el día 11 de junio de dicho año por el entonces obispo de Orense y nacido en Logroño, D. Francisco Blanco Nájera en la iglesia de Santa María de la Redonda.
Y el día 18 de diciembre de 1976, según decisión adoptada por la Corporación Municipal presidida por su alcalde, el Excmo. Sr. D. Narciso San Baldomero y Ruíz de Morales, la Patrona de Logroño recibió el título de ALCALDESA MAYOR DE LA MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE LOGROÑO, siendo al año siguiente cuando dicho alcalde le entregó el bastón de mando para que pueda ostentar su poder de alcaldesa mayor.
FESTIVIDAD VIRGEN DE LA ESPERANZA
Actos para hoy jueves, día 18 de Diciembre.
Hoy, Festividad de la Patrona, se celebrará la Solemne Eucaristía en la Iglesia de Santiago El Real a las 12:00 horas, presidida por el Obispo de la Diócesis, Santos Montoya. A las 13:00 horas dará comienzo la procesión por las calles del Casco Antiguo de nuestra ciudad.
Ese mismo día, a las 19:00 horas, tendrá lugar la Novena y la bendición de niños y embarazadas en la Iglesia de Santiago.
La Patrona de Logroño cuenta con una larga tradición cuyo hito más conocido se remonta a 1656, cuando un labrador de la ciudad, Gregorio de Villanueva, ofreció a la Virgen una cántara de aceite para mantener encendida la lámpara ante su imagen, gesto que repitió cada año.
Según datos recogidos por la Cofradía, los labradores fueron los primeros en ponerse bajo su protección, acudiendo a ella en momentos de sequía u otras dificultades relacionadas con el campo.
DEVOCIÓN A NTRA. SRA. LA VIRGEN DE LA ESPERANZA.
Se le llama ‘la protectora contra los musulmanes’ y de ahí es donde viene la devoción del pueblo logroñés hacia ella. Según cuenta la historia, la población se puso bajo su protección durante los combates con los moros que concluyeron con la victoria cristiana en la batalla de Clavijo. Los logroñeses volvieron a pedir su ayuda años más tarde, ante la invasión de las tropas francesas de Asparrot.
La festividad se celebraba originalmente el 23 de mayo porque fue la madrugada de aquel día, en el año 844 cuando las tropas cristianas del rey Ramiro I vencieron a los moros en la batalla de Clavijo. A partir de ahí comenzó una peregrinación anual, ese día, a Clavijo, a 17 kilómetros de Logroño.
Se dice que para amparar esa victoria, la Virgen de la Esperanza contó con la ayuda del apóstol Santiago.
Ya en el siglo XII, se establece un voto que obliga a una peregrinación anual al monasterio de San Prudencio, donde había una imagen de la Virgen. Se cumplió hasta 1837 cuando el monasterio despareció a causa de la ley de supresión de órdenes.
LA IMAGEN
La imagen de Nuestra Señora la Virgen de la Esperanza es una bellísima talla de comienzos del siglo XIV, profundamente rehecha con posterioridad.
La Virgen no se presenta con el vientre henchido, encinta, expectante para dar a luz al Hijo de Dios hecho carne en sus purísimas entrañas.
Sino por el contrario, se nos presenta regia, sentada en su trono, mostrándonos al niño Dios en su regazo.
Antiguamente sostenía la Virgen en su mano derecha un ramillete de tres azucenas, que según parece, eran más bien tres flores de lis, en recuerdo de la gesta de 1521.
Tanto la Virgen como el Niño presentan una irresistible atracción.
Quién se detenga a contemplar las imágenes quedará, de seguro, prendido de su rara belleza, cautivado por el encanto del risueño semblante de ambos, Madre e Hijo.
Esa imagen de la Virgen, contemporánea de la batalla de Clavijo, con el tiempo llegó a desaparecer y en el siglo XIII fue sustituida por otra a la que también se le denominó NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA, imagen que actualmente se conserva en la parroquia del pueblo de Clavijo, a la que fue traslada al marchar los monjes del monasterio de San Prudencio en tiempos del rey Carlos III.
Esta última imagen, con el tiempo, estaba olvidada de propios y extraños hasta que hacia el año de 1950, gracias a los inventarios de la Parroquia, se supo que la reseñaban con estas palabras rituales:
“Es una imagen muy antigua, traída a la Parroquia al extinguirse el monasterio de San Prudencio y se denomina LA VIRGEN DE LA ESPERANZA.”
A esta imagen es a la que invocaban los logroñeses en su peregrinación. Y a tal grado llegaría la devoción a esa imagen que el pueblo logroñés hizo una imagen similar o igual (finales del siglo XIII o principios del XIV) y es la que actualmente está en la iglesia de Santiago El Real (Logroño) y a la que también denominaron LA VIRGEN DE LA ESPERANZA, imagen gótica de semblante maternal, sonriente y benevolente.
También se le conoce a esta imagen (se desconocen las razones) por LA TOLEDANA.
Acaso ese título se deba a que la festividad de la Anunciación (con la Anunciación a María empieza la expectación del parto de la Virgen) y cuya festividad se trasladó del 25 de marzo al 18 de diciembre en el X Concilio de Toledo (año 656) por propuesta de San Ildefonso.
Por otro lado, la Liturgia en España por aquellos tiempos era la hispánica, también conocida como visigótica o mozárabe, y estuvo vigente hasta la implantación del rito romano.
Alfonso VI a instancias del enérgico pontífice Gregorio VII y de la reina Inés de Aquitania, decidió implantar en la liturgia el rito romano en sustitución del mozárabe; un concilio celebrado en Burgos en 1080 ponía fin a la tradición visigoda.
En 1081 la liturgia romana imperaba ya en España. Lo de LA TOLEDANA puede, pues, ser debido a los orígenes mozárabes o hispánicos de esta liturgia.
La imagen pues de Nuestra Señora de la Esperanza es una talla sedente del siglo XIV.
Pero si los cristianos damos a las imágenes de este tipo, el título de la Esperanza, es por dos razones importantes:
a) Por la expectación del parto, ‘Virgen de la Esperanza’, virgen que espera el nacimiento del hijo y de la maternidad y que se la representa con el vientre abultado cual mujer parturienta. Es la festividad que la Iglesia celebra el día 18 de diciembre.
b) ‘Virgen de la Esperanza’ que se reza en la bella oración LA SALVE: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida y dulzura, ESPERANZA nuestra…”
Si nos fijamos en nuestra imagen de la Virgen de la Esperanza de la Iglesia de Santiago el Real de la ciudad de Logroño veremos que es una talla que lleva al Niño Jesús sobre sus rodillas.
No está pues en ‘expectación de parto’, no es la Virgen que espera el nacimiento del hijo.
Entonces, el motivo por el que se llamó a la imagen de Santiago El Real ‘Virgen de la Esperanza’ por ser la Virgen, ESPERANZA NUESTRA.
LA DEVOCIÓN DE LOS LOGROÑESES
Atendiendo a su antigüedad, la tradición nos dirá como hemos ya comentado anteriormente, que los antepasados logroñeses comenzaron a profesar gran devoción a una talla de la Virgen bajo la advocación de la Esperanza a partir de un suceso ocurrido en la legendaria batalla de Clavijo.
Se cree que, ante la angustiosa situación surgida para las tropas cristianas tras la derrota en la Batalla de Albelda, el rey Ramiro junto con los monjes del monasterio de San Prudencio, se pusieron bajo la protección de la Virgen y de Santiago.
Elevando sus fervientes súplicas ante una imagen de Santa María que se encontraba en la iglesia de dicho monasterio y en la cual depositaron su esperanza en la noche del 22-23 de mayo del año 884.
La Esperanza no fue defraudada ya que el mismo dio 23 de mayo, el rey Ramiro I con su ejército derrotaba a los moros en la batalla conocida con el nombre de BATALLA DE CLAVIJO, con la especialísima ayuda del apóstol Santiago.
A partir de ahí se hizo costumbre que todos los años, el día 23 de mayo, los logroñeses peregrinaran a Clavijo (pueblo de La Rioja a 17 Km de Logroño) para dar gracias al apóstol Santiago y a la Virgen por ese acontecimiento.
Así como el del ‘cese del tributo a los moros de las cien doncellas’, y se dirigían al Monasterio de San Prudencio donde había una imagen de la Virgen a la que se llamaba ‘La Virgen de la Esperanza’.
Ya en el Siglo XII se registra un voto de la ciudad de Logroño por el que se obligaba, subir anualmente al monasterio de San Prudencio.
Este voto se cumplió con más o menos incidencias hasta que en 1837 desapareció el monasterio como consecuencia de la ley de supresión de órdenes.
Con la extinción del monasterio, la talla original pasó a la iglesia parroquial de Clavijo, donde se conserva en la actualidad bajo la advocación tradicional de la Esperanza, al igual que en la Iglesia de Santiago el Real.
* datos extraidos de la web forosdelavirgen.org
18 DICIEMBRE: LA EXPECTACION DEL PARTO DE MARÍA . NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA. LA VIRGEN DE LA “O”.
En la antigua liturgia hispana, conocida como visigoda o mozárabe, ésta fue la fiesta más importante en honor de Santa María.
EL ORIGEN DE LA FIESTA ESTÁ EN ESPAÑA. X CONCILIO DE TOLEDO 656.
Es precisamente en España donde comienza a celebrarse con asiduidad y fervor a partir del siglo VII. En el mes de diciembre del año 656, durante el reinado de Recesvinto, tuvo lugar la celebración del X Concilio de Toledo.
Los obispos allí reunidos eran bien conscientes de la importancia de recordar a María como protagonista imprescindible en el misterio de la Encarnación del Señor. Pero la celebración de su fiesta el 25 de marzo, en plena cuaresma o comienzos de la Pascua diluía la celebración por los lutos de la Cuaresma o las alegrías pascuales, con buen sentido, en el primero de sus siete cánones decidían colocar una fiesta especial en las vísperas esperanzadas de la Natividad del Señor.
Como el 25 de marzo, por los lutos de la Cuaresma o las alegrías pascuales, se diluía la celebración, decidían colocar una fiesta especial en las vísperas esperanzadas de la Natividad del Señor.
“Porque en el día en que el ángel comunicó a la Virgen la concepción del Verbo, no se puede celebrar este misterio dignamente, a causa de las tristezas de la Cuaresma o las alegrías pascuales, que con frecuencia coinciden con él, declaramos y mandamos que el octavo día antes del nacimiento del Señor se consagre con toda solemnidad al honor de su Madre. De esta manera, así como la Natividad del Hijo se celebra durante ocho días seguidos, del mismo modo podrá tener también una octava la festividad sagrada de María”.
TRES GRANDES PROTAGONISTAS DE LA FIESTA: SAN EUGENIO DE TOLEDO, SAN FRUCTUOSO DE BRAGA Y SAN ILDEFONSO.
Aquella iniciativa se debía en gran parte al celo de Eugenio, el santo y sabio arzobispo de Toledo, tan buen teólogo como delicado poeta. Sería aquel uno de los últimos actos de su pontificado.
Pero el mismo amor a esta fiesta profesaban San Fructuoso, que acababa de ser elegido como obispo de Braga, y, sobre todo, San Ildefonso el inmediato sucesor de Eugenio en la sede toledana.
A él que tanto escribió sobre María, se debe el texto de la misa “erigamus quaeso”, en honor de la Virgen, que había de celebrarse el 18 de diciembre. Junto a estos grandes padres de la Iglesia habría que mencionar a muchos otros testigos de la fe en las tierras de Hispania.
EN LAS ENTRAÑAS DEL PUEBLO HISPANO
Idéntica estima profesaba el pueblo cristiano a esta “fiesta de Santa María”. Tanto es así que cuando hubo de abandonar el antiguo rito hispano (año 1080) para aceptar la liturgia romana, lo hicieron a condición de que les fuera permitido conservar esta hermosa y sentida celebración.
“La Expectación de María se hace nuestra propia expectación. Nos preparamos al gran acontecimiento de la historia universal y entramos de lleno en el espíritu de estos días del Adviento. Ninguna peregrinación tan emocionante, ninguna odisea tan extraordinaria y azarosa, ningún camino tan lleno de aventuras y maravillas”. (Pérez de Urbel).
Durante los ocho días que duraba, se cantaba Misa solemne de madrugada a la que se juzgaban obligadas de asistir todas las mujeres encinta, de cualquier clase a que pertenecieran, para honrar a María en su divino embarazo y solicitar para sí mismas su amparo maternal”.
«No extraña, pues, que devoción tan tierna se haya extendido con aprobación de la Sede Apostólica a la mayor parte de las demás Provincias Católicas.
Cesó, pues, de celebrarse en el día susodicho la Anunciación de María, pero se fijó la atención devota de los fieles al pensamiento de esa divina Madre durante los ocho días que preceden a su maravilloso alumbramiento. Se instituyó, pues, una nueva Fiesta con el título de: Expectación del Parto de la Santísima Virgen.
Esta Fiesta apellidada «Nuestra Señora de la O», o Fiesta de la O, con ocasión de las Antífonas Mayores que, se cantan estos días, y, sobre todo, de la que empieza: O Virgo Virginum! (que se conservaba en las Vísperas del Oficio de la Expectación, sin omitir por ello la del día: O Adonai!) se celebraba siempre en España con gran devoción.
ANTÍFONA MAYOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN O VIRGO VIRGINUM

¡Oh Virgen de las vírgenes!
¿Cómo podrá realizarse esto?
Porque no ha habido antes otra semejante a ti,
ni la podrá haber en lo sucesivo.
¿Por qué os admiráis de mí,
hijas de Jerusalén?
Misterio divino es lo que contempláis.
Es muy justo, ¡oh Virgen y Madre! que nos unamos al ardiente deseo que tienes de ver con tus propios ojos al que tu casto seno encierra desde hace ya casi nueve meses, de contemplar los rasgos de ese Hijo del Padre celestial, que lo es también tuyo, de ver finalmente realizarse el feliz Nacimiento que va a dar Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y en la tierra Paz a los hombres de buena voluntad.
¡Oh María!, contadas están las horas, y rápidamente pasan, aunque lentas todavía para tus ansias y las nuestras. Haz que nuestros corazones estén atentos con mayor ahínco, termina de purificarlos con tus maternales sufragios, a fin de que si nada pone trabas en el solemne instante a la carrera del Emmanuel al salir de tu seno virginal, nada retrase, tampoco, su entrada en nuestros corazones preparados por diligente espera.
“NUESTRA SEÑORA DE LA O”
Este título al parecer tan extraño tiene una motivación litúrgica muy sencilla, aunque también tiene una segunda más popular.
“OH SABIDURIA”
En la tarde del día 17 de diciembre, la antífona que acompaña en las vísperas al canto del Magníficat comienza con un “Oh” sonoro y admirado:
“Oh, Sabiduría que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación”.
El mismo contenido cristológico, el mismo talante esperanzado, la misma admiración agradecida evocan las antífonas que, hasta el día 23 de diciembre, se inician cada tarde con ese “Oh” sorprendido y gozoso.
“OH ADONAI”
En este día 18 de diciembre, la antífona del gozo y la esperanza nos hacer revivir el anhelo de la liberación y el temblor del elegido que vislumbra la presencia de Dios en un fuego que no cede:
Oh Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la llama de la zarza ardiente y en el Sinaí le diste la ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo.
“¡Oh Soberano Señor, Rey de Reyes, dueño del cielo y de la tierra, y conductor de la casa de Israel a la tierra prometida!. Tú te apareciste a Moisés en una zarza de llamas de fuego. Tu le diste una ley toda santa sobre el monte Sinaí, que no era más que una preparación a la ley de la gracia; ley sagrada que querías escribir en el fondo de nuestros corazones en la nueva alianza que con nosotros quieres contraer.
¡Ven, divino Legislador! Nosotros estamos prontos a recibirla; ven con todo el poder de tu brazo para librarnos de la muerte, del pecado y del infierno”.
DESEO Y ANSIEDAD DE LA VENIDA DEL REDENTOR
En la Iglesia de Toledo después de la oración de vísperas de esta fiesta de la Expectación, todos los eclesiásticos que asisten al coro, cantan el “Oh” sin tono y sin medida, para expresar el deseo y la ansiedad que los santos y todo el mundo tenía de la venida y de la natividad de su Restaurador y Redentor universal.
En la actual litúrgica romana, este día es, por tanto, el segundo de las “ferias mayores”. Desde el día 17 de diciembre hasta la víspera de la Navidad, la celebración litúrgica nos invita a entrar en un ambiente de especial recogimiento.
Acompañamos a la Madre de Jesús en su espera. Nos gozamos en la certeza de que Dios ha renovado su alianza no solo con el pueblo de Israel, sino con la humanidad entera. Pensamos que la suerte humana no es una fábula sin sentido. No sentimos amados por Dios. Y una vida entera no nos bastará para asimilar la hondura de esta certeza.
En la celebración de la Eucaristía de este día se lee el texto evangélico que nos refiere la revelación a José de la concepción virginal de su esposa.
Gracias a María, Dios se hace Enmanuel. La larga esperanza de Israel llega a su cumplimiento. Y en el misterio del nacimiento de Jesús se colman también las esperanzas inexpresadas de todos los pueblos de la tierra.
EL SEGUNDO MOTIVO DEL NOMBRE DE “LA VIRGEN DE LA O”
La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven «Virgen de la O», tiene como origen el aspecto iconográfico de la Virgen de la Buena Esperanza representada frecuentemente con un círculo en el abdomen reflejando el embarazo, en el que en ocasiones se sitúa el feto de Jesús dibujado o esculpido, y cuyo borde semeja una O. La mano de la Virgen sobre el vientre apunta que allí está el Hijo de Dios, que pronto nacerá.
Era el modo de presentar piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida. Entre los pasajes evangélicos que incluyen escenas del periodo de embarazo de la Virgen, desde la Anunciación hasta el viaje a Belén, se encuentra el de la Visitación: el encuentro entre María y su prima Isabel, que también estaba embarazada de Juan el Bautista.
Las representaciones de la Madre de Dios embarazada siguieron siendo muy habituales
Algunas corrientes historiográficas afirman que la Iglesia de Trento, a partir de mediados del s. XVI, ordenó suprimir la imagen de la Santísima Virgen embarazada, por considerarla incómoda.
Pero lo cierto es que, a pesar de esta aparente prohibición, las representaciones de la Madre de Dios embarazada o amamantando a su Hijo siguieron siendo muy habituales en la iconografía cristiana, ya que la devoción a la Virgen en el inicio de su maternidad no reviste sólo un simple carácter sentimental; donde María acoge al Verbo, allí está representada la Iglesia, y también, todo cristiano cuando acoge el Anuncio de la Salvación y se deja fecundar por él.
SIGLOS DE ESPERA
El Esperado de los siglos está presente en el seno de María
En estos días últimos de Adviento, la liturgia evoca la larga esperanza de Israel, recordando algunos textos de los profetas. Entre ellos sobresalen los antiguos poemas que se incluyeron en el libro de Isaías. En ellos se anuncia el nacimiento de una rama que anticipa la primavera diseñada desde siempre por Dios:
“Aquel día el vástago del Señor será joya y gloria, fruto del país, honor y ornamento para los supervivientes de Israel (Is.4,2)
Un descendiente de la casa de Jesé y de su hijo David aportará una salvación que supera lo mejor de las esperanzas antiguas:
“Mirad, la raíz de Jesé descenderá para salvar a los pueblos; la buscarán los gentiles y será glorioso su nombre” (Is. 11,10).
En otro de los poemas, la oración del creyente adquiere resonancias cósmicas. La naturaleza entera es invitada a dar a luz la salvación anhelada:
“Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad al Justo. Ábrase la tierra y brote al salvador” (Is.45,8)
Pues ese salvador esperado se encuentra pendiente de la decisión de María, como subraya un sermón de San Bernardo:
“Oíste Virgen, que concebirás y darás a luz a un hijo…Mira que el ángel aguarda tu respuesta. También nosotros, esperamos, Señora, esta palabra de misericordia”.
María acogió aquella palabra que el ángel le anunciaba. Y la historia humana se llenó de la palpitación de Dios. Juan Pablo II en su encíclica sobre la Madre del Redentor, nos recuerda que María concibió a su Hijo en la mente antes que en el seno; precisamente por medio de la fe.
La fiesta de la Expectación del Parto nos presenta a María como la discípula que hace suya la palabra de Dios y como la madre que va gestando al que es la Palabra eterna y definitiva de Dios.
MESES INTENSOS
La fiesta de la Expectación del Parto nos ayuda a intuir las dimensiones a la vez divinas y humanas de este misterio. El Hijo de Dios entra en la historia como el hijo de una mujer que se hace las preguntas temblorosas de todas las madres, como ha escrito Gerardo Diego:
“Cuando venga, ay, yo no sé con qué le envolveré yo, con qué”.
De la mano del profeta Isaías, María pudo ir comprendiendo poco a poco cómo `podía ser virgen y madre, porque era Dios el padre de aquella vida que latía en sus entrañas:
“Al pensarlo sentía unos enormes deseos de llorar:¡Dios, un Dios nuevo habitaba en la tierra, iba a hacerse carne de nuestra carne y yo tenía la infinita fortuna de prestarle la mía!… Y así llegó la hora de Belén.
Como para cualquier otra mujer, aquel tiempo de la espera quedaría para siempre grabado en la memoria de María. Estaría lleno de significado y de esperanza:
Sí, nueve meses que se me hicieron
Infinitamente largos,
Infinitamente cortos,
Infinitamente dulces,
Infinitamente llenos.
Y a la vista de esta Madre que espera y enseña a esperar al que es la Vida, los creyentes oran por todas las madres que aguardan el momento oportuno para ver al fruto de sus entrañas. Oran y se comprometen a hacer más gozosamente aceptable el misterio de la vida y la fiesta del nacimiento de los que son hijos del Dios del amor, aun antes de ser hijos del amor humano.
LA FIESTA DE LA EXPECTACION EN LA ACTUALIDAD
Virgen de la Expectación 1515. Fra Bartolomeo
(Aparecen Francisco de Asís – Juan Bautista- Pablo de Tarso- Margarita de Antioquia)
Esta fiesta que se celebraba no solamente en toda España sino en casi todas las Iglesias del orbe católico, al menos hasta hace pocos años, la Iglesia la estableció y refrendó como medio de llamar poderosamente la atención de los fieles en estos últimos días del Adviento.
En nuestros días no se recoge ya esta celebración mariana en el calendario litúrgico, aunque en muchos lugares se conserva en la devoción popular (por ejemplo las tan veneradas imágenes sevillanas de la Esperanza Macarena o la Esperanza de Triana).
Muy recientemente, el calendario litúrgico de las diócesis de Madrid y de Getafe recoge esta celebración, aunque advirtiendo que se trata únicamente del “recuerdo del título de la Virgen María”, pero que no se utilice ningún texto propio sino que toda la liturgia es la del día 18. En la diócesis de Toledo, el Calendario Litúrgico Nacional recoge este día como Solemnidad de Santa María en el Rito Hispano-Mozárabe. Se recomienda celebrar la misa en este venerable rito.
SALUTACIONES A LA VIRGEN DE LA EXPECTACIÓN
Expectación. Museo del Prado
Al que tierra, mar y cielo
proclaman, honran y adoran,
a la Trinidad que todo rige
lleva María en su senoAl que el Sol, la Luna y todo
obedecen por los siglos,
las entrañas de la Virgen
agraciada lo contienen.Madre dichosa de Aquel
que, sumo Autor, conteniendo
todo el mundo en un pellizco,
en tu vientre se ha encerrado.
HYMNVS
Anunciación. Fra Bartolomeo
Virgo Dei Genitrix, quem totus non capit orbis:
In tua se clausit viscera factus homo.
Vera fides Geniti purgavit crimina mundi,
Et tibi virginitas inviolata manet.
Te matrem pietatis, opem te clamitat orbis:
Subvenias famulis, O benedicta, tuis.
Gloria magna Patri, compar sit gloria Nato,
Spiritui Sancto gloria magna Deo.
Amen.
(Oh Virgen, Madre de Dios, Aquel al que todo el universo no puede contener, en tus entrañas se ha encerrado haciéndose hombre.
La fe verdadera del engendrado ha purgado los crímenes del mundo.
Mientras te ha conservado virginidad intacta.
A Ti, Madre de piedad, su ayuda te proclama el universo:
Auxilia, oh bendita, a tus siervos.
Gran gloria sea dada al Padre y del mismo modo al Hijo
Y gran gloria a Dios Espíritu Santo. Amén.)













