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15 diciembre, 2015 a las 8:17 #9482
Anónimo
InactivoSantos: Valeriano, Folcuino, Esteban, obispos; Faustino, Lucio, Cándido, Celiano, Fortunato, Ireneo, Antonio, Teodoro, Saturnino, Baco el joven, Víctor, Jenaro, Marco, mártires; Maximiano, Marino, Máximo, abades; Nino, Pablo el Joven, Sántulo, Silvia, confesores; Urbicio, eremita; Cristiana, virgen.San Valeriano de Abbensa, obispo. (¿Confesor? ¿Mártir)Nuestro santo de hoy, figura en el Martirologio Romano, como obispo y también nombrado como confesor y mártir.
Para recordar a este santo hemos de remontarnos al siglo V y los momentos difíciles de las invasiones bárbaras. No tenemos muchos datos, pero dicho Martirologio lo recoge como santo y como ejemplo de hombre firme en su fe y valiente a la hora de defender lo referente a la verdadera doctrina.
Elegido obispo de Abbensa, en África Proconsular, el rey arriano Genserico a su llegada al lugar encontró al más que octogenario Valeriano al que intentó humillar por todos los medios para demostrar la supremacía de sus creencias a las del humilde Valeriano. Lo que no pudo prever Genserico, hombre acostumbrado al pillaje, despotismo y destrucción, es que el obispo, a pesar de ser anciano y de aspecto desvalido, acabaría por sacarle de sus casillas.
Su primera ofensiva fue la doctrinal, pasando luego al desprestigio de su persona. Valeriano, defendió su fe ante el rey quien quiso, además, apoderarse de los bienes de la iglesia, especialmente los vasos sagrados y todo aquello que tuviera que ver con el culto al Señor, especialmente si era de cierto valor.
A pesar de los intentos y amenazas del rey, Valeriano se resistía a entregar los bienes de su iglesia por lo que poco después fue expulsado de la ciudad de forma ostentosa. La expulsión venía acompañada de un edicto para que nadie lo pudiera alojar en su casa, tanto en la ciudad como en el campo, y que ninguna persona remediara sus necesidades. Valeriano se vio, por tanto, condenado a vivir en la vía pública y a la intemperie, lo cual, unido a su edad, fue minando su salud y acortando su vida.
Y así, en fechas cercanas al año 460, en uno de los márgenes de la vía pública, sólo, abandonado, sin nadie que pudiera consolarle en sus últimos momentos, el obispo Valeriano entregaba su alma al Señor.
El título que la Iglesia le concede es el de Confesor, dada la defensa de la verdadera fe, pero bien podía haberle concedido el de Mártir; al fin y al cabo sus últimos años fueron un sacrificio incruento pero lleno de sufrimientos.
Su fiesta se marca en el Martirologio hoy, día 15 de diciembre.
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