Inicio › Foros › Formación cofrade › Santoral › 07/06/2014 San Roberto de Newminster, abad cisterciense.
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7 junio, 2014 a las 8:03 #14855
Anónimo
InactivoSantos: Pablo, Cándido, Venancio, obispos; Licarión, presbítero; Pedro, presbítero y mártir; Walabonso, diácono y mártir; Isaac, Abencio, Jeremías, Sabiniano, Wistremundo, monjes y mártires; Acacio, Alderico, Eugenia, Valentín, Juan, Tarasio, Sancho, Godescalco, mártires; Antonio María Gianelli, confesor; Roberto, abad; Ana García, virgen.San Roberto de Newminster, abad cisterciense.Nació en el distrito de Craven (Yorkshire), probablemente en el pueblo de Gargrave.
Estudió en la Universidad de París. Se hizo cura de Gargrave y luego benedictino en Whitby, desde donde se unió, con el permiso del abad, a los fundadores del monasterio cisterciense de Fountains.
Alrededor de 1138, encabezó la primer colonia mandada desde Fountains y estableció la abadía de Newminster, cerca del castillo de Ralph de Merlay, en Morpeth (Northumberland).
En el tiempo que fue abad, se mandaron tres colonias de monjes y se fundaron otros tantos monasterios: Pipewell en el año 1143, Roche en 1147 y Sawley al año siguiente 1148.
La vida de Capgrave nos dice que sus propios monjes lo acusaron de mala conducta y que viajó al extranjero (1147-48) para defenderse ante san Bernardo; mas se duda de la veracidad de esta historia, que pudo haber surgido de un deseo de asociar personalmente al santo inglés con el máximo de los cistercienses.
Como hombre entregado a la meditación y a la plegaria que era, escribió un comentario sobre los Salmos que, desgraciadamente, no ha sobrevivido.
Se le habían otorgado dones sobrenaturales y tenía poder sobre los malos espíritus. Hay una anécdota que ilustra el espíritu de mortificación de que estaba dotado. Se sometía a ayunos tan rigurosos durante la Cuaresma, que, en una ocasión, al llegar la Pascua, ya había perdido enteramente el apetito. ¡Ay, padre mío! ¿Por qué no queréis comer? le preguntó entristecido el hermano encargado del refectorio. Creo que me comería un panecillo de avena con mantequilla, repuso el abad.
En cuanto le trajeron lo que había pedido, no se atrevió a tocarlo, por considerar que, si lo hacía, era como ceder a la gula y, a fin de cuentas, ordenó que se diera el panecillo a los pobres. En la puerta del convento recibió el pan un joven y hermoso peregrino, quien inmediatamente desapareció, con todo y el plato. Cuando el hermano tornero trataba de dar explicaciones plausibles sobre la desaparición del recipiente, el mismo plato quedó de pronto sobre la mesa, frente al abad. Todo el mundo afirmó que el hermoso peregrino que se comió el panecillo era un ángel.
Se entrevistó con el Papa Eugenio III.
El abad de Newminster visitaba a menudo al ermitaño San Godrico, por quien sentía particular afecto. La noche en que San Roberto murió, dijo San Godrico que vio ascender su alma al cielo como una bola de fuego.
La fecha era el 7 de junio de 1159, cuya fiesta de se conmemora en la diócesis de Hexham.
Su tumba en la iglesia de Newminster se convirtió en objeto de peregrinaje.
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