Nuestra Señora de la Fontcalda. Santos: Egidio (Gil), abad; Terenciano, Victorio, Constancio, Melecio, Prisco, Lupo, Sixto, Támaro, obispos; Anmón, diácono y mártir; Leto, Régulo, Vicente, Arturo, Inés, Castrense, Rosio, Heraclio, Secundino, Adyutorio, Marcos, Elpidio. Canión, Vindomio, mártires; Ana, profetisa; Verena, virgen; Josué, patriarca; Gedeón, juez.
San Terenciano de Todi, obispo y mártir.
Su nombre viene de la lengua latina y significa «atento, delicado». Se convirtió gracias a la fe que veía en los primeros cristianos que llegaron a la ciudad de Todi, Italia, llegando a ser su obispo.
Muchos paganos se convirtieron a la fe de Cristo por su celo pastoral.
La envidia de los sacerdotes paganos hacia él, crecía de día en día. Por eso, llevados por su envidia y enfurecidos por las numerosas conversiones, lo denunciaron al emperador Adriano.
Por orden del procónsul Licinio, fue atormentado en el potro y con escorpiones y mientras se le iba la vida, repetía: «Señor, sean confundidos los que adoran a dioses falsos y se glorían de sus ricas imágenes».
Y sucedió que un sacerdote pagano quedó ciego y los templos se cayeron al suelo. Entonces el santo volvió a decir: «Gloria a ti, Jesús bendito, que colmas de bendiciones a quienes creen en ti».
El juez le preguntó: ¿Dónde está tu Dios? Y Terenciano contestó: «Está conmigo y si tú creyeras en él, encontrarías misericordia».
Enfurecido, el juez mandó que le cortaran la lengua, y luego le degollaron.