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21 mayo, 2016 a las 8:18 #15716
Anónimo
InactivoSantos: Valente, Paterno, Hemming, Torcuato, Teobaldo, Mancio, obispos; Segundo, presbítero; Timoteo, Polio, Eutiquio, diáconos y mártires; Polieucto, Victorio, Donato, Teopompo, Sinesio, Secundino, Antioxo, Nicostrato, Andrés Bobola, mártires; Gisela o Isberga, virgen; Isidoro, Varón, Teodoro, Hospicio, confesores; Constantino, emperador.San Hemming de Abo, obispo.Nace en Balinge, Suecia, a finales del siglo XIII.
Manifestó en su juventud vocación eclesiástica y estudió en la escuela de Upsala.
Ordenado sacerdote, marchó a París a perfeccionar estudios de teología y derecho canónico, haciéndose con una buena colección de libros, con los que, terminados los estudios, volvió a Suecia.
En 1329 es nombrado canónigo de la catedral de Abo, sufragánea de Upsala. Abo es el nombre sueco, pero en idioma finés actual se llama Turku, y es la ciudad más antigua de Finlandia. Aquí se acreditó por su cultura religiosa y sus vIrtudes, al punto que, vacante la sede en 1338, un canónigo lo propuso como nuevo obispo y todos los demás estuvieron de acuerdo con su elección.
Hemming fue un obispo con muchas iniciativas: amante de la liturgia, se ocupó de que la catedral tuviera los oportunos objetos para el culto, que fueron dignos y decorosos; igualmente reformó la enseñanza en la escuela catedralicia, de manera que se formasen mejor los jóvenes clérigos; a los más destacados de ellos los mandó a París, en su afán de tener un clero culto, a la altura de las mejores diócesis europeas; celebró varios sínodos, en los que se ocupó de puntos importantes de la disciplina eclesiástica, como la guarda del ayuno y la abstinencia, el descanso dominical y festivo, la seguridad del tabernáculo, la buena administración de los bienes eclesiásticos, la gratuidad de los servicios a los pobres, y la entrega de los diezmos para el sostén de las iglesias.
Unido en cálida amistad con Santa Brígida, fue con ella a Aviñón a visitar al papa Clemente VI, al que él había tenido de profesor en París, para rogarle la vuelta a Roma. Estando en Francia intercedió para que hubiera paz entre este reino e Inglaterra, pero sin éxito.
Todos los que le conocieron lo tuvieron por santo, debido a su vida conforme al evangelio, a su celo apostólico y a su amor a la Iglesia, a cuyo servicio siempre estuvo.
Murió el 21 de mayo de 1366, y se le dio culto popular hasta la llegada de la Reforma.
En 1514 la Santa Sede permitió el traslado de los restos y depositar sus reliquias en un relicario, lo que significaba la autorización del culto público. En la última edición del Martirologio ha sido incluido en el catálogo.
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