Inicio › Foros › Formación cofrade › Santoral › 09/07/2016 Francisco Fogolla, obispo y mártir.
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9 julio, 2016 a las 7:26 #9734
Anónimo
InactivoNuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Santos: Cirilo, obispo y mártir; Beltrán, Ponciano, Focio, Fraterno, Bricio, obispos; Juliana, virgen y mártir; Anatolia, Audaz, Victoria, Andrés, Probo, Elgar, Eusanio, Everilda, Zenón, Faustina, Floriana, Patermuto, Copretes, Alejandro, mártires; Teófanes, confesor; Verónica de Julianis, virgen; Joaquín Ho, catequista laico mártir de China; mártires franciscanos de Shanxi: Gregorio Grassi y Francisco Fogolla, obispos; Elías Facchini y Teodorico Balat, sacerdotes; Andrés Bauer, hermano religioso.Francisco Fogolla, obispo y mártir.Nació en Montereggio, en la región de los Apeninos de Lunigiana, el 4 de octubre de 1839, por lo que le impusieron el nombre del Santo de Asís. Recibió de sus padres una buena educación moral y religiosa. En Parma, adonde se había trasladado su familia, tuvo un contacto frecuente con los Hermanos Menores de la iglesia de la Annunziata, y no tardó en sentir crecer en su corazón la vocación franciscana y misionera. Vistió el hábito franciscano en 1858 y al año siguiente hizo la profesión religiosa. Terminados los estudios, fue ordenado sacerdote en 1863.
Después de la adecuada formación, recibida en el convento romano de San Bartolomé de la Isla Tiberina, en diciembre de 1866 se embarcó para China. De camino, permaneció un año en Palestina para visitar los Santos Lugares y prepararse espiritualmente. El 11 de febrero de 1868 llegó a China y fue destinado a Taiyuanfu, en Shansi, donde se encontraba Monseñor Gregorio Grassi y donde fue acogido con gran alegría por el Vicario Apostólico Mons. Mocagatta. Pronto su celo suscitó la admiración de los fieles y el odio de los adversarios. Llegó a poseer un extraordinario conocimiento del idioma chino. A los siete años de su llegada fue nombrado rector del seminario y Vicario General de la misión de Lun-gan-fu, y en calidad de tal se dedicó a visitar las comunidades cristianas, a administrar sacramentos, a predicar a cristianos y no cristianos.
Era un año de carestía y la gente, desnutrida y hambrienta, moría de hambre en las casas, en las calles y en los campos. El misionero pidió y obtuvo recursos de Europa a cambio de estatuillas de bronce y objetos artesanales locales que recibió de sus feligreses y envió a París; así fue para todos amoroso dispensador de ayuda. Con ocasión de la Exposición Misionera Internacional de Turín, viajó con cuatro seminaristas. En París lo sorprendió la noticia de su nombramiento como obispo auxiliar de Mons. Grassi, y allí mismo fue consagrado el 24 de agosto de 1898.
Recorrió Francia, Bélgica e Inglaterra buscando ayuda para la misión, y en Roma consiguió la mejor que podía desear: siete hermanas que la madre María de la Pasión enviaba a Taiyuanfu para atender el orfanato y otras tareas asistenciales. El 12 de marzo de 1899 emprendió el viaje de regreso a China con las siete Franciscanas Misioneras de María.
Entregado de nuevo a su trabajo y apenas asumidas las nuevas responsabilidades que se le habían confiado, lo sorprendió la persecución de 1900, con la llegada a Shansi del sanguinario gobernador Ju-sien. Sus últimas palabras fueron: «Nunca hemos perjudicado a nadie; al contrario, hemos beneficiado a muchos». A su hermano que lo invitaba insistentemente a volver a Italia, le escribió: «Deseo morir con las armas en las manos combatiendo contra el infierno para estar más cerca de volar al cielo».
En la residencia misionera de Tai-yuen-fu, estaban los dos obispos franciscanos, siete misioneras franciscanas de María, tres religiosos franciscanos, dos de ellos sacerdotes, y catorce fieles seglares, a los que la providencia de Dios destinaba a la gloria del martirio. El día 4 de julio de 1900 no se les ocultaba ya a los obispos ni a los demás la suerte que les esperaba si las medidas persecutorias se tomaban con ellos, lo que era absolutamente probable.
Ninguno quiso huir, sino que todos decidieron correr juntos la suerte que Dios dispusiera y morir por la fe, si ésa era la voluntad divina. A medianoche del día 4 se oyen llegar los carros y los caballos de los soldados, una veintena, que llegan y ordenan a todos subir a un carro. Son llevados a la casa de un mandarín, donde quedan en calidad de presos y metidos en una única habitación, húmeda y estrecha, en donde muy mal caben. Hay un jergón y acuestan en él a las huérfanas enfermitas que las religiosas han llevado consigo. Todos se dedican a la oración y en ella perseveran, con mala comida y asistencia, hasta que llega la fecha del 9 de julio. Pidieron a sus guardianes que les dejaran celebrar la misa y todos se robustecieron con la eucaristía. A las tres de la tarde llegaron rumores alarmantes a la prisión. El obispo Grassi les da la absolución sacramental a todos.
Todo el grupo fue martirizado, entre ellos nuestro santo de hoy, que fue decapitado por los boxers el 9 de julio de 1900.
Tenía 61 años de edad, 30 de misionero y dos de obispo.
El grupo de mártires, fueron beatificados por el Papa Pío XII el 24 de noviembre de 1946 y canonizados por el Papa Juan Pablo II el 1 de octubre de 2000.
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