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24 mayo, 2016 a las 15:23 #9682
Anónimo
InactivoComieron todos y se saciaron.Lectura del santo evangelio según San LucasEn aquel tiempo, Jesús se puso a hablar al gentío del reino de Dios y curó a los que lo necesitaban.
Caía la tarde, y los Doce se le acercaron a decirle: – «Despide a la gente; que vayan a las aldeas y cortijos de alrededor a buscar alojamiento y comida, porque aquí estamos en descampado.»
Él les contestó: – «Dadles vosotros de comer.»
Ellos replicaron: – «No tenemos más que cinco panes y dos peces; a no ser que vayamos a comprar de comer para todo este gentío.»
Porque eran unos cinco mil hombres.
Jesús dijo a sus discípulos: – «Decidles que se echen en grupos de unos cincuenta.»
Lo hicieron así, y todos se echaron.
Él, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición sobre ellos, los partió y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran a la gente. Comieron todos y se saciaron, y cogieron las sobras: doce cestos.
Palabra del Señor.27 mayo, 2016 a las 17:15 #12859Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio del domingo. EL NUEVO DOMINGO. [align=justify]EL domingo ya no es lo que era hace unos años. En poco tiempo ha crecido y se ha convertido en el ‘fin de semana’, que comienza ya el viernes por la tarde y en el que gran parte de la población puede vivir de manera diferente escapando de las obligaciones del trabajo, de los horarios impuestos y de la rutina diaria.No todos vivimos este ‘nuevo domingo’ de la misma manera. Para algunos es una verdadera suerte; tienen iniciativa, posibilidades y fantasía para disfrutar a su gusto de estos días. Para otros es un tiempo cruel, pues sienten con más fuerza su soledad, enfermedad y vejez; el domingo sólo despierta en ellos tedio y nostalgia. Otros temen el domingo, no saben qué hacer con él, se aburren; si no hubiera fútbol sería insoportable.
Teólogos y liturgias se preguntan hoy cómo será en el futuro el domingo cristiano. ¿Se reducirá a una celebración de la misa, aislada y sin conexión alguna con el fin de semana de la gente? Por el contrario, «¿no será posible una integración dinámica de los valores humanos del fin de semana en la mística del domingo?». El liturgista de Mutriku ofrece en su libro Para vivir el domingo algunas pistas.
El domingo cristiano puede ser el alma del fin de semana, que ayude a los creyentes a experimentar mejor su libertad de hijos de Dios, sin imposiciones ni fines utilitaristas. La Eucaristía podría ayudar a recuperar el sosiego y reavivar el aliento interior. El fin de semana podemos ser un poco más ‘nosotros mismos’.
Por otra parte, se podría recuperar el sábado como fiesta de la creación; de esta manera se podría conseguir el domingo con la celebración de la salvación. Así piensan algunos liturgistas. La fe ayudaría a vivir el fin de semana como una celebración al Creador y un encuentro con la naturaleza, no por medio del trabajo sino del disfrute y de la contemplación.
Por último, la celebración de la ‘asamblea eucarística’ puede animar y dar un sentido más hondo a esa otra dimensión del fin de semana que es la comunicación entrañable y gratificante con amigos y familiares o el encuentro con otras personas y otros pueblos. El fin de semana puede ser experiencia de encuentro y comunión de hermanos. ¿Crecerá el domingo cristiano hasta ser ‘fermento y sal’ del fin de semana de la actual cultura? En cualquier caso podemos hacernos una pregunta en esta fiesta de la Eucaristía: ¿Sabemos los cristianos extraer de la Eucaristía dominical aliento y alegría para vivir el nuevo domingo?
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] HACER MEMORIA DE JESÚS[align=justify]Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles. Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.La escucha del EvangelioHacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos. Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.
La memoria de la CenaHacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: «Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo». En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús». Nos sentimos salvados por Cristo, nuestro Señor.
La oración de JesúsAntes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.
La comunión con Jesús
Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: «Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano».
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
CORPUS DE LA UNIÓN[align=justify]Jesús une sagrario y pobres, alimento y servicio, entrega y misión. Es una unión que no podemos olvidar. Es consustancial. La vida del sacramento nos conduce al compromiso con los que necesitan el pan en sus vidas. Pan para saciar el hambre y también pan que sacie su sed de existencia.El Corpus nos invita a hacernos pan por los demás, a ser pan. Una vida de compartir, de “dar de comer”, como nos invita el Evangelio, de combatir tantas hambres de hoy.
¡Feliz Corpus! Jesús nos lleva a conectar aún más con la vida. Apostemos por ella.
[/align] [align=right]Dibujo: Patxi V. FANOTexto: Fernando Cordero ss.cc.
[/align] 27 mayo, 2016 a las 17:15 #18912Anónimo
InactivoOs dejo los comentarios al Evangelio del domingo. EL NUEVO DOMINGO. [align=justify]EL domingo ya no es lo que era hace unos años. En poco tiempo ha crecido y se ha convertido en el ‘fin de semana’, que comienza ya el viernes por la tarde y en el que gran parte de la población puede vivir de manera diferente escapando de las obligaciones del trabajo, de los horarios impuestos y de la rutina diaria.No todos vivimos este ‘nuevo domingo’ de la misma manera. Para algunos es una verdadera suerte; tienen iniciativa, posibilidades y fantasía para disfrutar a su gusto de estos días. Para otros es un tiempo cruel, pues sienten con más fuerza su soledad, enfermedad y vejez; el domingo sólo despierta en ellos tedio y nostalgia. Otros temen el domingo, no saben qué hacer con él, se aburren; si no hubiera fútbol sería insoportable.
Teólogos y liturgias se preguntan hoy cómo será en el futuro el domingo cristiano. ¿Se reducirá a una celebración de la misa, aislada y sin conexión alguna con el fin de semana de la gente? Por el contrario, «¿no será posible una integración dinámica de los valores humanos del fin de semana en la mística del domingo?». El liturgista de Mutriku ofrece en su libro Para vivir el domingo algunas pistas.
El domingo cristiano puede ser el alma del fin de semana, que ayude a los creyentes a experimentar mejor su libertad de hijos de Dios, sin imposiciones ni fines utilitaristas. La Eucaristía podría ayudar a recuperar el sosiego y reavivar el aliento interior. El fin de semana podemos ser un poco más ‘nosotros mismos’.
Por otra parte, se podría recuperar el sábado como fiesta de la creación; de esta manera se podría conseguir el domingo con la celebración de la salvación. Así piensan algunos liturgistas. La fe ayudaría a vivir el fin de semana como una celebración al Creador y un encuentro con la naturaleza, no por medio del trabajo sino del disfrute y de la contemplación.
Por último, la celebración de la ‘asamblea eucarística’ puede animar y dar un sentido más hondo a esa otra dimensión del fin de semana que es la comunicación entrañable y gratificante con amigos y familiares o el encuentro con otras personas y otros pueblos. El fin de semana puede ser experiencia de encuentro y comunión de hermanos. ¿Crecerá el domingo cristiano hasta ser ‘fermento y sal’ del fin de semana de la actual cultura? En cualquier caso podemos hacernos una pregunta en esta fiesta de la Eucaristía: ¿Sabemos los cristianos extraer de la Eucaristía dominical aliento y alegría para vivir el nuevo domingo?
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] HACER MEMORIA DE JESÚS[align=justify]Al narrar la última Cena de Jesús con sus discípulos, las primeras generaciones cristianas recordaban el deseo expresado de manera solemne por su Maestro: «Haced esto en memoria mía». Así lo recogen el evangelista Lucas y Pablo, el evangelizador de los gentiles. Desde su origen, la Cena del Señor ha sido celebrada por los cristianos para hacer memoria de Jesús, actualizar su presencia viva en medio de nosotros y alimentar nuestra fe en él, en su mensaje y en su vida entregada por nosotros hasta la muerte. Recordemos cuatro momentos significativos en la estructura actual de la misa. Los hemos de vivir desde dentro y en comunidad.La escucha del EvangelioHacemos memoria de Jesús cuando escuchamos en los evangelios el relato de su vida y su mensaje. Los evangelios han sido escritos, precisamente, para guardar el recuerdo de Jesús alimentando así la fe y el seguimiento de sus discípulos. Del relato evangélico no aprendemos doctrina sino, sobre todo, la manera de ser y de actuar de Jesús, que ha de inspirar y modelar nuestra vida. Por eso, lo hemos de escuchar en actitud de discípulos que quieren aprender a pensar, sentir, amar y vivir como él.
La memoria de la CenaHacemos memoria de la acción salvadora de Jesús escuchando con fe sus palabras: «Esto es mi cuerpo. Vedme en estos trozos de pan entregándome por vosotros hasta la muerte… Este es el cáliz de mi sangre. La he derramado para el perdón de vuestros pecados. Así me recordaréis siempre. Os he amado hasta el extremo». En este momento confesamos nuestra fe en Jesucristo haciendo una síntesis del misterio de nuestra salvación: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús». Nos sentimos salvados por Cristo, nuestro Señor.
La oración de JesúsAntes de comulgar, pronunciamos la oración que nos enseñó Jesús. Primero, nos identificamos con los tres grandes deseos que llevaba en su corazón: el respeto absoluto a Dios, la venida de su reino de justicia y el cumplimiento de su voluntad de Padre. Luego, con sus cuatro peticiones al Padre: pan para todos, perdón y misericordia, superación de la tentación y liberación de todo mal.
La comunión con Jesús
Nos acercamos como pobres, con la mano tendida; tomamos el Pan de la vida; comulgamos haciendo un acto de fe; acogemos en silencio a Jesús en nuestro corazón y en nuestra vida: «Señor, quiero comulgar contigo, seguir tus pasos, vivir animado con tu espíritu y colaborar en tu proyecto de hacer un mundo más humano».
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[align=right]José Antonio Pagola[/align] También el de Kamiano.
CORPUS DE LA UNIÓN[align=justify]Jesús une sagrario y pobres, alimento y servicio, entrega y misión. Es una unión que no podemos olvidar. Es consustancial. La vida del sacramento nos conduce al compromiso con los que necesitan el pan en sus vidas. Pan para saciar el hambre y también pan que sacie su sed de existencia.El Corpus nos invita a hacernos pan por los demás, a ser pan. Una vida de compartir, de “dar de comer”, como nos invita el Evangelio, de combatir tantas hambres de hoy.
¡Feliz Corpus! Jesús nos lleva a conectar aún más con la vida. Apostemos por ella.
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