Santos: Ponciano, papa, e Hipólito, presbítero, mártires; Antíoco, Casiano, Landolfo, obispos; Antonino, Ariolfo, Erufo, Elena, mártires; Centola, virgen y mártir; Juan Berchmans, Irene, confesores; Máximo, Narsetes, Radegunda, reina, Vitalina, Aurora, vírgenes; Ludolfo, Vigberto, abades.
San Antíoco de Lyon, obispo.
Era San Justo el obispo de Lyon, cuando se unió a los ermitaños de Egipto y el cura Antíoco que había sido enviado a buscarlo para obligarlo a regresar a su sede y que desde su partida, moraba desde entonces en el desierto de Egipto junto a San Viator.
Después de que llevaban muchos años allí como dos desconocidos, un día llegaron unos cristianos de Lyon a pedir ser admitidos como monjes y al ver allí a San Justo y a San Viator exclamaron: «Pero si estos son nuestro obispo y su secretario». Los monjes se admiraron de que estos dos hombres tan importantes hubieran pasado allí tanto tiempo, desconocidos, haciendo penitencia como unos pobres pecadores.
Antíoco de Lyon era todavía sólo presbítero, cuando recibió el encargo de viajar a convencer a su obispo para que regresara a su episcopado.
Sus esfuerzos fueron vanos, y a su regreso a Lyon fue elegido obispo de esta ciudad.
Estuvo totalmente adornado y elogiado por sus decisiones episcopales, el cual habiendo desempeñado con total celo y pulcritud su ministerio pastoral, mereció el reino eterno.