Inicio Foros Formación cofrade Santoral 17/08/2014 San Liberato y compañeros, mártires

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    Santos: Beatriz de Silva, fundadora; Anastasio, obispo; Jacinto, confesor; Acacio, Cuadrado, Bonifacio, Siervo, Rústico, Rogato, Séptimo, Máximo, Mamés, Paulino, Juliana, Mirón, Eutiquiano, Cipriano, Liberato, mártires; Alipio, Cecilia, Benedicta, Reinilda, Donato, Ernán, confesores; Carlomagno, monje; Clara, virgen.

    San Liberato y compañeros, mártires.

    A través de la historia, todas las herejías ha sido siempre la historia de los odios sangrientos, de los sacrílegos, de los desmanes, y de las más insoportables tiranías.

    Semejantes acciones propias de vándalos, han hecho llegar hasta nuestros días en muchas partes, a los enemigos de la fe católica, robando y quemando monasterios, profanando sacrílegamente los templos de Dios, y asesinando villana y cruelísimamente a indefensos religiosos, sacerdotes y vírgenes consagradas a Dios.

    Grandes fueron los estragos que hizo en África el furor del rey vándalo llamado Hunerico, que seguía la secta de los herejes arrianos; pero en el año séptimo de su reinado, publicó un edicto sobremanera impío y sacrílego, por el cual mandaba que se arrasasen todos los monasterios, y se profanasen todas las iglesias con sagradas a honra de la santísima Trinidad.

    Llegaron los soldados de Hunerico a un convento de monjes que vivían con gran ejemplo y opinión de santidad, bajo el gobierno del santo abad Liberato, entre los cuales se hallaba el diácono Bonifacio, los subdiáconos Servo y Rústico, y los santos monjes Rogato, Séptimo y Máximo.

    Derribaron las puertas del monasterio, maltrataron con gran inhumanidad a aquellos inocentes siervos del Señor, y los llevaron presos a Cartago, presentándolos al tribunal de Hunerico. Se les ordenó que negasen la fe del bautismo y de la santísima Trinidad, mas ellos confesaron con gran conformidad, un solo Dios en tres Personas, una sola fe y un solo bautismo, y añadió San Liberato en nombre de todos ellos; «Ahora, oh rey impío, ejercita, si quieres, en nuestros cuerpos las invenciones de tu crueldad; pero entiende que no nos espantan los tormentos, y que estamos prontos a dar la vida en defensa de nuestra fe católica.»

    Al oír el hereje estas palabras, bramó de rabia y furor, y mandó que le quitasen de delante aquellos hombres y los encerrasen en la más oscura y hedionda cárcel. Pero los católicos de Cartago hallaron modo de persuadir a los guardas, que soltasen a los santos monjes; y aunque éstos no quisieron verse libres de las prisiones que llevaban por amor de Cristo, aprovecharon alguna libertad que se les concedió en la misma cárcel, para esforzar a otros muchos cristianos que por la misma fe estaban cargados de cadenas.

    Todo esto llegó a oídos del tirano, quien mandó castigar severamente a los guardas, y con despiadados suplicios a los santos monjes. Dio luego orden que aprestasen un bajel inútil y carcomido, y que habiendo echado en él buena cantidad de leña, pusiesen sobre ella a los santos confesores atados de pies y manos, y los abrasaran en el mar.

    Aunque los verdugos una y otra vez, aplicaron hachas encendidas en las ramas secas amontonadas en el barco, nunca prendió en ellas el fuego.

    Atribuyó el bárbaro monarca, este soberano prodigio, a artes diabólicas y de encantamiento: y bramando de rabia, mandó que a golpes de remos les quebrasen las cabezas hasta derramarles los sesos, y los echasen en la mar.

    Así murieron todo el grupo de santos monjes.

    Las olas terminaron por arrojar a la playa, los sagrados cadáveres de los santos mártires y habiéndolos recogido por seguidores católicos, los sepultaron honoríficamente.

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