Inicio › Foros › Formación cofrade › Santoral › 07/02/2016 San Máximo de Nola, obispo.
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7 febrero, 2016 a las 8:28 #9550
Anónimo
InactivoSantos: Aido, Amandino, Amolvino, Drausio, Maelán, Critán y Lonán, Aprión y Fintán, Romualdo, confesores; Crisolio, Sergio, Teodoro de Heraclea, Adauco (Adaucto), mártires; Angulo, Lorenzo, Paternino, Moisés, Claudio Apolinar, Máximo, Crisol, Fidel, obispos; Juan da Triosa, sacerdote mártir de China; Ricardo, rey; Juliana, viuda; Lucas el Joven, anacoreta; Pío IX, papa (beato).San Máximo de Nola, obispo.Todo lo que se puede afirmar sobre la vida de San Máximo obispo, también llamado Maximiano, proviene de la Vita de San Félix de Nola, que fue su presbítero, y por tanto todos los testimonios se remiten a San Paulino de Nola, quien siglo más tarde narró esa vida.
Fue el primer obispo de Nola, fundador de la diócesis, en la Campania italiana, en época en que arreciaba la persecución de Decio, a mediados del siglo III. En aquellos tiempos la muerte del obispo podía significar la disolución de la iglesia del lugar, que en muchos casos eran comunidades pequeñas y frágiles, por estar recién fundadas. San Máximo entonces, no por miedo a la persecución, sino por preservar a su comunidad, decidió escapar de la furia persecutoria, huyendo al bosque. Dejó a cargo de las cuestiones de la diócesis a San Félix, presbítero joven lleno de fuerza y celo por la fe.
San Félix fue encarcelado, duramente maltratado, como puede leerse en su biografía, aunque finalmente fue liberado sin que revelase el sitio donde se hallaba su obispo. Una vez libre fue a buscarlo por el bosque, pero lo halló medio muerto, desnutrido y sediento: Dios le había aceptado que se fuera de su sede, pero no le había ahorrado los dolores de la confesión de la fe. No teniendo nada para reanimarlo, San Félix oró, y al punto halló milagrosamente un racimo de uvas con el que calmó a la vez la sed y el hambre de su obispo.
Pasada la persecución, Máximo retornó a su sede, pero la vejez y los sufrimientos llevaron a término su vida, por lo que en algunos catálogos está inscripto como confesor, lo que en la hagiografía antigua significaba que sufrió por la fe, sin llegar a morir en martirio. No es posible saber cuándo, en que fecha y año concreto murió, aunque dentro de la segunda mitad del siglo III. Dejó encargado como sucesor a Félix, pero este prefirió� declinar, en favor del presbítero más antiguo, San Quinto.
Su cuerpo estuvo enterrado en la iglesia luego dedicada a San Félix, y una parte de las reliquias fueron también a la iglesia de Benevento, donde también se extendió la devoción. El papa poeta San Dámaso, apenas un siglo más tarde, sufrió una grave enfermedad, que le fue curada por intercesión de San Máximo, ante cuyo cuerpo oró; por este motivo le dedicó uno de sus famosos epigramas, que testimonian a la vez la santidad del personaje y la antiguedad de su culto.
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