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2 febrero, 2014 a las 10:35 #14684
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InactivoLa Presentación del Señor. Santos: Catalina de Ricci, virgen; Cornelio, el Centurión; Lorenzo, Flósculo, obispos; Cándido, Fortunato, Aida, Feliciano, Firmo, Aproniano, mártires; Adalbaldo, confesor; Juana de Lestonnac, fundadora.Santa Catalina de Ricci, virgen.Nace el 23 de abril de 1522 en Florencia, en el seno de una noble familia de Ricci, que tuvo mucho poder y importancia en la ciudad. Sus padres le pusieron por nombre Alejandra Lucrecia Rómola
Siendo ella todavía muy niña, murió su madre.
Su padre se volvió a casar en segundas nupcias y Alejandra quedó bajo el cuidado de su nueva madrastra.
Poco tiempo después, su padre dispuso que recibiera su primera educación en el convento de monjas de Monteceli donde estaba una tía suya. Es allí donde recibe y sobresale por su aplicación en los estudios.
La niña siente verdadera devoción por los relatos de la Pasión de Cristo, tanto es así que desde esos tiempos al Crucifijo de aquel monasterio se le denomina «Crucifijo de Catalina» por todo el tiempo que pasaba ante Cristo orando y contemplándolo.
A los doce años participa en un retiro en la comunidad del monasterio de San Vicente Ferrer en Prato, perteneciente a la Tercera Orden Regular de Santo Domingo.
Poderosamente queda impactada por el estilo de vida y trabajo de las hermanas, que pide la admisión en la comunidad. Cuando su padre fue a buscarla para volverla a casa, no quiso ir con él.
El lunes de Pentecostés, 18 de mayo de 1535, a los trece años, toma el hábito de la terciaria Orden de Santo Domingo, de manos de su tío Timoteo de Ricci, cambiando el nombre de Alejandrina por el de Catalina.
Profesó al año siguiente y se dedicó de tal forma a la contemplación singularmente de la Pasión del Señor, que de ordinario estaba abstraída de los sentidos. Por su gran humildad, siempre se puso bajo la obediencia de los superiores.
Dotada de natural prudencia, fue nombrada superiora de la comunidad, cargo que ostentó durante dieciocho años, ganando mucho las religiosas en lo espiritual y en lo temporal por las muchas limosnas que le enviaban, con lo que pudo acabar la fábrica del convento y acoger muchas jóvenes.
La comunidad tenía por lo menos 120 monjas y en unos años llegó a contar hasta con 160 religiosas.
Un caso verdaderamente sorprendente ocurrió en Catalina durante los años 1542-1554. Durante estos doce años, revivió en su cuerpo las llagas de Jesús Crucificado durante la Pasión del Señor.
Y poco tiempo después, el Señor vino a visitarla enviándole una terrible y múltiple enfermedad, ya que fueron varias las dolencias que a la vez afligían su débil cuerpo. Las mismas religiosas y los médicos quedaban admirados cómo era posible que pudiera resistir tanto dolor en su cuerpo y de todo tipo.
Se le apareció un alma beata de su Orden, quién hizo sobre ella la señal de la cruz y quedó curada por varios años.
Durante estos atroces tormentos tenía una medicina que la curaba ó por lo menos le daba paz y alivio: Era el meditar en la Pasión del Señor. En los muchos dolores que Él sufrió por nosotros… Meditaba paso a paso, en toda su viveza y a veces se le manifestaba el Señor bien con la Cruz a cuestas, bien coronado de espinas o clavado en la Cruz.
Recibió muchos dones y regalos del cielo: revelaciones y gracias de profecía y milagros. El don de leer los corazones. Luces especiales en los más delicados asuntos de los que ella nada sabía. Por ello acudieron a consultarla Papas, cardenales, Príncipes de Florencia, el Hijo del Rey de Baviera, igual que personas sencillas y humildes.
A todos atendía con gran bondad y humildad ya que se veía anonada por sus miserias y se sentía la más pecadora de los mortales. Tuvo gran amistad y correspondencia con San Carlos Borromeo, San Felipe Neri, San Pío V y Santa María Magdalena de´ Pazzi.
El día Primero de febrero de 1590 recibió los santos sacramentos. Recibió el viático de rodillas, y su rostro se resplandecía como él de un ángel.
Llamó después a las religiosas, les hizo una exhortación al amor de Dios y a la observancia regular, poniéndose de nuevo en oración hasta la noche.
Murió poco después. Era el día dos de febrero del año 1590 y toda la ciudad de Prato se conmovió.
Fue beatificada por Clemente XII el 23 de noviembre de 1732 y canonizada por Benedicto XIV el 29 de Junio de 1746.
El cuerpo incorrupto de la santa se venera en la Basílica menor de San Vicente Ferrer y Santa Catalina de´ Ricci en Prato, donde las monjas dominicas siguen viviendo su espiritualidad y su mensaje de amor.
Catalina es también copatrona de la ciudad y diócesis de Prato en Italia, y en Guantánamo, desde 1836, una parroquia, hoy catedral, está dedicada a la santa.
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