Inicio Foros Formación cofrade Santoral 02/02/2018 San Nicolás Saggio de Langobardis, religioso.

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    La Presentación del Señor. Santos: Catalina de Ricci, virgen; Cornelio, el Centurión; Lorenzo, Flósculo, obispos; Cándido, Fortunato, Aida, Feliciano, Firmo, Aproniano, mártires; Adalbaldo, confesor; Nicolás, religioso; Juana de Lestonnac, fundadora.

    San Nicolás Saggio de Langobardis, religioso.

    De nombre de pila Juan Bautista Saggio, era hijo de Fulvio Saggio y de Aurelia Pizzini, y nació en Longobardi, junto a Cosenza, el 6 de enero de 1649.

    Educado piadosamente por su madre, al llegar a la adolescencia ayudaba a su padre en las tareas del campo, al tiempo que llevaba una vida ejemplar. Había en su pueblo un convento de religiosos mínimos de San Francisco de Paula y a él acudió Juan Bautista para encauzar la vocación religiosa que intensamente sentía. Sus padres, pese a ser personas piadosas, se opusieron con toda energía, y hubo el joven con gran paciencia y la ayuda extraordinaria de Dios de vencer esta resistencia y poder realizar su vocación.

    Fue enviado a Paola a hacer su noviciado, recibiendo el hábito en calidad de oblato y tomando el nombre de hermano Nicolás.

    Destinado a su propio pueblo natal por dos años, pasó luego al de S. Marco Argentano, donde desempeñó los oficios de cocinero, jardinero y limosnero. Posteriormente pasó por otros cuatro conventos con idénticos oficios. En todos los conventos dejaba una estela de ejemplaridad en el cumplimiento de la regla y en el espíritu de fervorosa piedad. El corrector general de la Orden, P. Pedro Curtí de Cosenza, se lo llevó a Roma, al convento de San Francisco de Paula Monti, donde fue sacristán y luego portero. Dios le concedió extraordinarios dones místicos que le hicieron notable en su comunidad y fuera de ella, por lo que tuvo general fama de santidad en Roma.

    Entre 1693 y 1697 vivió fuera de Roma, y dentro de esos años, uno en el convento de su pueblo natal, cuya iglesia logró restaurar con las limosnas recogidas. Vuelto a Roma, volvió a ser objeto de la veneración universal por su contagiosa piedad y su humildad evangélica. Cuando se puso enfermo, acudieron a visitar su pobre celda cientos de personas, entre ellos cardenales y prelados de la Curia.

    Murió el 2 de febrero de 1709.

    Fue beatificado por Su Santidad el Papa Pío VI el 11 de julio de 1786 y canonizado por Su Santidad el Papa Francisco, el 23 de noviembre de 2014.

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