Santos: Mónica, Margarita, viudas; Antusa, Carpóforo, mártires; Marcelino, Manea, su mujer e hijos: Juan, Serapión, y Pedro, mártires; Cesáreo, Licerio, Siagrio, Rufo, Narno, Juan, obispos; Hugo, Sabas, Alejandro, mártires; Eulalia, virgen y mártir; Pemón, anacoreta.
San Licerio de Couserans, obispo.
Era oriundo de Hispania y nació en el Pirineo leridano, trasladándose desde muy joven a Francia.
Con sus oraciones, libró a la ciudad de ser destruida por los visigodos.
Fue discípulo de San Fausto de Riez; en el 506 fue elegido obispo de Couserans (Ariège), no lejos de Auch y que luego se llamó Saint Lizier.
En 506 participó en el Concilio de Agde, presidido por Cesario de Arles.
Murió en el año 548.
Fue un santo y prudente padre espiritual, que liberó a su pueblo de las calamidades de unos tiempos revueltos, entre otras cosas libró a la ciudad de ser destruida por los visigodos.
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