Inicio › Foros › Formación cofrade › Santoral › 06/03/2014 Santa Rosa de Viterbo. virgen.
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6 marzo, 2014 a las 10:28 #8688
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InactivoSantos: Marciano, Olegario, Basilio, Evagrio, Crodegando, Claudiano, obispos; Agapio, Víctor, Victorino, Claudiano, Basa, Marciano, Conón, mártires; Cirilo, Evagrio, confesores; Coleta, Rosa de Viterbo, Kinesburga, Kineswuida, vírgenes; Bauterio, anacoreta.Santa Rosa de Viterbo. virgen.El nombre de la santa de hoy, significa «aquella que es bella» como una rosa y es de origen latino.
Rosa nació en Viterbo en 1235. Viterbo formaba parte entonces del patrimonio de San Pedro. En 1216 había muerto Inocencio III, a quien se ha llamado el Augusto del pontificado. Con él se llegó a la cúspide de la autoridad de la Iglesia sobre el mundo. Pero, a su muerte, el emperador Federico II estuvo en lucha constante con los papas Gregorio IX e Inocencio IV. De la lucha salieron debilitados los dos poderes, el imperial y el pontificio. Se acercaban días malos para la Iglesia.
Los padres de Rosa eran pobres y excelentes cristianos. Ya en su más tierna infancia todos se dieron cuenta de que Dios tenía grandes planes sobre ella. De verdad que es asombrosa la mezcla de lo natural y de lo sobrenatural en su vida.
Fue uno de los más brillantes ornamentos de la Tercera Orden de San Francisco, y de la Santa Iglesia, fue la penitente y maravillosísima doncella Santa Rosa, natural de Viterbo.
A los tres años recogiendo los pedazos de un cántaro que se le rompió a una niña, se lo devolvió entero.
Queriendo su padre ver el alimento que llevaba para los pobres, se convirtió el pan en rosas.
A los siete años se recogió en un aposento de su casa muy retirado, donde gastaba muchas horas en oración y maceraba su delicado cuerpo con tan ásperas penitencias, que se puso en grave peligro de perder la vida, y la hubiera perdido de no haberle traído del cielo la salud la Santísima Virgen, que, acompañada de coros de vírgenes se le apareció, y le ordenó que tomase el hábito de la tercera Orden seráfica.
La Santa al momento lo vistió con singular devoción. redobló sus admirables austeridades, mayormente después que se le apareció Jesús crucificado, cuya dolorosa imagen le quedó tan impresa en la mente y en el corazón, que la violencia del amor la traía como fuera de sí y la hacía correr por calles y plazas desahogando los ardores de su pecho y cantando las divinas alabanzas.
Por aquel tiempo afligían a la Iglesia numerosos enemigos, favorecidos por el emperador Federico Barbarroja; y Santa Rosa teniendo solamente doce años, ilustrada con ciencia infusa, rebatió y confundió a los herejes con los más sólidos e irrefutables argumentos, despreciando los terrores de los sectarios, y la muerte misma que le quisieron dar.
Avergonzados, obtuvieron del gobernador de Viterbo que la arrojase de la ciudad so pretexto de que conmovía al pueblo. Caminando entre nieves y expuesta a perecer, llegó a Salerno, donde profetizó los prósperos sucesos que a poco se verificaron con la muerte del emperador.
Vuelta a su patria fue recibida por sus conciudadanos con increíble regocijo. Quiso retirarse a la soledad en el monasterio de Santa Clara; y como no fuese admitida, dijo que, puesto que no la recibían viva, la recibirían muerta.
Para que no saliesen defraudados sus deseos de soledad y recogimiento, continuó en el retiro de su casa sus acostumbrados ejercicios de oración y penitencia, atormentando su inocente cuerpo con ayunos, cilicios y disciplinas, y esto con tanto mayor espíritu y fervor cuanto sentía más cercano el fin de su vida, que esperaba como el principio de otra eterna y bienaventurada en el cielo, adonde voló el alma purísima de la santa, el día 6 de marzo de 1252, a la temprana edad de sólo diez y ocho años.
Sepultaron el sagrado cadáver en el templo de Santa María de Podio; pero a los pocos meses Alejandro VI, que se hallaba en Viterbo, amonestado tres veces en visiones por la santa para que trasladase su cuerpo al monasterio de Santa Clara, tras estas visiones mandó desenterrar el cadáver que se encontró incorrupto, y lo trasladó al citado monasterio llamado a partir del traslado «de Santa María de las Rosas». Esto se hizo solemnemente con una procesión presidida por Alejandro IV y cuatro cardenales el 4 de septiembre. Con tal triunfal magnificencia, se cumple entonces el vaticinio que había hecho la santa cuando no fue admitida en aquel convento.
En 1357 en un fuerte incendio, quedó reducida a cenizas la capilla que guardaba sus reliquias, y se quemó la caja que las contenía; el cuerpo sólo cambió de color.
Nicolás V, ordenó al consejo de la ciudad de Viterbo que en la procesión de la Candelaria, tres cirios de cera blanca recordaran a todos la luz de su apostolado, su amor a Dios y a los hombres, y su blancura virginal.
Inocencio IV inició el proceso de canonización, que se interrumpió con la muerte del Papa en 1254, y el Calixto III la colocó en el catálogo de los santos en el año 1457.
Aunque su muerte ocurrió el día 6 de marzo de 1252, su fiesta se celebra el día 4 de septiembre, por ser el aniversario de la solemne traslación.
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