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26 noviembre, 2014 a las 13:24 #9018
Anónimo
InactivoSantos: Silvestre, abad y fundador; Siricio, papa; Belino, Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio, obispos y mártires; Leonardo de Puerto Mauricio, Magnancia, Máxima, Básolo, Justo, Gregorio, Basle, confesores; Marcelo, Nicandro, mártires; Amador, Conrado, Sebaldo, obispos; Fausto, presbítero; Gaudencio, patriarca; Pedro, patriarca y mártir; Martino, Nicón, monjes; Delfina, virgen; Alipio, estilita; Estiliano, anacoreta; Juan Berchmans, confesor.San Siricio, Papa XXXVIII.Papa nº 38 de la Iglesia Católica entre 384 y su muerte, en 399.
Al morir el papa Dámaso I en diciembre de 384, Jerónimo de Estridón era un fuerte candidato para sucederlo. Había tratado asiduamente a Dámaso y trabajado bajo su influjo en Roma. Sin embargo, su fuerte carácter y las tensiones que se habían suscitado entre el clero de Roma y él, hicieron que no tuviera la aceptación necesaria.
Fue elegido por aclamación Siricio en su lugar, quien comenzó su pontificado en 384.
Nació en el año 334 en Roma.
Poco se sabe de su vida; aunque sí, que fue diácono con los papas Liberio y Dámaso, de los que fue su inmediato sucesor.
Gozó de la estima y de la simpatía del emperador Valentiniano II.
Disgustado por esta elección, Jerónimo abandonó Roma definitivamente en agosto de 385 y regresó a Oriente, estableciéndose en Belén
Siricio es el primer papa en utilizar su autoridad en sus decretos utilizando palabras como: «Mandamos», «Decretamos», «Por nuestra autoridad…» en el estilo retórico típico del emperador.
También fue el primero en usar el título de Papa. La palabra «Papa» proviene del latín papas y ésta del griego πάππας (páppas), «papá», usado en oriente como signo de respeto con obispos y presbíteros y en occidente desde el siglo III específicamente a los obispos. Papa
Petri Apostoli Potestatem Accipiens; y también Pedro, primer encargado de la iglesia, Apóstol, que significa «enviado», Pontífice «constructor de puentes» entre el ser humano y Dios y Augusto «consagrado». Siguió la línea rigurosa y «monárquica» de Dámaso, reafirmando la supremacía del obispo de Roma y reivindicando para éste las decisiones más importantes en tema de disciplina y de derecho eclesiástico. Sus escritos tienen la fuerza decretalia (decretos) a la manera imperial, donde una afirmación no tiene fundamento en una base de derecho, sino que tiene su justificación en sí misma. Siricio no exhorta y no amonesta como lo hicieran sus antecesores, sino que manda y prohíbe.
Celebró en Roma un sínodo, en el que se afirmó la superioridad de la Iglesia de Roma sobre todas las demás. Decretó el celibato a los sacerdotes y a los diáconos. Incluso el mismo, al ser elegido Papa abandonó su vida marital, pues estaba casado y decreta que los sacerdotes ya no pueden dormir con sus esposas. Según Siricio e Inocencio, los sacerdotes del Antiguo Testamento guardaban continencia durante su servicio en el templo, ya que vivían entonces separados de sus esposas; volvían después a sus casas y se unían a sus mujeres con el único fin de tener una descendencia, considerada como necesaria, puesto que el sacerdocio era hereditario, limitado a la tribu de Leví y a la posteridad de Aarón.
También dispuso que sólo los obispos podían ordenar a los sacerdotes y que también los monjes podían ser obispos.
En el mes de noviembre del año 385 escribió una carta a Himerio, obispo de Tarraco (actual Tarragona, España) en la que expresaba claramente su intención de cuidar de todas las iglesias y de unir en conciencia a todos los fieles. Su pontificado, marcado por un periodo de paz
Consagró la primera basílica de San Pablo Extramuros. Su nombre aún puede verse en una de las columnas de esta basílica que no fue dañada durante el incendio de 1823 que casi la destruyó totalmente.
Es datable en aquellos años la conversión de San Agustín. Fue hombre enérgico, capaz de hacerse respetar por todos y en cualquier circunstancia. El emperador Teodosio, por ejemplo, era culpable de un grave delito: había destruido la ciudad de Tesalónica, que se le había rebelado, matando a más de 7.000 personas. Arrepentido, pidió que fuera readmitido en el seno de la Iglesia, El papa Siricio le otorgó el perdón, pero pretendió una pública enmienda y humillación.
Otro ejemplo de su severidad y potestad: condenó por hereje y expulsó de la Iglesia al monje Joviniano que, tras una vida de ayunos y mortificaciones, llegó a teorizar la completa igualdad entre pureza y pecado carnal. Un cristiano, decía, una vez que haya «asimilado profundamente el sentido del bautismo» ya no puede pecar.
Prohíbe que se bauticen nuevamente a quienes ya lo hayan sido, haciendo referencia al Símbolo Niceno-Constantinopolitano. También decretó sobre las ordenaciones de los monjes y sobre la virginidad perpetua de la Santísima Virgen María, y dos años antes de su muerte se celebró el III concilio de Cartago, en el que se establece las Escrituras que han de considerarse como divina y en donde se decretaron todos los temas citados anteriormente.
Nada queda de la carta de Epifanio a Siricio, donde denunciaba como hereje a Juan de Jerusalén, ni su contestación o medidas tomadas.
Murió el 26 de noviembre de 399 y está enterrado en la catacumba de Priscila, en la iglesia de S. Práxedes de Roma.
Fue su sucesor Anastasio I
No fue hasta el siglo XVIII que su nombre fue incluido en la lista de los santos por el papa Benedicto XIV.
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