Santos: Florencio, Atenedoro, Rufo, Herculano, Prosdócimo, Engelberto, Restituto, Wilibrordo, obispos; Aquiles, Agomar, Ernesto, Lázaro, confesores; Leopardo, Melasipo, Antonio, Casina, Taurión, Tesalónica, Carinos, Hierón, Hexiquio, Aucto, mártires; Gertrudis, abadesa; Severino, monje; Pedro Wu, catequista laico mártir de China.
San Atenodoro de Neocesarea, obispo.
La vida de San Atenodoro, está indisolublemente ligada a la de su hermano mayor San Gregorio «el taumaturgo».
Juntos parten de su ciudad natal, Neocesarea del Ponto, por invitación de su hermana a Palestina, a complementar sus estudios de leyes, pero conocen allí a Orígenes, y quedan inmediatamente cautivados por el gran maestro cristiano Gregorio.
A Gregorio debemos el conocido e importantísimo panegírico de Orígenes, que tanto sirve al conocimiento de la catequesis de aquellos tiempos, que pronunció al dejar la escuela para volver a su patria. De Atenodoro, en cambio, apenas sabemos lo que dice Eusebio en su Historia Eclesiástica, y que reproduce el elogio del Martirologio Romano, que fue «tan aventajado en las letras divinas, que, pese a su juventud, se le consideró digno de ejercer el ministerio episcopal.»
Permaneció con Orígenes y junto con Gregorio cinco años, y al parecer, a la muerte de su hermano en el 270, le sucedió en el episcopado de la misma sede del Ponto; aunque debe aclararse que Eusebio los menciona, las tres veces que lo hace, juntos, y no distingue los dos turnos de episcopado. No se han conservado obras escritas de Atenodoro.