Inicio Foros Formación cofrade Santoral 16/02/2014 San Marutas de Martirópolis, obispo

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    Santos: Marutas, Faustino, Onésimo, Honesto, Simeón, obispos; Pánfilo, Valente, Paulo, Porfirio, Julián, Elías, Isaías, Samuel, Daniel, Jeremías, Seleuco y Teódulo, mártires; Juliana, virgen y mártir; Flaviano, anacoreta.

    San Marutas de Martirópolis, obispo.

    Fue un ilustre prelado y Padre de la Iglesia siria de fines del siglo IV.

    Era obispo de Maiferkat, ciudad que se encuentra entre el Tigris y el Lago Van, cerca de la frontera de Persia.

    Reunió las actas de los mártires que sufrieron ahí durante la persecución del rey Sapor, y trasladó a su diócesis tal cantidad de reliquias, que la ciudad episcopal acabó por llamarse Martirópolis. Esta ciudad todavía conserva ese nombre, aunque en turco se denomina Silvan y es una sede titular.

    Escribió varios himnos en honor de los mártires. Suelen cantarse en los oficios en los que se emplea la lengua siria.

    El año 339, Yezdigerdo ascendió al trono de Persia. Marutas fue entonces a Constantinopla a suplicar al emperador Arcadio que defendiese a los cristianos ante el nuevo monarca. La corte estaba entonces muy ocupada con el asunto de San Juan Crisóstomo.

    En una carta que San Juan Crisóstomo escribió a Santa Olimpia, desde el destierro, le cuenta que había escrito dos veces a San Marutas y le ruega que vaya a visitarlo en su nombre: «Necesito de su ayuda en los asuntos persas. Tratad de averiguar si ha tenido éxito en su misión. Si tiene miedo de escribirme personalmente, decidle que os cuente a vos lo sucedido. No retardéis un solo día vuestra visita».

    Cuando fue a la corte de Persia como embajador de Teodosio el joven Marutas hizo cuanto pudo por conseguir que el rey se mostrase benévolo con los cristianos. El historiador Sócrates dice que, gracias a sus conocimientos de medicina, el santo curó a Yezdigerdo de unas violentas jaquecas; desde entonces, el rey le llamó «el amigo de Dios».

    Los mazdeístas, temerosos de que el rey se convirtiese al cristianismo, recurrieron a un truco. Escondieron a un hombre debajo del suelo del templo. Cuando el monarca fue ahí a orar, el hombre gritó: «Arrojad de este lugar santo a quien ha cometido el sacrilegio de prestar fe a un sacerdote cristiano». Yezdigerdo entonces decidió expulsar a Marutas de su reino, pero el santo le persuadió de que fuese otra vez al templo y mandase levantar el piso para descubrir al impostor.

    Así lo hizo Yezdigerdo, y el resultado de ello fue que descubierto el impostor, dio a Marutas permiso de construir iglesias en donde quisiera. Como quiera que fuese, Yezdigerdo favoreció ciertamente al Santo y, gracias a esa ayuda, éste se dedicó a restablecer el orden entre los cristianos persas.

    La obra de organización de San Marutas, duró hasta la invasión árabe del siglo VII. Pero la esperanza de los cristianos y el temor de los mazdeístas de que Yezdigerdo II se convirtiese en «el Constantino de Persia» no llegó a realizarse.

    La obra de pacificación llevada a cabo por Marutas fue destruida por la violencia de Abdas, obispo de Susa, quien provocó una nueva persecución al final del reinado de Yezdigerdo.

    Probablemente para entonces San Marutas ya había muerto puesto que falleció antes que Yezdigerdo, quien murió el año 420.

    A San Marutas, se le considera como el principal de los doctores sirios, después de San Efrén, a causa de los escritos que se le atribuyen.

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