Inicio Foros Formación cofrade Santoral 24/05/2015 Santa Juana de Cusa, discípula del Señor..

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    Nuestra Señora de la Estrada; Nuestra Señora Auxilio de los cristianos. Santos: Vicente de Lerin, presbítero; Susana, Marciana, Afra, Paladia, Donaciano, Rogaciano, Robustiano, Zoilo, Servilio, Félix, Silvano, Diocles, Melecio, Vicente, mártires; Patricio, obispo; Amalia, virgen; Manahén, profeta; Simeón, estilita, el Joven y Marta, su madre; Ester y Mardoqueo (A.T.); Juana, mujer de Cusa, discípula del Señor.

    Santa Juana de Cusa, discípula del Señor.

    Sólo se la cita una vez a Juana en los evangelios, y de pasada, poco se sabe de ella, pero la mención con nombre propio indica que era muy conocida entre los primeros discípulos de Jesús. Citar su matrimonio -mujer de Cusa, administrador de Herodes- permite pensar en una buena condición social, aunque fuese un ambiente nada favorecedor para vivir cara a Dios, y menos aún para seguir de cerca a Jesús. Nosotros podemos ver en ella un ejemplo de una mujer fiel con un marido difícil

    Los evangelios la colocan en un contexto muy ilustrativo, Jesús recorría ciudades y aldeas predicando y anunciando la buena nueva del Reino de Dios; le acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y de enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, administrador de Herodes; y Susana, y otras muchas que le asistían con sus bienes.

    Sólo tres de aquellas mujeres son citadas por su nombre, y ello debió ser porque su presencia llamaba la atención de todos. La fidelidad de Juana al Maestro es grande pues también estará presente entre las que van al sepulcro vacío y reciben la noticia de la Resurrección de Jesús: Y al regresar del sepulcro anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María Magdalena, Juana y María la de Santiago; también las otras que estaban con ellas contaban estas cosas a los Apóstoles. Es muy probable pensar que estaba al pie de la cruz o en la Vía Dolorosa, aunque no se la cite allí por su nombre.

    Algo característico que diferencia a Juana de las demás es ser esposa de Cusa, hombre importante en la vida social -administrador de Herodes- y discutido en lo religioso por ese mismo trabajo. La toma de postura política de Cusa le facilitaba materialmente la vida, pero se la complicaba en relación con los judíos practicantes.

    Para entender esto conviene saber un poco quienes eran los herodianos. Los herodianos eran los seguidores de Herodes, tanto de Herodes el grande fundador de la dinastía, como de Herodes Antipas que en aquellos momentos era el tetrarca de Galilea. Herodes no era propiamente judío sino semi-judío o idumeo, hijo de una mujer árabe y de un idumeo. Los idumeos habían sido incorporados al pueblo y la religión judías un siglo antes a la fuerza, vivían en el sur de Judea y eran levantiscos. Herodes no era de sangre real, pero era muy rico, se ganó la confianza de los romanos que le hicieron rey de aquellas tierras. Hoy diríamos que su postura era pragmática. Colaboraba con los romanos y no se entrometía en las cuestiones religiosas de los judíos, aunque las conociese bien; es más, acabó la construcción del Templo con gran suntuosidad y magnificencia, con lo que evitaba algo la enemistad que le tenían los judíos. Era cruel y sanguinario.

    Su hijo Herodes Antipas era un digno hijo de su padre, aunque con menos influencia y poderío, añadía a la crueldad de su padre la lujuria, especialmente la que le llevó a unirse con Herodías, mujer de su hermano. Este era el ambiente de los herodianos entre los que se contaba Cusa. Juana también participaba en este ambiente como esposa del administrador de Herodes. Tenía que convivir con personas de malas costumbres, como se ve en el banquete en el que Herodes decide asesinar a Juan el Bautista. Negocios poco claros, impureza, crueldad, bebida excesiva y vida sensual era la característica de aquel ambiente. Cusa era el administrador de los bienes de un hombre inmoral como Herodes. ¡Difícil papeleta para la conciencia de cualquiera!

    Podemos imaginar a Cusa como una nadador entre dos aguas. Es frecuente decir que un hombre depende en gran manera de la calidad de su mujer. Cusa tendría en su mujer un complemento a su vida cortesana con Herodes, su mujer era una buena judía practicante. El hecho de que ella se hiciese seguidora del nazareno le sorprendería, pero, aunque no entendiese demasiado lo que hacía su mujer, no parece que le pusiese especiales dificultades, pues la veía buena y se fiaba de ella. No era como algunas de las que se encontraban en la corte de Herodes, especialmente Herodías, ¡Gracias a Dios Juana era una buena esposa, pensaría Cusa al ver aquellas mujeres que pululaban por la corte de Herodes y Herodías!.

    La fe de Juana puede ayudar a reflexionar sobre cómo una mujer creyente debe tratar a su marido. La realidad de la vida es muy rica y se dan todo tipo de casos. En algunos matrimonios la coincidencia es total en todo, incluso en lo religioso; en otros se da a medias, en algunos se dan diferencias grandes, también en lo religioso. Nosotros no vamos a considerar como superar todas las diferencias, pero sí como una mujer cristiana debe actuar ante un marido difícil.

    Como buena judía la habrían educado en el espíritu de la mujer fuerte, modelo de mujer descrito por el libro de los Proverbios, en esa mujer confía su marido, trabaja, vela por el alimento y el vestido de todos conocido es su marido cuando se sienta entre los ancianos del país(…) se reviste de fortaleza y de dignidad, es decir, está llena de virtudes que son lo permanente, pues engañosa es la gracia y vana la belleza, la mujer que teme a Dios, ésa es de alabar. La revelación reforzaba la idea común y natural de que la mujer es el eje de la familia.

    San Pablo, como buen intelectual, precisa el comportamiento en un matrimonio en que uno de los dos no es creyente diciendo: si un hermano tiene una mujer no creyente, y ella consiente en vivir con él, no la despida. Y si una mujer tiene marido no creyente y éste consiente en vivir con ella, no la despida. Pues el marido no creyente se santifica por la mujer, y la mujer no creyente se santifica por el hermano. De no ser así vuestros hijos serían impuros, mientras que ahora son santos. La fe de uno puede servir para la edificación del otro, y también de los hijos.

    San Pedro -que estaba casado- es más preciso en estos consejos: las mujeres sean sumisas a sus maridos, para que si algunos no creen en la palabra, sean ganados sin palabras por la conducta de la mujer, al considerar su casto y respetuoso comportamiento, el adorno de ellas no sea externo, hecho de peinados, joyas y modos de vestir. Estas jugosas palabras del primer vicario de Cristo merecen un comentario detenido.

    Todo matrimonio comienza con una armonía no pequeña entre hombre y mujer, ambos se quieren hasta el punto de dejar a su padre y a su madre, se comprometen a ser fieles uno al otro, a tener hijos y fundar una familia. Es tan fuerte esta unión que se compara con la unión de Cristo con su Iglesia, y San Pablo la llama misterio grande.

    Juana debió llevar bien estos detalles con su marido. Es muy posible pensar que contribuyó de manera decisiva a que su esposo no se corrompiese en el ambiente de la corte de Herodes. Juana es un buen modelo de la mujer cristiana casada, también en nuestros días.

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