Inicio Foros Formación cofrade Santoral 02/05/2013 San José María Rubio y Peralta.

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    Fiesta de María Reparadora. Santos: Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia; Videmial, Eugenio, Longinos, Germán, obispos y mártires; Félix, diácono y mártir; Flaminia, Saturnino, Neópolo, Germán, Celestino, Exuperio, Ciriaco, Teódulo, Florencio, Eugenio, Zoe, Simplicio y Ambrosio, mártires; Valentín, obispo; Antonino Pierozzi, José María Rúbio, confesores; Daniel, monje; Guivorada, penitente; Mafalda, beata.

    San José María Rubio y Perarta.

    José María Rubio Peralta, más conocido como el Padre Rubio, nació en el almeriense pueblo de Dalías en 1864, así pues andaluz de nacimiento, pero madrileño de adopción, desde su más tierna infancia destaca por su humildad, sencillez, amor a Jesús, capacidad de sacrificio, sufrimiento, obediencia… Sencillo y callado, cursó sus estudios de seminarista en Granada y Madrid, donde fue ordenado sacerdote. Su primera misa la celebró en el altar de la Virgen de la Consolación, en la actual iglesia de San Isidro. Como sacerdote diocesano, desempeñó su ministerio como coadjutor en Chinchón, y párroco en Estremera.

    La obediencia marcaría gran parte de su vida, siguiendo el lema “Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace”. Eso le llevó a ‘posponer’ su vocación jesuítica hasta la muerte de su mentor, a ser profesor en el Seminario madrileño, a obtener el doctorado en Derecho Canónico, o a ser capellán de las Madres Bernardas.

    Ingresa en el seminario Jesuítico de Granada con 42 años. Espíritu de sacrificio, generosidad y pobreza son algunas de las características de este sacerdote para quienes los pobres eran sus mejores amigos.

    Las claves espirituales en su vida como ya hemos dicho fue “Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace” y es la consigna que marca su vida, caracterizada por la obediencia y la entrega total a Dios: como sacerdote primero, y como jesuita después.

    Su amor a Jesús le lleva a una intensa actividad pastoral: confiesa, predica, acompaña espiritualmente, predica misiones populares, da catequesis, sobre todo a niños y a jóvenes en Cuatro Caminos, Puente de Vallecas, el Matadero, organiza escuelas dominicales en Mesón de Paredes, acerca Jesús a “los traperos” … Atiende a las Madres Bernardas como su capellán, a las Marías de los Sagrarios de Madrid, congregación fundada por él antes de su muerte, a las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón, en cuya fundación participa…

    Ese amor a Jesús le lleva a desarrollar una acción social imparable, que le valió el nombre de ‘padre de los pobres’ y el título póstumo de “Apóstol de Madrid”. Desprendido y generoso, entrega su dinero, su ropa, su comida, su propio tiempo… Es un prodigio en caridad. Atiende y cuida a los enfermos, ayuda a los pobres, visita a barrios como La Ventilla, Entrevías… para llevar a Jesús e impulsar mediante voluntarios la creación de escuelas y la atención y ayuda a niños, jóvenes, adultos, enfermos, obreros…

    Muestra del gran amor que Madrid tenía por este ‘santo’ fue la manifestación de dolor que se produjo al conocer la noticia de su muerte, acaecida en Aranjuez, en el año 1929, y la gran afluencia de fieles que veneraron sus restos cuando fueron trasladados al claustro de la actual iglesia de los jesuitas en la calle Serrano, en 1953.

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