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10 diciembre, 2016 a las 9:07 #9916
Anónimo
InactivoLa Traslación de la Santa Casa de Loreto. Santos: Eulalia de Mérida, Julia, vírgenes; Melquiades (Melciades), Gregorio III, papa; Carpóforo, presbítero y mártir; Abundio, diácono y mártir; Menas, Hermógenes, Eugrafo, Mercurio, Gemelo, Edmundo, Suintino, mártires; Sindulfo, Diosdado, obispos.Santos Edmundo Gennings y Suintino Wells, mártires.Los siguientes datos, corresponden al conjunto de los santos Edmundo Gennings, Suintino Wells, Poliodoro Plasden y Eustacio White, y los beatos Brian Lacy, Juan Mason y Sidney Hogdson, que el Martirologio inscribe este mismo día en dos noticias separadas.
El 18 de octubre de 1591, se promulgó un edicto real sobre la aplicación de las leyes contra los católicos en Inglaterra. El 10 de diciembre, murieron en Londres los primeros siete mártires del nuevo régimen. Entre ellos el principal era San Edmundo Gennings, uno de nuestros santos de hoy.
Este sacerdote había nacido en Lichfield en 1567 y había sido educado en el protestantismo. Su hermano cuenta que de niño era muy serio y muy dado a mirar las estrellas, tanto en el sentido literal como en el figurado. A los dieciséis años, Edmundo entró a servir de paje en casa de un noble católico. Pronto se reconcilió con la Iglesia e ingresó en el Colegio Inglés de Reims. Parecía que la mala salud le iba a impedir realizar sus deseos pero sanó milagrosamente y pudo ordenarse a los veintitrés años, después de obtener la dispensa de edad. El Padre Genings dio testimonio de la fe aun antes de salir de Francia; en efecto, en abril de 1590, cuando se dirigía a la corte con otros compañeros, los hugonotes los asaltaron, los robaron y los tuvieron prisioneros durante tres días. La expedición desembarcó en Whitby con grave peligro.
El Padre Genings consiguió llegar a su ciudad natal, donde se enteró de que todos sus parientes habían muerto, excepto su hermano Juan, que estaba en Londres. Allí le buscó en vano durante un mes y ya había determinado partir de la ciudad, cuando se topó inesperadamente con Juan, en Ludgate Hill. Juan no manifestó especial alegría al ver a Edmundo, pues sospechaba que era sacerdote. En seguida le vaticinó que, si estaba ordenado, lo pagaría con la vida y acarrearía la ruina y el descrédito a sus amigos. Al oír aquello, Edmundo comprendió que no era el momento oportuno para hacer el intento de convertir a su hermano, y se retiró al campo. En el otoño de 1591, regresó a Londres y celebró la misa en la casa de San Suintino Wells, otro de los santos que tratamos hoy, quien vivía en Gray’s Inn Lane.
El señor Wells era el sexto hijo de Tomás Wells, gentilhombre de Brambridge, en Winchester. Según parece, vivió apaciblemente en el campo hasta la madurez, hizo algunos viajes al extranjero y sirvió en casa de algunos nobles. «Era un hombre de ágil inteligencia, dominaba diversos idiomas… amaba ciertas diversiones honestas e inocentes, y era siempre muy devoto en la oración…» Durante seis años, se ocupó en la «tarea más elevada de instruir a algunos jóvenes de la nobleza en virtud y letras», es decir que dirigió una escuela en Monkton Farleigh de Wiltshire.
En 1585, se trasladó a Londres con Margarita, su esposa. Durante los seis años siguientes, estuvo preso por lo menos dos veces a causa de la fe y fue sometido a severos interrogatorios. El 8 de noviembre, cuando el Padre Genings celebraba la misa en casa del Sr. Wells en presencia de unos cuantos católicos, llegó Topcliffe, el famoso «atrapa-curas», con una escolta. Los fieles hicieron lo posible para detener a Topcliffe y a sus hombres hasta que terminó la misa, pero inmediatamente después, éste tomó prisioneros a San Edmundo, a San Poliodoro Plasden, que era también sacerdote, a los beatos Juan Mason y Sidney Hodgson, a la Sra. Wells y a algunos otros. El Sr. Wells que estaba ausente, fue arrestado poco después.
Los jueces condenaron a muerte a Edmundo Genings y a Poliodoro Plasden por haber vuelto a Inglaterra a ejercer el ministerio sacerdotal, al Sr. Wells por haberlos hospedado, a la Sra. Wells, a Mason y a Hodgson por haberles prestado ayuda.
San Edmundo fue ahorcado, arrastrado y descuartizado. A San Swithin se le ahorcó en Gray’s Inn Fields, muy cerca de la casa del Sr. Wells. En el camino de Newgate al sitio de la ejecución, Swithin gritó a alguien que se hallaba entre la multitud: «¡Adiós, amigo mío! ¡Adiós a la caza y a los buenos tiempos! Me voy a un mundo mejor». San Edmundo no había perdido aún el conocimiento, cuando comenzaron los verdugos a descuartizarle, puesto que lanzó gemidos de dolor. Su compañero de martirio le dijo: «¡Pobre amigo mío! Tus sufrimientos son muy grandes, pero están a punto de terminar. Pide por mí, santo de Dios, para que mis sufrimientos lleguen pronto». El verdugo y algunos de los presentes afirmaron que había invocado a San Gregorio mientras le arrancaban el corazón y las entrañas.
Swithin se quejó de que, a pesar de su avanzada edad, le tuviesen en camisa a la intemperie, mientras preparaban la ejecución y, cuando llegó el momento dijo al verdugo: «Pido a Dios que haga de vos otro San Pablo, como lo hizo con Saulo». Topcliffe se acercó para decir a San Swithin: «Ya veis, Sr. Wells, a dónde os han conducido vuestros sacerdotes». Él replicó serenamente, ya con la soga al cuello: «Estoy muy feliz y doy gracias a Dios por haberme permitido albergar a tantos sacerdotes santos». Los santos Poliodoro, Juan y el beato Sidney, fueron ejecutados el mismo día, 10 de diciembre, en Tyburn. Con ellos sufrieron el martirio los beatos Eustacio White y Brian Lacey.
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