Inicio › Foros › Formación cofrade › Santoral › 08/04/2016 San Redento de Ferentino, obispo.
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8 abril, 2016 a las 9:02 #9628
Anónimo
InactivoSantos: Concesa, Edesio, Jenaro, Máxima, Macaria, Herodión, Flegonte, Asincrito, Bademo, Mercuriana, mártires; Amancio, Dionisio, Perpetuo, Redento, obispos; Alberto, patriarca; Faibe, Filarete, Alberto, confesores; Gualterio, abad; Julián de San Agustín, beato.San Redento de Ferentino, obispo.Nuestro santo de hoy, era obispo de Ferentino, provincia de Frosinone.
Vivió a finales del siglo VI.
Fue brillante y muy admirado, incluso por el Papa Gregorio Magno, que habla de «Diálogos», llamándolo incluso hermano, pues coincidieron como monjes benedictinos, viviendo algún tiempo juntos en el mismo monasterio.
Se narra una visión que tuvo el santo obispo de Ferentino. Un día visitando como de costumbre sus parroquias, y junto a los que le acompañaban, llegaron a la Iglesia del Beato mártir Eutichio. Era por la tarde y se quedaron a pernoctar allí mismo, junto a la tumba del santo. Como le sucedía a menudo, en medio de la noche, estaba en un estado de somnolencia y agitado en su espíritu y le pareció que desde la tumba el beato mártir le llamaba y preguntaba; “Redento… ¿estás despierto?» contestándole Redento por tres veces que sí. La visión o la voz del beato mártir, a continuación pronunció estas palabras: «Se acerca el final de todos los hombres» y entonces desapareció.
Desde entonces, San Redento permaneció e insistió con más fuerza en la oración, pues sabía y podía ver signos aterradores en una enorme tormenta que cayó sobre las ciudades, sobre todo en Chiesa y poco después ocurrió la invasión de los bárbaros lombardos devastado Italia, terrible hecho que muchos realmente creyeron llegar el fin del mundo.
La visión de San Redento, a día de hoy, todavía conserva todo el valor para nosotros. Las tormentas, las barbaries, la fragilidad de nuestras creencias y costumbres nos hacen frágiles e incrédulos a un posible final, olvidándonos de la oración y vida espiritual.
Después del bautismo, todo cristiano es un «redimido(redento)”, es decir, redimido del pecado a través de la encarnación de Jesús; lavados del pecado original por su sangre; librado de la condenación eterna, a través de sus méritos infinitos. Pero para ser santos y ejemplares, es decir, para llegar a la virtud, los cristianos tenemos que conocer y querer elegir el bien y rechazar el mal. El bautismo nos hace «redimidos». Es una gracia, es un don gratuito de la misericordia de Dios: el hombre debe hacer esto, incluso florecer con dificultad, con dificultad y con sufrimiento si fuera necesario.
Si el fin del mundo se anunciara repentinamente, tendríamos que responder también nosotros personalmente a la pregunta que aquel beato mártir le hizo al obispo Redento: «¿Estás despierto?».
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