Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 30/11/2014 1º de adviento
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25 noviembre, 2014 a las 17:27 #9017
Anónimo
InactivoVelad, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa.Lectura del santo evangelio según San MarcosEn aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!»
Palabra del Señor.27 noviembre, 2014 a las 20:50 #12783Anónimo
InactivoBuenas tardes: El domingo comienza el tiempo litúrgico del Adviento. En la red hay muchísima información y materiales para preparar la Navidad. Os dejo un par de calendarios por si os pueden valer y alguna cosa más.
Fraternalmente.-
27 noviembre, 2014 a las 20:50 #18836Anónimo
InactivoBuenas tardes: El domingo comienza el tiempo litúrgico del Adviento. En la red hay muchísima información y materiales para preparar la Navidad. Os dejo un par de calendarios por si os pueden valer y alguna cosa más.
Fraternalmente.-
27 noviembre, 2014 a las 20:56 #12784Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo también los comentarios al Evangelio y la primera parte del reloj de Patxi.SIEMPRE ES POSIBLE REACCIONARNo siempre es la desesperación la que destruye en nosotros la esperanza y el deseo de seguir caminando día a día llenos de vida. Al contrario, se podría decir que la esperanza se va diluyendo en nosotros casi siempre de manera silenciosa y apenas perceptible.
Tal vez sin darnos cuenta, nuestra vida va perdiendo color e intensidad. Poco a poco parece que todo empieza a ser pesado y aburrido. Vamos haciendo más o menos lo que tenemos que hacer, pero la vida no nos «llena».
Un día comprobamos que la verdadera alegría ha ido desapareciendo de nuestro corazón. Ya no somos capaces de saborear lo bueno, lo bello y grande que hay en la existencia.
Poco a poco todo se nos ha ido complicando. Quizá ya no esperamos gran cosa de la vida ni de nadie. Ya no creemos ni siquiera en nosotros mismos. Todo nos parece inútil y sin apenas sentido.
La amargura y el mal humor se apoderan de nosotros cada vez con más facilidad. Ya no cantamos. De nuestros labios no salen sino sonrisas forzadas. Hace tiempo que no acertamos a rezar.
Quizá comprobamos con tristeza que nuestro corazón se ha ido endureciendo y hoy apenas queremos de verdad a nadie. Incapaces de acoger y escuchar a quienes encontramos día a día en nuestro camino, solo sabemos quejamos, condenar y descalificar.
Poco a poco hemos ido cayendo en el escepticismo, la indiferencia o «la pereza total». Cada vez con menos fuerzas para todo lo que exija verdadero esfuerzo y superación, ya no queremos correr nuevos riesgos. No merece la pena. Preocupados por muchas cosas que nos parecían importantes, la vida se nos ha ido escapando. Hemos envejecido interiormente y algo está a punto de morir dentro de nosotros. ¿Qué podemos hacer?
Lo primero es despertar y abrir los ojos. Todos esos síntomas son indicio claro de que tenemos la vida mal planteada. Ese malestar que sentimos es la llamada de alarma que ha comenzado a sonar dentro de nosotros.
Nada está perdido. No podemos de pronto sentirnos bien con nosotros mismos, pero podemos reaccionar. Hemos de preguntarnos qué es lo que hemos descuidado hasta ahora, qué es lo que tenemos que cambiar, a qué tenemos que dedicar más atención y más tiempo. Las palabras de Jesús están dirigidas a todos: «Vigilad». Tal vez, hoy mismo hemos de tomar alguna decisión.
UNA IGLESIA DESPIERTALas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.
Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar, Cristo no nos encuentre dormidos».
La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es sólo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.
Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?
¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?
¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una Iglesia «dormida» a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?
¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede despertar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?
El de Patxi.
COMIENZA EL TIC-TAC DEL ADVIENTONo podemos vivir adormilados, ni ir por la vida con el pijama puesto y la mente embotada pensando en el dinero, o en regalos o en cosas que, en el fondo, no nos hacen ser felices. Adviento es tiempo de despertarse con alegría y decir con ilusión: ¡Ven, Señor Jesús! El reloj del Adviento, que ponemos este domingo en marcha, es reloj que impulsa y despierta. Nos invita a velar, a permanecer vivos, activos, comprometidos, con un rumbo claro y no equivocado. Nos encaminamos hacia Belén. Se ve la Estrella en el horizonte, la cueva…
Ahora toca dejarse prender por la vela del primer domingo que se enciende en la Eucaristía, que nos impulsa a no caminar en la oscuridad ni en el ensueño sino en la senda de la búsqueda y del encuentro. Pongamos el reloj de la oración y del compromiso en marcha. Es tiempo de conversión y de esperanza. Estamos ya en Adviento.
Os invito estas semanas a que recéis con esta oración:
[/align] [align=center]Señor de las horas y del tiempo:con generosidad pones en marcha
el reloj del Adviento,
para que, entre la promesa
y el cumplimiento,
el presente y lo porvenir,
despertemos cada día a la esperanza,
antesala del banquete de tu Reino.
Suave tic-tac en la jornada peregrina,
murmullo de tantos encuentros,
en la profundidad de tu Misterio.
Es la Encarnación que va tomando cuerpo:
en tu Iglesia misionera,
atenta a tanto sufrimiento,
dolor de parto y gemidos
que llegan al más alto vuelo.
Rostros sin rostro,
historias al margen de la historia,
gritos en el espesor del silencio:
¡Ven, Señor Jesús, a rescatar a tu Pueblo!
¡No nos dejes solos!
Enséñanos a esperar
con Aquella que, embarazada en Nazaret,
acogió tu Palabra
y revolucionó la historia de los siglos;
porque no hay mayor razón para la espera
que la que habita en el resto fiel,
el nuevo Israel anhelante de tu venida eterna.
Amén.
[/align] Fraternalmente.-
27 noviembre, 2014 a las 20:56 #18837Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo también los comentarios al Evangelio y la primera parte del reloj de Patxi.SIEMPRE ES POSIBLE REACCIONARNo siempre es la desesperación la que destruye en nosotros la esperanza y el deseo de seguir caminando día a día llenos de vida. Al contrario, se podría decir que la esperanza se va diluyendo en nosotros casi siempre de manera silenciosa y apenas perceptible.
Tal vez sin darnos cuenta, nuestra vida va perdiendo color e intensidad. Poco a poco parece que todo empieza a ser pesado y aburrido. Vamos haciendo más o menos lo que tenemos que hacer, pero la vida no nos «llena».
Un día comprobamos que la verdadera alegría ha ido desapareciendo de nuestro corazón. Ya no somos capaces de saborear lo bueno, lo bello y grande que hay en la existencia.
Poco a poco todo se nos ha ido complicando. Quizá ya no esperamos gran cosa de la vida ni de nadie. Ya no creemos ni siquiera en nosotros mismos. Todo nos parece inútil y sin apenas sentido.
La amargura y el mal humor se apoderan de nosotros cada vez con más facilidad. Ya no cantamos. De nuestros labios no salen sino sonrisas forzadas. Hace tiempo que no acertamos a rezar.
Quizá comprobamos con tristeza que nuestro corazón se ha ido endureciendo y hoy apenas queremos de verdad a nadie. Incapaces de acoger y escuchar a quienes encontramos día a día en nuestro camino, solo sabemos quejamos, condenar y descalificar.
Poco a poco hemos ido cayendo en el escepticismo, la indiferencia o «la pereza total». Cada vez con menos fuerzas para todo lo que exija verdadero esfuerzo y superación, ya no queremos correr nuevos riesgos. No merece la pena. Preocupados por muchas cosas que nos parecían importantes, la vida se nos ha ido escapando. Hemos envejecido interiormente y algo está a punto de morir dentro de nosotros. ¿Qué podemos hacer?
Lo primero es despertar y abrir los ojos. Todos esos síntomas son indicio claro de que tenemos la vida mal planteada. Ese malestar que sentimos es la llamada de alarma que ha comenzado a sonar dentro de nosotros.
Nada está perdido. No podemos de pronto sentirnos bien con nosotros mismos, pero podemos reaccionar. Hemos de preguntarnos qué es lo que hemos descuidado hasta ahora, qué es lo que tenemos que cambiar, a qué tenemos que dedicar más atención y más tiempo. Las palabras de Jesús están dirigidas a todos: «Vigilad». Tal vez, hoy mismo hemos de tomar alguna decisión.
UNA IGLESIA DESPIERTALas primeras generaciones cristianas vivieron obsesionadas por la pronta venida de Jesús. El resucitado no podía tardar. Vivían tan atraídos por él que querían encontrarse de nuevo cuanto antes. Los problemas empezaron cuando vieron que el tiempo pasaba y la venida del Señor se demoraba.
Pronto se dieron cuenta de que esta tardanza encerraba un peligro mortal. Se podía apagar el primer ardor. Con el tiempo, aquellas pequeñas comunidades podían caer poco a poco en la indiferencia y el olvido. Les preocupaba una cosa: «Que, al llegar, Cristo no nos encuentre dormidos».
La vigilancia se convirtió en la palabra clave. Los evangelios la repiten constantemente: «vigilad», «estad alerta», «vivid despiertos». Según Marcos, la orden de Jesús no es sólo para los discípulos que le están escuchando. «Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: Velad». No es una llamada más. La orden es para todos sus seguidores de todos los tiempos.
Han pasado veinte siglos de cristianismo. ¿Qué ha sido de esta orden de Jesús? ¿Cómo vivimos los cristianos de hoy? ¿Seguimos despiertos? ¿Se mantiene viva nuestra fe o se ha ido apagando en la indiferencia y la mediocridad?
¿No vemos que la Iglesia necesita un corazón nuevo? ¿No sentimos la necesidad de sacudirnos la apatía y el autoengaño? ¿No vamos a despertar lo mejor que hay en la Iglesia? ¿No vamos a reavivar esa fe humilde y limpia de tantos creyentes sencillos?
¿No hemos de recuperar el rostro vivo de Jesús, que atrae, llama, interpela y despierta? ¿Cómo podemos seguir hablando, escribiendo y discutiendo tanto de Cristo, sin que su persona nos enamore y trasforme un poco más? ¿No nos damos cuenta de que una Iglesia «dormida» a la que Jesucristo no seduce ni toca el corazón, es una Iglesia sin futuro, que se irá apagando y envejeciendo por falta de vida?
¿No sentimos la necesidad de despertar e intensificar nuestra relación con él? ¿Quién como él puede despertar nuestro cristianismo de la inmovilidad, de la inercia, del peso del pasado, de la falta de creatividad? ¿Quién podrá contagiarnos su alegría? ¿Quién nos dará su fuerza creadora y su vitalidad?
El de Patxi.
COMIENZA EL TIC-TAC DEL ADVIENTONo podemos vivir adormilados, ni ir por la vida con el pijama puesto y la mente embotada pensando en el dinero, o en regalos o en cosas que, en el fondo, no nos hacen ser felices. Adviento es tiempo de despertarse con alegría y decir con ilusión: ¡Ven, Señor Jesús! El reloj del Adviento, que ponemos este domingo en marcha, es reloj que impulsa y despierta. Nos invita a velar, a permanecer vivos, activos, comprometidos, con un rumbo claro y no equivocado. Nos encaminamos hacia Belén. Se ve la Estrella en el horizonte, la cueva…
Ahora toca dejarse prender por la vela del primer domingo que se enciende en la Eucaristía, que nos impulsa a no caminar en la oscuridad ni en el ensueño sino en la senda de la búsqueda y del encuentro. Pongamos el reloj de la oración y del compromiso en marcha. Es tiempo de conversión y de esperanza. Estamos ya en Adviento.
Os invito estas semanas a que recéis con esta oración:
[/align] [align=center]Señor de las horas y del tiempo:con generosidad pones en marcha
el reloj del Adviento,
para que, entre la promesa
y el cumplimiento,
el presente y lo porvenir,
despertemos cada día a la esperanza,
antesala del banquete de tu Reino.
Suave tic-tac en la jornada peregrina,
murmullo de tantos encuentros,
en la profundidad de tu Misterio.
Es la Encarnación que va tomando cuerpo:
en tu Iglesia misionera,
atenta a tanto sufrimiento,
dolor de parto y gemidos
que llegan al más alto vuelo.
Rostros sin rostro,
historias al margen de la historia,
gritos en el espesor del silencio:
¡Ven, Señor Jesús, a rescatar a tu Pueblo!
¡No nos dejes solos!
Enséñanos a esperar
con Aquella que, embarazada en Nazaret,
acogió tu Palabra
y revolucionó la historia de los siglos;
porque no hay mayor razón para la espera
que la que habita en el resto fiel,
el nuevo Israel anhelante de tu venida eterna.
Amén.
[/align] Fraternalmente.-
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