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13 enero, 2017 a las 9:18 #9958
Anónimo
InactivoSantos: Hilario, obispo y doctor; Vero, Kentigerno, obispos; Gumersindo, presbítero y mártir; Servideo, monje y mártir; Potito, Hérmilo y Estratónico, mártires; Agricio, Leoncio, obispos; Gláfira, Verónica de Binasco, vírgenes; Vivencio, confesor.San Servideo, monje y mártir.En la ciudad de nuestra región hispánica de Córdoba, en Andalucía hubo dos santos mártires, Gumersindo y Servideo, presbítero y monje respectivamente, los cuales reconociéndose como cristianos ante los príncipes y jueces sarracenos, perdieron la vida por su fe en Cristo. En anterior ocasión, ya conocimos la vida y muerte de Gumersindo (ver misma fecha en años anteriores) y hoy relatamos la parte correspondiente a Servideo.
San Eulogio de Córdoba, en su obra «Memoriale Sanctorum», trata de mostrar frente a quienes querían a toda costa, contemporizar con el poder en Córdoba en manos de los musulmanes, que el martirio es un verdadero y recto tributo a Dios, algo deseable para cualquier cristiano. Para eso nos presenta una a una las figuras concretas de los mártires, insistiendo no tanto en el desarrollo completo del proceso contra ellos, como en las «actas» tradicionales, sino en cómo el martirio resulta una coronación de una vida cristiana encaminada a la piedad. Así se nos han conservado lo que podríamos llamar «historias mínimas», como la del santo Servideo, que celebramos hoy.
Servideo (es decir, Servidor de Dios) era un joven monje, que se había formado junto con Gumersindo, y vivía ahora como recluso en un santuario. Un día (San Eulogio no es más específico con las circunstancias) bajaron juntos a la ciudad, y Abderramán II que era el rey y dueño de esta ciudad, había establecido que cualquier musulmán podía matar, sin mayores formalidades, al cristiano que hablara mal de Mahoma. Fue denunciados como cristianos y
y señalados para su muerte, y allí mismo fueron decapitados el 13 de enero del año 852.
Sus restos fueron sustraídos por los cristianos, y escondidos en la iglesia de San Cristóbal, para poder perpetuar la veneración por ellos. El médico y erudito cordobés Dr. Ángel Fernández Dueñas, afirma que es posible que los restos perdidos de estos mártires estén en la urna común que se conserva en la catedral de Córdoba, y que tuvo la oportunidad de estudiar personalmente.
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