Inicio Foros Formación cofrade Santoral 12/01/2015 San Martín de León, presbítero.

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    Santos: Juan, Probo, Bonet (Bonito), obispos; Taciana (Tatiana), Sátiro, Arcadio, Zótico, Rogato, Modesto, Cástulo, Tigrio, Eutropio, mártires; Cesarea, virgen; Benito, Aelredo (Alfredo), Victoriano, abades; Nazario, Martín de León, presbíteros.

    San Martino o San Martín de León o San Martino de la Santa Cruz.

    Fue un sacerdote y canónigo regular de San Agustín. Hizo largos viajes de peregrinación y es autor de obras exegéticas y teológicas.

    El nombre de Martino es la denominación como se le conoce en León, por un leonesismo arcaico que mantuvo todas las sílabas del latín, Sanctus Martinus. También puede aparecer mencionado, en otros ámbitos, como San Martín de León, o con el apellido de la Santa Cruz que el santo incorporó a su nombre tras su entrada como canónigo en San Isidoro.

    Se conocen algunos detalles de la vida del Santo, por estar recogidos en la obra del historiador Lucas de Tuy, contemporáneo suyo, a la vez que hermano de hábito y comunidad en San Isidoro de León, y más tarde obispo de Tuy, en su obra Liber de Miraculis Sancti Isidori Hispalensis, donde nos describe su vida en los capítulos 52 a 75.

    Una traducción al castellano de dicha obra, Libro de los Milagros de San Isidro, fue realizada por Juan de Robles en 1525.2 Más recientemente, en 1992, se publicó una edición facsímil del original y de la edición de Juan Robles, junto con la transcripción al castellano de Pérez Llamazares, por la Universidad de León y la Cátedra de San Isidoro

    Nació en el primer tercio del siglo XII, en fecha no conocida pero que habitualmente se sitúa entre los años 1120 y 1130.

    Era hijo de Juan y de Eugenia, y el lugar de nacimiento fue la ciudad de León o su alfoz.

    Sus padres, muy religiosos, acordaron que a la muerte de uno de ellos, el otro renunciaría al mundo y viviría en religión, ingresando en un monasterio.

    Muerta su madre, siendo aún Martino niño, su padre ingresó en el convento de canónigos regulares de San Agustín de San Marcelo en León, llevando al convento a su hijo. Allí aprendió Martino las primeras letras y se instruyó en cantar salmos, himnos y el antifonario gregoriano, siendo niño del coro.

    En el convento de San Marcelo pasó su infancia y parte de su juventud, y a la edad de 18-20 años fue ordenado subdiácono.

    Hacia el año 1154, al morir su padre, dio a los pobres todas sus pertenencias y comenzó su largo peregrinaje, teniendo entonces Martino unos 25 a 30 años.

    Entre los años1181 y 1185, Martino regresa a León, después de cerca de treinta años de peregrinación, incorporándose al convento de San Marcelo como canónigo regular, siendo ordenado diácono y presbítero.

    Discrepancias entre los canónigos de este convento y el obispo Manrique de León, llevan a que éste secularice a los canónigos de San Marcelo, pasando hacia 1185 Martino al monasterio de San Isidoro, iglesia a donde se habían trasladado las reliquias de San Isidoro de Sevilla, también de canónigos regulares agustinianos. Su austeridad hizo que algunos compañeros canónigos se sintieran molestos, aunque después todo se arregló, pues solo bebía agua, o vino muy rebajado con agua, solo cuando estaba enfermo, y comía queso y huevos, nunca carne. Dormía sobre paja, en el suelo, y visitaba a los enfermos con frecuencia, por la noche. Martino se fue distinguiendo por su celo en la observancia, su caridad y su profunda devoción al Santísimo Sacramento.

    En San Isidoro pasó a dirigir el Scriptorium y comenzó a escribir hacia 1185, cuando ya tenía alrededor de sesenta años, su obra Veteris ac Noui Testamenti Concordia. Para tan inmensa obra se ayudó de siete clérigos amanuenses, sostenidos por la reina doña Berenguela que pasaban sus escritos, realizados sobre unas tablas enceradas, a los pergaminos y los embellecían con miniaturas.

    Padecía de fuertes dolores de cabeza y, ya anciano, probablemente aquejado de algún proceso reumático, no podía sujetar bien sus brazos, por lo que los tenía apoyados en cuerdas colgadas de las vigas para así poder seguir escribiendo su ingente obra.

    Era visitado por obispos, nobles y reyes para que les diera consejo, acudiendo a verlo con frecuencia y a confesarse con él el rey Alfonso IX y su mujer, la reina Berenguela. Próximo a morirse anunció su muerte a los conocidos y devolvió las llaves de la cámara en la que guardaba las riquezas que le encomendaban para que las custodiara.

    Murió por causas naturales el 12 de enero de 1203, el día que él mismo había anunciado que moriría. La fecha exacta y causa de su muerte fueron recogidas en el Necrologio de la Colegiata.

    Le sucedió en la dirección del Scriptorium de San Isidoro el canónigo, después obispo de Tuy, conocido como Lucas de Tuy.

    Hay algunas Leyendas y prodigios que destacar entre otros:

    La casulla de Constantinopla. Durante su peregrinación, Martino compró en Constantinopla una casulla de seda, que pensaba obsequiar, a su vuelta, al convento de San Marcelo de León. Estando en Francia, por la zona de Narbona, probablemente en Beziers, fue detenido y encarcelado, pensando los alguaciles que la casulla debía ser robada. Cuenta la leyenda que una mujer le ofreció la liberación si renunciaba a su fe –en aquella zona triunfaba la doctrina de los cátaros o albigenses–, pero Martino le dijo: «Mala mujer, apártate de mí, que más quiero si posible fuese morir mil veces, que ser ensuciado en el lodo de tu herejía». Ella, airada, le dio una bofetada y al momento se puso como loca, chillando y gritando. La gente, al verlo, creyó que era un castigo divino a la mujer descreída. Poco después llegó a la ciudad un caballero que se presentó ante el corregidor y le pidió que liberara el preso, aportando todos los avales y documentos necesarios para la retirada de las acusaciones a Martino. Cuando los dos se marchaban de la ciudad, el caballero se le presentó como su ángel de la guarda y le indicó que volviese ya a su tierra.

    San Isidoro y el libro. El canónigo Martino era muy buen hombre y llevaba una vida santa, pero echaba en falta el conocimiento último y profundo de las Sagradas Escrituras. Estando de ayuno, se le apareció San Isidoro de Sevilla con un librito que le mandó tragar. Como Martino se resistía, principalmente por no querer romper el ayuno, San Isidoro le hizo tragar el librito por la fuerza. Desde entonces, Martino comprendió el significado profundo de los contenidos bíblicos y se convirtió en un gran teólogo.3

    Curaciones. Se le atribuyen numerosos milagros y curaciones. Las curaciones se relatan repitiendo un procedimiento muy sencillo. En primer lugar pedía una profesión de fe al sujeto; a continuación pronunciaba «En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo» a la vez que hacía la señal de la Cruz; y despedía al afortunado con un «sé sano». Así curó de fiebres cuartanas -paludismo- al deán, de un pecho inflamado a una dama noble, de un terrible dolor de muelas a un canónigo, de apostema de esquinancia –absceso amigdalar– a un muchacho, de un parto complicado, con peligro de muerte, a una condesa, etc.

    Predicciones. Estando León cercado por Alfonso VIII de Castilla y Pedro II de Aragón fueron los leoneses a pedirle consejo, a lo que les respondió que no había motivo de preocupación porque levantarían el cerco en breve tiempo ya que el Rey de León estaba atacando a Castilla. Resultó cumplirse tal como lo había predicho con la admiración general imaginable. Próximo a morirse anunció su muerte a los conocidos y devolvió las llaves de la cámara en la que guardaba las riquezas que le encomendaban para que las custodiara.

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