Inicio Foros Formación cofrade Santoral 11/01/2014 San Vital de Gaza, ermitaño.

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    Santos: Higinio, papa; Paulino, patriarca; Palemón, eremita; Vital, ermitaño; Salvio, Leucio, Egwino, obispos; Salirio, Donato y Agento, Pedro, Severo, Lenco, mártires; Tomás de Cori, confesor; Teodosio, monje; Honorata, virgen; Martín de León, canónigo regular; Agente, Donato, Agustín, Salvio, Félix, Floro, Gémino. Pace, Pensalino, Eugenio, Esteban, Filón, Felicidad, Ciriaco, Ebiciaro, Castelo, Morosito, mártires en España.

    San Vital de Gaza, ermitaño.

    Vital, nombre que significa «Aquel que está lleno de vida», viene de la lengua latina. Tenía nada menos que sesenta años cuando descubrió la riqueza del Evangelio de Jesús de Nazaret.

    Se dio cuenta de que Dios invita a las «mujeres de mala vida» a que entren en su reino.

    El vivía tranquilo como ermitaño en su ermita de Gaza en Palestina, tan actual en nuestros días por motivos políticos y bélicos, no por cuestiones religiosas.

    Dejó su vida apacible y se marchó a Alejandría, célebre por su barrio chino al lado del puerto.

    Allí se construyó su ermita. Se dedicó a hacer dos cosas importantes: una, pedir limosna de puerta en puerta; otra fue la dedicación completa al mundo de la prostitución.

    Estas mujeres le tomaron en seguida un gran afecto, y entablaron con él una seria amistad porque estimaban en mucho sus palabras y sus sanos juicios acerca de sus vidas.

    A pesar de ser un trabajo difícil, tenía las puertas de su ermita abierta para que fueran a hablar con él cuando quisieran. Les hablaba de la felicidad que da la honestidad de costumbres.

    Gracias a sus palabras y al amor sincero y puro que les tenía, además de ser su paño de lágrimas, muchas se convertían y dejaban su mala vida.

    Pero como suele ocurrir, había “beatos y beatas” que veían con malos ojos que se dedicara a este trabajo. Lo denunciaron al obispo y lo encerraron.

    Las chicas prostitutas pasaban cada noche frente al palacio episcopal gritando y reclamando la libertad de su amigo Vital. El obispo lo comprendió.

    Pero días más tarde lo mataron los “beatos o santones cumplidores farisaicos”.

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