Inicio Foros Formación cofrade Santoral 11/09/2014 Proto y Jacinto, hermanos y mártires.

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    Nuestra Señora de la Cueva Santa. Santos: Vicente, abad; Proto y Jacinto, (hermanos), Diodoro, Diómedes, Dídimo, mártires; Pafnucio, Paciente, Emiliano, Daniel, obispos; Esperanza, abadesa.

    Proto y Jacinto, hermanos y mártires.

    Los dos hermanos Proto y Jacinto, esclavos de Santa Eugenia, y bautizados con ella por el obispo Hilario, se dedicaron al estudio de las Sagradas Escrituras. Después de haber permanecido algún tiempo en un monasterio de Egipto, edificando allí a todos por su humildad y santidad, siguieron a Santa Eugenia hasta Roma. Llegados a esta ciudad bajo el reinado de Juliano, fueron detenidos, cruelmente flagelados y finalmente decapitados.

    La «Depositio Martyrum», que data de la mitad del siglo cuarto, menciona a estos hermanos como mártires.

    Ambos fueron enterrados en el cementerio de Basilia o de San Hermes, en la antigua Vía Salaria. Allí mismo, hacia el año de 1845, el padre José Archi, S.J., encontró intacta la tumba de San Jacinto.

    Era un nicho cerrado con una losa en donde estaba grabada la siguiente inscripción: DP III IDUS SEPTEBR / YACINTHUS / MARTYR: Jacinto, el mártir. Sepultado el 11 de septiembre.

    Las preciosas reliquias fueran trasladadas a la iglesia del Colegio Urbano en 1849.

    Cerca del lugar del primer hallazgo, se encontró un pedazo de una inscripción posterior, con estas palabras: SEPULCRUM PROTI M.: la Tumba de Proto (Mártir), estaba vacía y se supone que las reliquias del santo fueron trasladadas a la ciudad por el Papa León IV al mediar el siglo noveno y, a partir de entonces, fragmentos de aquellos restos fueron llevados a diversas partes.

    En un epitafio del Papa San Dámaso se hace referencia a esos mártires como a hermanos.

    La seguridad de que San Jacinto sufrió el martirio, fue honrosamente sepultado y se encontraron sus restos, está en contradicción con las «actas» contenidas en las de Santa Eugenia.

    Estas actas dicen que la cristiana Eugenia, hija del prefecto de Egipto, un pagano, huyó del hogar paterno con Proto y con Jacinto, dos de sus fieles esclavos. Después de diversas aventuras, Eugenia y sus compañeros convirtieron a la fe a toda la familia de la joven y a muchas otras gentes, como por ejemplo, una noble dama romana llamada Basilia, que abrazó la fe gracias a los esfuerzos de Proto y de Jacinto. Estos dos y Basilia, fueron martirizados juntos y murieron decapitados.

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