Inicio Foros Formación cofrade Santoral 18/06/2014 Santa Isabel de Esconaugia, virgen.

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    Santos: Marcos, Marceliano (Marcelino), Ciriaco, Paula, Leoncio, Eterio, Germán, Paulino, Equicio, Hipacio, Teódulo, Martiria, Félix, Emilio, Crispín, Justo, Sicio, mártires; Amando, Auberto, obispos; Marina, virgen y mártir; Erasmo, Calogero, anacoretas; Isabel de Esconaugia, virgen.

    Santa Isabel de Esconaugia, virgen.

    Nació en Schoenaug, (Alemania) en 1129.

    Hermana carnal de San Hecberto, Canónigo de la Santa Iglesia de borna, uno se los más insignes Doctores de su tiempo y el primero que nos dejó escrita la vida de esta prodigiosa virgen.

    Sus padres, eran honrados y muy estimados en el país por su conocida virtud y por el particular esmero que pusieron en la educación de sus hijos, intentando llevarlos y dirigirlos por el camino al Cielo.

    Atraída por los vivos ejemplos de su devota madre, comenzó desde sus más tiernos años, a dar indicios ciertos de los que en sucesivo sería su vida de virtud.

    En sus juegos infantiles se significaban ya, aquellas preciosas semillas de la gracia, que bien cultivadas y guardadas, fructificaron después en abundancia.

    Todos los movimientos de su corazón, miraban a Dios de modo que las primeras voces de su inocente lengua manifestaban los vivos deseos de unirse a El

    La naturaleza la había dotado de una inteligencia y un entendimiento sumamente claro para poder discernir el bien del mal y de una voluntad del todo a seguir lo bueno.

    Cuanto más amaba la soledad, el silencio y el retiro, tanto más aborrecía el lujo, la vanidad y las diversiones del mundo.

    Sus más dulces entretenimientos, eran visitar a Dios en las iglesias, y a los pobres enfermos del hospital, manifestando así su incomparable ternura, cosa que le duró toda su vida

    Apenas había cumplido los once años de edad, cuando pudo conseguir la autorización y consentimiento de sus padres para ingresas en el Monasterio benedictino de Esconaugia, fundado poco antes para hombres y mujeres, en los confines del Arzobispado de Treveris.

    Desde el día de su entrada en el monasterio, se vio que su vocación había sido obra de Dios y que quería por su Divina Gracia formar en esta santa, un exquisito modelo de perfección religiosa.

    Con gran celo y observancia cumplía lo que mandaba la Regla monástica, añadiendo ella misma de forma voluntaria y de manera regular muchas y rigurosas penitencias corporales, macerando su delicado cuerpo, ciñéndose a su carne un áspero cilicio.

    Todo lo que sabemos de su vida, es gracias a cuatro libros que escribió ella misma, donde relata los espantosos años de pruebas que vivió, con aridez espiritual, hastío y fortísimas tentaciones de dudas sobre la fe, hasta el punto de creerse abandonada de Dios. La prueba terminó con una aparición de la Virgen y otras visiones y éxtasis místicos.

    Por su vida santa de fe y de servicio a sus hermanas, recibió culto desde la hora de su muerte en 1165.

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