Inicio › Foros › Formación cofrade › Evangelio Dominical y Festividades › Evangelio del domingo 21/06/2015 12º de T. Ordinario
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15 junio, 2015 a las 16:26 #9270
Anónimo
Inactivo¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!Lectura del santo evangelio según San MarcosUn día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Vamos a la otra orilla.»
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán,,y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole:
-«Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?»
Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:
-«¡Silencio, cállate!»
El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo:
– «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?»
Se quedaron espantados y se decían unos a otros:
– «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»
Palabra del Señor.18 junio, 2015 a las 17:28 #12813Anónimo
Inactivo[align=justify]Tras la ausencia del domingo pasado, dejo los comentarios al Evangelio del domingo.DIOS NO QUIERE QUE NOS HUNDAMOSHay formas de entender la religión que, aunque estén muy extendidas, son falsas y desfiguran sustancialmente la realidad de Dios y la experiencia religiosa. No son cosas secundarias, sino de fondo.
Veamos un ejemplo. Son bastantes los que viven su religión desde el siguiente marco. Por una parte están los intereses de Dios; a él le interesa su gloria, es decir, que las personas crean en él, que lo alaben y que cumplan su voluntad divina. Por otra están los intereses de los humanos, que nos afanamos por vivir lo mejor posible y ser felices.
Evidentemente, a Dios le interesa «lo suyo» y trata de poner al hombre a su servicio. Impone sus diez mandamientos (como podía haber impuesto otros o ninguno) y está atento a cómo le responden los seres humanos. Si le obedecen, los premia; en caso contrario, los castiga. Como Señor que es, también concede favores; a unos más que a otros; a veces gratuitamente, a veces a cambio de algo.
Nosotros, por nuestra parte, buscamos nuestros propios intereses y tratamos de ponerle a Dios de nuestra parte. Le «pedimos ayuda» para que nos salgan bien las cosas; le «damos gracias» por determinados favores; incluso le «ofrecemos sacrificios» y «cumplimos promesas» para forzarlo a interesarse por nuestros asuntos.
En realidad, las cosas son de manera muy diferente. A Dios lo único que le interesa somos nosotros. Nos crea solo por amor y busca siempre nuestro bien. No hay que convencerle de nada. De él solo brota amor hacia el ser humano. No busca contrapartidas. Lo único que le interesa es el bien y la dicha de cada persona. Lo que le da verdadera gloria es que los hombres y mujeres vivan en plenitud.
Si quiere que cumplamos esas obligaciones morales que llevamos dentro del corazón por el mero hecho de ser humanos, es porque ese cumplimiento es bueno para nosotros. Dios está siempre contra el mal, porque va contra la felicidad del ser humano. No «envía» ni «permite» la desgracia. No está en la enfermedad, sino en el enfermo. No está en el accidente, sino con el accidentado. Está en aquello que contribuye ahora mismo al bien de las personas. Y, a pesar de los fracasos y desgracias inevitables de esta vida finita, está orientándolo todo hacia la salvación definitiva.
¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?
El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.
De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.
Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».
Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.
El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».
La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro os da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.
Jesús nos puede sorprender a todos. Él tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.
Lo que le importa a Dios es que no nos hundamos, así nos lo enseña Jesús. Confía y no temas.
También el de Kamiano.
TOMA TÚ EL TIMON DE MI VIDAA veces el miedo nos hace no tener claro el rumbo. Nos anima a la confusión, a perdernos en un horizonte de salidas sutiles pero no fecundas. Con Jesús el miedo terminó. Estando Él al timón, las amenazas se tornan en oportunidades para vivir una fe madura, dinámica y enriquecedora. Tempestades, huracanes, los habrá. Con Él a nuestro lado, capitaneando el barco, ya puede pasar lo que pase que no se hundirá nuestro proyecto de vivir como hijos de Dios y hermanos en comunión con todo lo creado. El Evangelio nos lleva a preguntarnos: ¿quién lleva el timón de mi vida? ¿Hacia dónde voy? Como veis, este dibujo de nuestro querido Patxi es muy refrescante al finalizar el curso. Momento privilegiado para darle muchas gracias al Señor, capitán de nuestros colegios, parroquias, grupos… ¡Gracias, Señor!
Fraternalmente.-
[/align] 18 junio, 2015 a las 17:28 #18866Anónimo
Inactivo[align=justify]Tras la ausencia del domingo pasado, dejo los comentarios al Evangelio del domingo.DIOS NO QUIERE QUE NOS HUNDAMOSHay formas de entender la religión que, aunque estén muy extendidas, son falsas y desfiguran sustancialmente la realidad de Dios y la experiencia religiosa. No son cosas secundarias, sino de fondo.
Veamos un ejemplo. Son bastantes los que viven su religión desde el siguiente marco. Por una parte están los intereses de Dios; a él le interesa su gloria, es decir, que las personas crean en él, que lo alaben y que cumplan su voluntad divina. Por otra están los intereses de los humanos, que nos afanamos por vivir lo mejor posible y ser felices.
Evidentemente, a Dios le interesa «lo suyo» y trata de poner al hombre a su servicio. Impone sus diez mandamientos (como podía haber impuesto otros o ninguno) y está atento a cómo le responden los seres humanos. Si le obedecen, los premia; en caso contrario, los castiga. Como Señor que es, también concede favores; a unos más que a otros; a veces gratuitamente, a veces a cambio de algo.
Nosotros, por nuestra parte, buscamos nuestros propios intereses y tratamos de ponerle a Dios de nuestra parte. Le «pedimos ayuda» para que nos salgan bien las cosas; le «damos gracias» por determinados favores; incluso le «ofrecemos sacrificios» y «cumplimos promesas» para forzarlo a interesarse por nuestros asuntos.
En realidad, las cosas son de manera muy diferente. A Dios lo único que le interesa somos nosotros. Nos crea solo por amor y busca siempre nuestro bien. No hay que convencerle de nada. De él solo brota amor hacia el ser humano. No busca contrapartidas. Lo único que le interesa es el bien y la dicha de cada persona. Lo que le da verdadera gloria es que los hombres y mujeres vivan en plenitud.
Si quiere que cumplamos esas obligaciones morales que llevamos dentro del corazón por el mero hecho de ser humanos, es porque ese cumplimiento es bueno para nosotros. Dios está siempre contra el mal, porque va contra la felicidad del ser humano. No «envía» ni «permite» la desgracia. No está en la enfermedad, sino en el enfermo. No está en el accidente, sino con el accidentado. Está en aquello que contribuye ahora mismo al bien de las personas. Y, a pesar de los fracasos y desgracias inevitables de esta vida finita, está orientándolo todo hacia la salvación definitiva.
¿POR QUÉ SOMOS TAN COBARDES?«¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?». Estas dos preguntas que Jesús dirige a sus discípulos no son, para el evangelista Marcos, una anécdota del pasado. Son las preguntas que han de escuchar los seguidores de Jesús en medio de sus crisis. Las preguntas que nos hemos de hacer también hoy: ¿Dónde está la raíz de nuestra cobardía? ¿Por qué tenemos miedo ante el futuro? ¿Es porque nos falta fe en Jesucristo?
El relato es breve. Todo comienza con una orden de Jesús: «Vamos a la otra orilla». Los discípulos saben que en la otra orilla del lago Tiberíades está el territorio pagano de la Decápolis. Un país diferente y extraño. Una cultura hostil a su religión y creencias.
De pronto se levanta una fuerte tempestad, metáfora gráfica de lo que sucede en el grupo de discípulos. El viento huracanado, las olas que rompen contra la barca, el agua que comienza a invadirlo todo, expresan bien la situación: ¿Qué podrán los seguidores de Jesús ante la hostilidad del mundo pagano? No sólo está en peligro su misión, sino incluso la supervivencia misma del grupo.
Despertado por sus discípulos, Jesús interviene, el viento cesa y sobre el lago viene una gran calma. Lo sorprendente es que los discípulos «se quedan espantados».
Antes tenían miedo a la tempestad. Ahora parecen temer a Jesús. Sin embargo, algo decisivo se ha producido en ellos: han recurrido a Jesús; han podido experimentar en él una fuerza salvadora que no conocían; comienzan a preguntarse por su identidad. Comienzan a intuir que con él todo es posible.
El cristianismo se encuentra hoy en medio de una «fuerte tempestad» y el miedo comienza a apoderarse de nosotros. No nos atrevemos a pasar a «a otra orilla».
La cultura moderna nos resulta un país extraño y hostil. El futuro os da miedo. La creatividad parece prohibida. Algunos creen más seguro mirar hacia atrás para mejor ir adelante.
Jesús nos puede sorprender a todos. Él tiene fuerza para inaugurar una fase nueva en la historia del cristianismo. Solo se nos pide fe. Una fe que nos libere de tanto miedo y cobardía, y nos comprometa a caminar tras las huellas de Jesús.
Lo que le importa a Dios es que no nos hundamos, así nos lo enseña Jesús. Confía y no temas.
También el de Kamiano.
TOMA TÚ EL TIMON DE MI VIDAA veces el miedo nos hace no tener claro el rumbo. Nos anima a la confusión, a perdernos en un horizonte de salidas sutiles pero no fecundas. Con Jesús el miedo terminó. Estando Él al timón, las amenazas se tornan en oportunidades para vivir una fe madura, dinámica y enriquecedora. Tempestades, huracanes, los habrá. Con Él a nuestro lado, capitaneando el barco, ya puede pasar lo que pase que no se hundirá nuestro proyecto de vivir como hijos de Dios y hermanos en comunión con todo lo creado. El Evangelio nos lleva a preguntarnos: ¿quién lleva el timón de mi vida? ¿Hacia dónde voy? Como veis, este dibujo de nuestro querido Patxi es muy refrescante al finalizar el curso. Momento privilegiado para darle muchas gracias al Señor, capitán de nuestros colegios, parroquias, grupos… ¡Gracias, Señor!
Fraternalmente.-
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