Inicio Foros Formación cofrade Santoral 26/11/2015 San Silvestre Gozzolini, abad y fundador.

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    Santos: Silvestre, abad y fundador; Siricio, papa; Belino, Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio, obispos y mártires; Leonardo de Puerto Mauricio, Magnancia, Máxima, Básolo, Justo, Gregorio, Basle, confesores; Marcelo, Nicandro, mártires; Amador, Conrado, Sebaldo, obispos; Fausto, presbítero; Gaudencio, patriarca; Pedro, patriarca y mártir; Martino, Nicón, monjes; Delfina, virgen; Alipio, estilita; Estiliano, anacoreta; Juan Berchmans, confesor.

    San Silvestre Gozzolini, abad y fundador.

    Nació en 1177 en Ósimo de una noble familia.

    Fue canónico allí mismo y en el año 1227, a raíz de la muerte de un amigo, toma conciencia, como señala el elogio del Martirologio Romano, de la vanidad de la vida, y abandona el mundo para llevar vida solitaria en una cueva, en Grottafucile, en los Apeninos de Las Marcas. Pero, como suele suceder a los santos eremitas, al poco tiempo se le comenzaron a unir discípulos que querían imitar su vida y ser guiados por él. De tal modo que en 1230, decide trasladar la comunidad a Monte Fano, cerca de Fabriano, y adoptar para su comunidad la regla de San Benito.

    La fundación no tardó en ser aprobada, lo hizo el papa Inocencio IV en 1247; sin embargo, ya para ese momento había doce casas de los «silvestrinos», que se distinguían por su pobreza, abstinencia y riguroso ayuno, unidos a la predicación en los alrededores y la escucha de confesiones.

    De este santo fundador habla SS San Juan Pablo II en el discurso a los silvestrinos reunidos en capítulo general en 2001: «injertó una nueva congregación en el árbol fecundo de la Orden benedictina. Silvestre, alma contemplativa y deseosa de coherencia evangélica, se hizo ermitaño practicando una ascesis rigurosa y madurando una profunda y vigorosa espiritualidad.

    Para sus discípulos eligió la Regla de San Benito, pues quería formar una comunidad dedicada a la contemplación que, a pesar de ello, no descuidara la realidad social de su entorno. En efecto, él mismo, unía al recogimiento el ministerio de una estimada paternidad espiritual y el anuncio del Evangelio a las poblaciones de la región.»

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