Santos: Juan, Probo, Bonet (Bonito), obispos; Taciana (Tatiana), Sátiro, Arcadio, Zótico, Rogato, Modesto, Cástulo, Tigrio, Eutropio, mártires; Cesarea, virgen y abadesa; Benito, Aelredo (Alfredo), Victoriano, abades; Nazario, Martín de León, presbíteros.
Santa Cesárea (Cesira, Cesaria), virgen y abadesa.
San Cesáreo, obispo de Arles, fundó hacia el año 512 un gran convento de vírgenes y viudas, y nombró abadesa a su hermana Cesárea.
La comunidad contó pronto con doscientos miembros, que se consagraban a toda clase de buenas obras, especialmente a la protección e instrucción de la juventud, al socorro de los pobres y al cuidado de los enfermos.
Las religiosas confeccionaban sus propios vestidos y pasaban buena parte de su tiempo en la costura y el tejido, ya que les estaba permitido bordar, lavar y remendar la ropa de personas ajenas al convento. Los ornamentos de la iglesia eran simplemente de lana o de lino, sin bordados.
Algunas de las religiosas se ocupaban en la trascripción de libros. Todas estudiaban dos horas diarias, y una de ellas leía a las otras, durante el tiempo de trabajo. La carne estaba prohibida, excepto para las enfermas, y la regla imponía el baño, pero haciendo notar que esto se debía a motivos de higiene y no de placer. Sólo la abadesa y su ayudante estaban exceptuadas de los trabajos domésticos. La clausura era permanente y completa.
San Gregorio de Tours califica a la abadesa de «santa y bienaventurada», y Venancio Fortunato habla más de una vez de ella, en sus versos, en términos encomiásticos.
Santa Cesárea debió morir hacia el año 529, probablemente el 12 de enero.