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26 diciembre, 2014 a las 9:26 #9059
Anónimo
InactivoEl niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría.Lectura del santo evangelio según San LucasCuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» .
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.
Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
– «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:
– «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. y a ti, una espada te traspasará el alma.»
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor.26 diciembre, 2014 a las 19:55 #12790Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.¿QUE FAMILIA?Recientemente, un escritor canadiense resumía así la crisis de la familia contemporánea: «¿Cómo optar por una descendencia en una sociedad aparentemente sin futuro, en una situación social que parece sin salida? ¿Cómo proyectar una larga aventura de educación, cuando se la concibe como una gota de agua en un mar de influencias incontrolables?»
Ciertamente, la crisis es grave. Pero no es lícito ser catastrofistas. Aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.
Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los une. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.
Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar, se convierte en virtud y criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos.
Pero, ¿qué familia? Los católicos hemos defendido, con frecuencia, la familia en abstracto, sin detenernos demasiado a reflexionar cuál debe ser el contenido de un proyecto familiar entendido y vivido desde la fe.
Pero, no cualquier familia responde a las exigencias del evangelio. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad, y familias egoístamente replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias de talante dialogal. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.
Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que todos tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.
Por eso, no podemos celebrar responsablemente la fiesta de la Sagrada Familia, sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados, y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de insolidaridad, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?
EN EL SENO DE UNA FAMILIA JUDÍAEn Nazaret, la familia lo era todo: lugar de nacimiento, escuela de vida y garantía de trabajo. Fuera de la familia, el individuo queda sin protección ni seguridad. Solo en la familia encuentra su verdadera identidad. Esta familia no se reducía al pequeño hogar formado por los padres y sus hijos. Se extendía a todo el clan familiar, agrupado bajo una autoridad patriarcal y formado por todos los que se hallaban vinculados en algún grado por parentesco de sangre o por matrimonio. Dentro de esta «familia extensa» se establecían estrechos lazos de carácter social y religioso. Compartían los aperos o los molinos de aceite; se ayudaban mutuamente en las faenas del campo, sobre todo en los tiempos de cosecha y de vendimia; se unían para proteger sus tierras o defender el honor familiar; negociaban los nuevos matrimonios asegurando los bienes de la familia y su reputación. Con frecuencia, las aldeas se iban formando a partir de estos grupos familiares unidos por parentesco.
En contra de lo que solemos imaginar, Jesús no vivió en el seno de una pequeña célula familiar junto a sus padres, sino integrado en una familia más extensa. Los evangelios nos informan de que Jesús tiene cuatro hermanos que se llaman Santiago, José, Judas y Simón, y también algunas hermanas a las que dejan sin nombrar, por la poca importancia que se le daba a la mujer. Probablemente estos hermanos y hermanas están casados y tienen su pequeña familia. En una aldea como Nazaret, la «familia extensa» de Jesús podía constituir una buena parte de la población. Abandonar la familia era muy grave. Significaba perder la vinculación con el grupo protector y con el pueblo. El individuo debía buscar otra «familia» o grupo. Por eso, dejar la familia de origen era una decisión extraña y arriesgada. Sin embargo llegó un día en que Jesús lo hizo. Al parecer, su familia e incluso su grupo familiar le quedaban pequeños. El buscaba una «familia» que abarcara a todos los hombres y mujeres dispuestos a hacer la voluntad de Dios. La ruptura con su familia marcó su vida de profeta itinerante.
LA FAMILIA NECESARIAEn poco tiempo estamos asistiendo a un cambio profundo de institución familiar entre nosotros.
La familia numerosa ha desaparecido para ser sustituida por una «familia nuclear» formada por la pareja y un número muy reducido de hijos.
La mujer ha salido del hogar para realizar un trabajo profesional tan valorado como el de su esposo, abandonando así su rol anterior de esposa y madre dedicada exclusivamente a las labores del hogar.
Los divorcios y separaciones crecen notablemente. Esta inestabilidad matrimonial ha traído consigo el aumento de hijos que crecen en un hogar en que vive solamente uno de los progenitores.
¿Significa todo esto que la familia está llamada a desaparecer? Los estudiosos de la familia apuntan hoy, más bien, la posibilidad de que se extinga la familia tal como la hemos conocido, pero ninguno de ellos anuncia la desaparición de la dimensión familiar.
El ser humano necesita el ámbito familiar para abrirse a la vida y crecer dignamente. Por otra parte, estamos viviendo momentos de graves crisis y la historia nos enseña que en los tiempos difíciles se estrechan los vínculos familiares. La abundancia separa a los seres humanos y la penuria los une.
Los problemas de la pareja y de la familia no se van a resolver con la ley del divorcio ni con la despenalización del aborto. Es una equivocación pensar que es un progreso establecer una mayor liberalización del divorcio y del aborto.
Lo que necesitan y reclaman los hombres y mujeres de esta sociedad no es poder divorciarse sino poder formar una verdadera familia. Lo que nos tenemos que preguntar seriamente todos es cuáles son las condiciones necesarias para formar un matrimonio duradero y una familia estable, cálida y acogedora.
Los hombres y mujeres de nuestros días están necesitados de experiencias fundamentales de amor y la familia es, tal vez, el marco privilegiado para vivir una experiencia de amor amistoso, gratuito y confiado.
El Papa Francisco nos ha dicho: ¡Qué importante es aprender a escuchar! El diálogo entre esposos es esencial para que una familia viva en paz.
No pocos padres se han alejado de la práctica religiosa y viven instalados en la indiferencia. No rechazan la fe, pero tampoco les preocupa la educación religiosa de sus hijos. No les parece algo importante para su futuro. Bautizan a sus hijos, celebran su primera comunión, pero no les transmiten fe.
En ocasiones, son las abuelas las que desempeñan una labor de gran importancia. Calladamente y de la forma más natural, van enseñando al nieto o a la nieta a rezar, lo llevan a la iglesia y, a su estilo y manera, le van explicando las «cosas más fundamentales» sobre Dios y Jesús.
En esta fiesta de la Sagrada Familia quiero alabar la actuación de estas mujeres. Tal vez un día, más de uno recuerde agradecido a la «abuela» que le habló de un Dios que nos ama sin fin.
También el de Kamiano.
UN AÑO CON COLORCon Jesús todo se llena de color. Lo oscuro y gris torna vivo como en un arcoíris sin parangón. La tristeza, lo blanco y negro, se transforma con la alegría de Belén y un camino, el de 2015, todavía por recorrer, oportunidad única para amar y hacer este mundo un poquito mejor.
Para 2015 nuestros mejores propósitos. Le pido al Señor que seamos puente que una a unos y a otros, que en una sociedad a veces tan dividida seamos los cristianos gente que una y que nunca divida. Seamos puente, nunca muros que imposibilitan la comunicación. Y esto es muy aplicable al ámbito personal, familiar, laboral, social…
También os invito a que oremos por nuestras familias, con un recuerdo especial a los enfermos:
Te pedimos, Señor, por nuestra familia y por todas las familias del mundo, para que avancemos en el proyecto de una humanidad en la que realmente nos sintamos hermanos, miembros de la familia de los hijos de Dios.
Fraternalmente.-
[/align] 26 diciembre, 2014 a las 19:55 #18843Anónimo
Inactivo[align=justify]Os dejo los comentarios al Evangelio del domingo.¿QUE FAMILIA?Recientemente, un escritor canadiense resumía así la crisis de la familia contemporánea: «¿Cómo optar por una descendencia en una sociedad aparentemente sin futuro, en una situación social que parece sin salida? ¿Cómo proyectar una larga aventura de educación, cuando se la concibe como una gota de agua en un mar de influencias incontrolables?»
Ciertamente, la crisis es grave. Pero no es lícito ser catastrofistas. Aunque estamos siendo testigos de una verdadera revolución en la conducta familiar, y muchos han predicado la muerte de diversas formas tradicionales de familia, nadie anuncia hoy seriamente la desaparición de la familia.
Al contrario, la historia parece enseñarnos que en los tiempos difíciles se estrechan más los vínculos familiares. La abundancia separa a los hombres. La crisis y la penuria los une. Ante el presentimiento de que vamos a vivir tiempos difíciles, son bastantes los que presagian un nuevo renacer de la familia.
Concretamente, en el contexto de la grave crisis económica que estamos padeciendo, la familia puede ser una escuela de insolidaridad en la que el egoísmo familiar, se convierte en virtud y criterio de actuación que configurará el comportamiento social de los hijos.
Pero, ¿qué familia? Los católicos hemos defendido, con frecuencia, la familia en abstracto, sin detenernos demasiado a reflexionar cuál debe ser el contenido de un proyecto familiar entendido y vivido desde la fe.
Pero, no cualquier familia responde a las exigencias del evangelio. Hay familias abiertas al servicio de la sociedad, y familias egoístamente replegadas sobre sí mismas. Familias autoritarias y familias de talante dialogal. Familias que educan en el egoísmo y familias que enseñan solidaridad.
Y puede ser, por el contrario, un lugar en el que el hijo puede recordar que todos tenemos un Padre común, y que el mundo no se acaba en las paredes de la propia casa.
Por eso, no podemos celebrar responsablemente la fiesta de la Sagrada Familia, sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Serán nuestros hogares un lugar donde las nuevas generaciones podrán escuchar la llamada del evangelio a la fraternidad universal, la defensa de los abandonados, y la búsqueda de una sociedad más justa, o se convertirán en la escuela más eficaz de insolidaridad, inhibición y pasividad egoísta ante los problemas ajenos?
EN EL SENO DE UNA FAMILIA JUDÍAEn Nazaret, la familia lo era todo: lugar de nacimiento, escuela de vida y garantía de trabajo. Fuera de la familia, el individuo queda sin protección ni seguridad. Solo en la familia encuentra su verdadera identidad. Esta familia no se reducía al pequeño hogar formado por los padres y sus hijos. Se extendía a todo el clan familiar, agrupado bajo una autoridad patriarcal y formado por todos los que se hallaban vinculados en algún grado por parentesco de sangre o por matrimonio. Dentro de esta «familia extensa» se establecían estrechos lazos de carácter social y religioso. Compartían los aperos o los molinos de aceite; se ayudaban mutuamente en las faenas del campo, sobre todo en los tiempos de cosecha y de vendimia; se unían para proteger sus tierras o defender el honor familiar; negociaban los nuevos matrimonios asegurando los bienes de la familia y su reputación. Con frecuencia, las aldeas se iban formando a partir de estos grupos familiares unidos por parentesco.
En contra de lo que solemos imaginar, Jesús no vivió en el seno de una pequeña célula familiar junto a sus padres, sino integrado en una familia más extensa. Los evangelios nos informan de que Jesús tiene cuatro hermanos que se llaman Santiago, José, Judas y Simón, y también algunas hermanas a las que dejan sin nombrar, por la poca importancia que se le daba a la mujer. Probablemente estos hermanos y hermanas están casados y tienen su pequeña familia. En una aldea como Nazaret, la «familia extensa» de Jesús podía constituir una buena parte de la población. Abandonar la familia era muy grave. Significaba perder la vinculación con el grupo protector y con el pueblo. El individuo debía buscar otra «familia» o grupo. Por eso, dejar la familia de origen era una decisión extraña y arriesgada. Sin embargo llegó un día en que Jesús lo hizo. Al parecer, su familia e incluso su grupo familiar le quedaban pequeños. El buscaba una «familia» que abarcara a todos los hombres y mujeres dispuestos a hacer la voluntad de Dios. La ruptura con su familia marcó su vida de profeta itinerante.
LA FAMILIA NECESARIAEn poco tiempo estamos asistiendo a un cambio profundo de institución familiar entre nosotros.
La familia numerosa ha desaparecido para ser sustituida por una «familia nuclear» formada por la pareja y un número muy reducido de hijos.
La mujer ha salido del hogar para realizar un trabajo profesional tan valorado como el de su esposo, abandonando así su rol anterior de esposa y madre dedicada exclusivamente a las labores del hogar.
Los divorcios y separaciones crecen notablemente. Esta inestabilidad matrimonial ha traído consigo el aumento de hijos que crecen en un hogar en que vive solamente uno de los progenitores.
¿Significa todo esto que la familia está llamada a desaparecer? Los estudiosos de la familia apuntan hoy, más bien, la posibilidad de que se extinga la familia tal como la hemos conocido, pero ninguno de ellos anuncia la desaparición de la dimensión familiar.
El ser humano necesita el ámbito familiar para abrirse a la vida y crecer dignamente. Por otra parte, estamos viviendo momentos de graves crisis y la historia nos enseña que en los tiempos difíciles se estrechan los vínculos familiares. La abundancia separa a los seres humanos y la penuria los une.
Los problemas de la pareja y de la familia no se van a resolver con la ley del divorcio ni con la despenalización del aborto. Es una equivocación pensar que es un progreso establecer una mayor liberalización del divorcio y del aborto.
Lo que necesitan y reclaman los hombres y mujeres de esta sociedad no es poder divorciarse sino poder formar una verdadera familia. Lo que nos tenemos que preguntar seriamente todos es cuáles son las condiciones necesarias para formar un matrimonio duradero y una familia estable, cálida y acogedora.
Los hombres y mujeres de nuestros días están necesitados de experiencias fundamentales de amor y la familia es, tal vez, el marco privilegiado para vivir una experiencia de amor amistoso, gratuito y confiado.
El Papa Francisco nos ha dicho: ¡Qué importante es aprender a escuchar! El diálogo entre esposos es esencial para que una familia viva en paz.
No pocos padres se han alejado de la práctica religiosa y viven instalados en la indiferencia. No rechazan la fe, pero tampoco les preocupa la educación religiosa de sus hijos. No les parece algo importante para su futuro. Bautizan a sus hijos, celebran su primera comunión, pero no les transmiten fe.
En ocasiones, son las abuelas las que desempeñan una labor de gran importancia. Calladamente y de la forma más natural, van enseñando al nieto o a la nieta a rezar, lo llevan a la iglesia y, a su estilo y manera, le van explicando las «cosas más fundamentales» sobre Dios y Jesús.
En esta fiesta de la Sagrada Familia quiero alabar la actuación de estas mujeres. Tal vez un día, más de uno recuerde agradecido a la «abuela» que le habló de un Dios que nos ama sin fin.
También el de Kamiano.
UN AÑO CON COLORCon Jesús todo se llena de color. Lo oscuro y gris torna vivo como en un arcoíris sin parangón. La tristeza, lo blanco y negro, se transforma con la alegría de Belén y un camino, el de 2015, todavía por recorrer, oportunidad única para amar y hacer este mundo un poquito mejor.
Para 2015 nuestros mejores propósitos. Le pido al Señor que seamos puente que una a unos y a otros, que en una sociedad a veces tan dividida seamos los cristianos gente que una y que nunca divida. Seamos puente, nunca muros que imposibilitan la comunicación. Y esto es muy aplicable al ámbito personal, familiar, laboral, social…
También os invito a que oremos por nuestras familias, con un recuerdo especial a los enfermos:
Te pedimos, Señor, por nuestra familia y por todas las familias del mundo, para que avancemos en el proyecto de una humanidad en la que realmente nos sintamos hermanos, miembros de la familia de los hijos de Dios.
Fraternalmente.-
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