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15 marzo, 2015 a las 8:14 #9158
Anónimo
InactivoSantos: Raimundo de Fitero, Sisebuto, Adyuto, Probo, abades; Longinos, Aristóbulo, Menigno, Nicandro, Matrona o Madrona, Leocricia, mártires; Zacarías, papa; Clemente, María Hofbauer, confesores; Especioso, monje; Luisa de Marillac, fundadora.San Sisebuto de Cardeña, abad.Al hacer Flórez su magnífica crónica de la «España Sagrada», se lamenta de que los contemporáneos de Sisebuto, no nos hubieran legado nada sobre los orígenes del santo, siendo que brilló con tal aureola en su época de abad.
Evidentemente la sensibilidad de los antiguos y la nuestra frente a la cuestión de la santidad es muy distinta: nosotros los miramos como a héroes, y esperamos conocer su singularidad, los antiguos posiblemente veían con más inmediatez la obra de Cristo en ellos, por eso no les interesaba tanto saber, ni dejar constancia, de cuál había sido el barro de partida, con el que consiguiera el alfarero tan hermosas vasijas.
Pero así se nos presentan las cosas, y debemos componernos con los datos que tenemos.
San Sisebuto está perfectamente atestiguado como abad del monasterio de Cardeña, en Burgos, entre los años 1056 y el 1086. Varios autores antiguos lo mencionan, y quedan restos de elogios contemporáneos, pero sin que podamos aproximarnos demasiado al detalle de su figura.
El monasterio de San Pedro de Cardeña, que con sucesivas reedificaciones aun existe, había sido atacado por los musulmanes, sus monjes asesinados en el 953, y el monasterio casi destruido. Sin embargo, con la reconquista a manos de Fernando I de León, el sitio fue reedificado y repoblado, y a lo que es el sentir de los documentos de la época, verdaderamente refundado.
Efectivamente, Sisebuto es conocido como tercer abad del monasterio, en lo que naturalmente no se cuenta la larga existencia anterior.
Fue, al decir de Flórez, una época de verdadera explosión de la santidad en Burgos: Cardeña, Arlanza, Silos y Oña contaban con sendos santos abades. No han quedado largos relatos de hechos, pero sí la veneración y el recuerdo que permaneció, plasmado de distintas maneras. El Abad Frías, en el siglo XVI, que recopiló las noticias dispersas de los abades anteriores, dice que «S. Sisebuto gobernó el Monasterio cerca de treinta años, viviendo en tanta santidad de costumbres, y poniendo tan gran orden y recado , y aprovechando en tal manera los bienes del Monasterio, que no había memoria de que ninguno le hubiese igualado en la santidad de costumbres, ni en la observancia y gobierno del Monasterio.»
Esa santidad se manifestó no sólo en vida, sino que una vez muerto y sepultado en el monasterio de Cardeña, su sepulcro era visitado por el pueblo, que le atribuían milagros y curaciones. La tumba se convirtió en meta de peregrinación y en fuente de gracia y milagros para los peregrinos.
Sus restos fueron trasladado al altar mayor en un arca de madera. El sepulcro antiguo continuó siendo objeto de devoción hasta que las obras de 1447 lo hicieron desaparecer. En 1610 las reliquias se trasladaron a la Capilla de los Mártires, que tomó el nombre del santo, y nuevamente fueron reubicadas en 1736.
En 1835, la desamortización de Mendizábal hizo que el monasterio se abandonara, trasladándose entonces las reliquias a la Catedral de Burgos, a la Capilla de las reliquias
Pío VI aprobó que se concediera culto litúrgico, estableciendo la festividad el 15 de marzo.
Por una cuestión de concordancia cronológica se suele identificar a este abad Sisebuto con el abad Sancho a cuyo cuidado dejó el Cid a su esposa e hijas, y el monasterio conserva efectivamente la tumba de Babieca, y estuvo enterrado también el propio Cid. Aunque en la actualidad se cuestiona la confiabilidad de estos datos.
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