Santos: Pedro de Alcántara, confesor; Juan de Brebeuf, Isaac Yogues, Renato y compañeros mártires canadienses; Pablo de la Cruz, presbítero; Berónico, Tolomeo, Lucio, Varo, mártires; Máximo, diácono y mártir; Etbino, Teofrido, abades; Aquilino, Zósimo, Eusterio, Sadot, obispos; Desiderio, Aquilón, confesores; Pelagia, virgen; Fredeswinda, abadesa; Laura, viuda.
San Etbino (Edvino), eremita.
El Padre de Edvino murió cuando éste tenía quince años, y su madre le confió entonces al cuidado de San Sansón.
Más tarde, el joven ingresó en el convento bretón dirigido por Winwaloe. Un día en que Edvino y su maestro se hallaban paseando, vieron a un leproso que yacía a la vera del camino. «¿Qué podemos hacer por este pobrecito?», preguntó Winwaloe. Edvino replicó al punto: «Haced lo que los Apóstoles de Cristo: ordenadle que se levante y ande». Entonces Winwaloe, que tenía una gran fe en Dios y en su discípulo, devolvió la salud al enfermo.
Cuando los francos destruyeron el monasterio, San Edvino se refugió en Irlanda. Allí vivió veinte años y murió cuando mayor era su fama por sus virtudes y milagros.
Su nombre figura en el Martirologio Romano pero no en los calendarios irlandeses. Según parece, el nombre del santo es de origen anglosajón.